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8- 9 40 LOS VERANOS DE Playa de Puerto Viejo, en la costa Caribe del país imaginé a dos dinosaurios vegetales devorándose mutuamente. Un árbol papeándose a otro árbol de los cojones. Seguro que para impedir un canibalismo así el ayuntamiento de Sevilla ha preferido talar todos los árboles del centro: para que las jacarandas, los magnolios y las plataneras no se merendaran entre ellos. Si Punta Islita ya era la leche, Tabacón Resort Spa era la vaca. Las instalaciones, los bungalones, las cascadas, los caminitos que se perdían entre la vegetación, todo. Todo era la repapanocha. No puedo explicarlo con palabras: era como un jardín japonés pero sin japoneses; era como La casita de la pradera pero en la selva de los cojones; era como entrar en el Cielo pero pagando, coño. De pronto, de un bungalón salió Tsunami casualmente de grana y oro: ¡Cleopatra Clemencia, shosho! Ya le decía al Bobby que no venías ¿Cómo que el Tsunami era tronco de Cleopatra Clemencia? El número no me gustó ni mijita, la cosa olía malamente y me daba mal bajío no saber cómo se llamaba la película, pero puse cara de ministro y entré al bungalón para seguirles el mamoneo. Mi instinto de Larry se arrancó a funcionar después de tantos días de estar mirando a Gelves y comencé a hilar fino: el Bobby One de los cojones era un chufla que tal vez no era ni mánager ni ná, el Tsunami de Sanlúcar era un matao que jamás sería una figura del baile y ninguno de los dos parecía tener suficiente pasta como para pagarse los homenajes en Puncogen de los escenarios. Entonces decidí encarar a Cleopatra Clemencia y con todo el rebote que tenía en lo alto le exigí que me dijera por qué me había alejado de San José, por qué me había seducido a lo bestia y por qué me había traído con engaños hasta la frontera con Nicaragua, si en realidad estaba conchabada con Tsunami de Sanlúcar Seguro que la estaba haciendo sentir malamente porque la Cleopatra Clemencia se puso descompuesta: las cejas se le encresparon, los hombros se le alfombraron de pelos, la boca se le llenó de otros dientes y sus pies marcaron un 44 como poco. Cleopatra Clemencia ya era mona, pero se estaba poniendo más. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¡Cleopatra Clemencia era la Mona- Mujer! No sabía si llamar a los Geos o a Milenio Tres. En una fracción de segundo recordé toda mi asignatura de artes marciales del módulo de detectives del INEM, pero como también me acordé que me catearon preferí reventarle en todo el morro un tapir de Lladró que decoraba el bungalón. Entonces corrí hacia la habitación de Tsunami y atranqué la puerta mientras rastrillaba mi Smith Wesson. Sobre la cama, Tsunami de Sanlúcar escribía su carta como si nada en un bloc de papel de café: Las balas no le hacen nada, tío. Ahora sí que te va a comer la churra de verdad. ¡Qué Los golpes de la Mona- Mujer destrozarían la puerta en menos de tres minutos y nadie en el balneario Tabacón podía enterarse INTCR NICARAGUA MAR CARIBE Libería Costa Rica Puerto Alajuela Limón Limón Puntarenas San Cartago Golfo José Playa de Puerto de Viejo Nicoya OCEANO PACIFICO Golfo Dulce ta Islita y el balneario de Tabacón (todo el bungalón estaba lleno de camisetas horteras y de los típicos souvenirs de madera de cocobolo) así que sólo Cleopatra Clemencia podía haber montado todo aquel tinglado. ¿Pero para qué? -El señor ha venido desde España para que le escribas una carta de despedida al gordo ése que tú tenías en Sevilla- le dijo Cleopatra Clemencia al Tsunami más ronca que nunca. -Qué disha, shoshete; pero necesito una mijita de intimidad para escribirla- -respondió Tsunami y se fue caminando hacia su cuarto con la misma lentitud pensativa con que los bailaores se re- Yo soy enemigo de llevar mujeres desconocidas a las islas desiertas, porque las tías que más me gustan son las que ya conozco de nada porque el Volcán Arenal escupía en ese momento sus celebrados salivazos de lava. La Mona- Mujer sólo mata hombres heterosexuales me había dicho Cleopatra Clemencia. Contemplé las hechuras de Tsunami de Sanlúcar lo vi de grana y oro espatarrado sobre la cama, y entonces me lo imaginé bailando por farruca. Cuando la puerta voló en mil pedazos era imposible saber quién gritaba más: si la Mona- Mujer, Tsunami de Sanlúcar o yo. -Prepárate para morir- -rugió la monstruo. -Va a ser que no, porque ahora yo también soy gay. ¡Eso es imposible porque tú no has nacido gay! -volvió a rugir. -Pero en España sí es posible porque allá es una opción sexual. ¡Y si le tocas un pelo a mi churri te saco los ojos, bruja! -terció Tsunami de Sanlúcar La Mona- Mujer salió aullando por la ventana y el Bobby One se fue por piernas por la puerta. Con los cheques de viajero que me quedaban abrimos un chiringuito para surfistas y mochileros en la playa de Mal País. Meses más tarde, el apoderado taurino envió a otro Larry en nuestra búsqueda y después de un ataque de cuernos terminó mandándonos más pasta, pero con la condición de que le ficháramos al Bobby One de los cojones. Para qué, yo ya me siento feliz aquí en Costa Rica, aunque a veces me acuerdo de la gachí del Louisiana de La Buhaira y se me caen dos lagrimones. PANAMA