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10 LUNES 28 8 2006 ABC Nacional Maragall prepara una Diada ultranacionalista en pleno lanzamiento electoral de Montilla Las contradicciones de los dos sectores del PSC se acentúan a dos meses de las autonómicas de CiU, Artur Mas, aplaude el giro reivindicativo imprimido a las celebraciones del Onze de Setembre y anuncia que les dará continuidad si gana los comicios Á. MARÍN À. GUBERN BARCELONA. El próximo 11 de septiembre, Diada de Cataluña, será el punto de arrancada de la precampaña electoral antes de las autonómicas, anunciadas para el día de Todos los Santos. Tradicionalmente, la Diada señala el inicio del curso político en Cataluña, que en esta ocasión viene marcado por la despedida de Pasqual Maragall y la irrupción en el escenario de José Montilla, dos estilos contrapuestos que se darán el relevo en el parque de la Ciutadella. Allí, justo al lado del Parlamento autonómico, es donde desde hace dos años se celebran los actos institucionales de una festividad cuyo tono y carga reivindicativa sirve de termómetro para conocer el momento político en Cataluña. El ministro de Industria, que podría apurar su permanencia en el Gobierno para tener en los actos de la Diada una posición preeminente, tendrá ocasión de encontrarse con el que será su principal contrincante en las urnas, el líder de CiU, Artur Mas, reforzado después de la caótica experiencia del tripartito y que sale, al menos en las encuestas publicadas hasta ahora, como virtual favorito. Eso no se conocerá hasta el 1 de noviembre. Hasta entonces, y mientras Maragall no disuelva la Cámara- -lo hará probablemente el día 4 de septiembre, aunque todavía tendría un margen de 20 días para hacerlo, según dispone el nuevo Estatuto- el acuario político catalán vive una especie de tiempo muerto en el que, no obstante, ya se aprecian las líneas estratégicas que van a seguir los distintos partidos. Es el caso de un PSC bipolar con un Maragall que ya cuenta las horas y enseña su perfil más nacionalista- -la última ha sido pedir para su partido grupo parlamentario propio- y un Montilla- -la encarnación del hombre normal -que hace apología del pragmatismo. Son los dos estilos de un PSC que en verano se hacen aún más reconocibles. Uno veranea en el Ampurb El líder dán, el otro regresa a su Andalucía de origen. Ambos estilos tendrán ocasión de ser contrastados durante la próxima Diada, que Maragall ha diseñado cargada de elementos reivindicativos. Después de años acusándolo de haber descafeinado la celebración, el líder de CiU, Artur Mas, está ahora encantado con los actos institucionales previstos, los últimos que presidirá Maragall como presidente de la Generalitat. El mandatario catalán ha optado por recuperar el tono más revindicativo del catalanismo progresista el que le emparenta con el nacionalismo conservador para conmemorar el Onze de Setembre Tras conocer el diseño de la fiesta institucional, el candidato convergente a la presidencia de la Generalitat mostró su apoyo más entusiasta a todo lo que sea levantar el tono de reivindicación nacional de Cataluña y llamó a la militancia de CiU a secundar este año, con una presencia Montilla y Maragall, el pasado jueves en el Ampurdán (Gerona) masiva, el acto central de la Diada. Mas subrayó que, si es el próximo presidente de la Generalitat, conservará el acto del Parque de la Ciutadella, diseñado por Pasqual Maragall. Mientras se respete la ofrenda floral al monumento a Rafel Casanova- -donde los políticos no nacionalistas son habitualmente abucheados, en el mejor de los casos- impulsaremos cualquier otro acto que sea un complemento de calidad y reivindicación nacional apuntó el líder nacionalista. Su máximo rival en las urnas, el candidato del PSC, José Montilla, mantiene, de momento, un prudente silencio sobre el programa de actos elaborado por el Gobierno y la Cámara autonómica para conmemorar la Diada, aunque el ministro de Industria ya ha anunciado que, si gobierna en Cataluña, aparcará las reivindicaciones identitarias en beneficio de las políticas sociales. Algunos dirigentes socialistas, del círculo más íntimo de Montilla, no pueden ocultar su malestar por la última maragallada El aparato del PSC considera que es un feo y una contradicción política elevar el tono reivindicativo o independentista de la fiesta nacional de Cataluña un mes después de la entrada en vigor del nuevo Estatuto. Dirigentes del círculo de Montilla no pueden ocultar su malestar por la última maragallada en los actos de la Diada Son los dos estilos del PSC: uno veranea en el Ampurdán, el otro regresa a su Andalucía de origen La nación más grande del mundo Los dirigentes de ERC e ICV celebran el tono más nacionalista, mientras que el PP lo censura, más aún cuando se produce a menos de un mes y medio para la celebración de las elecciones. La ceremonia, en el paseo de los Tilos de la Ciutadella, está cargada de textos y gestos de profundo calado nacionalista- catalanista e, incluso, independentista. El discurso que Pau Casals pronunció el 24 de octubre de 1971 ante la ONU- -donde el famoso compositor proclamó que Cataluña ha sido la nación más grande del mundo -será ci- El experimento catalán y la carambola de Zapatero La figura política de Artur Mas ha ido creciendo en paralelo al declive del tripartito, el experimento con el que los partidos nacionalistas y de izquierda llegaban al poder en Cataluña y que no ha podido completar una sola legislautura. En su carrera hacia la Generalitat, CiU ha contado con un poderoso aliado, el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien resituó a la formación convergente en el tablero político al dar a Mas un papel estelar en la negociación del Estatuto. En una carambola se diría que peculiar, Zapatero compraba de una sola tacada años de tranquilidad. Por un lado, daba una estocada de muerte al díscolo Maragall, colocaba al más fiable Montilla, se desprendía del incómodo apoyo de ERC y se ganaba la alianza futura de CiU en las Cortes. Un anticipo de lo que está por venir. Mucho que ganar. El precio pagado, se teme desde algunos sectores del PSC, es allanar el camino para que CiU vuelva al poder. En este nuevo escenario, el papel de ERC puede volver a ser decisivo, más aún cuando el PP ha quedado, al menos de puertas afuera, proscrito como hipotético socio. Todo esto, sin embargo, puede cambiar, y la alianza con los populares sería para CiU tan peligrosa en campaña como inevitable después. Entre ERC y el PP, el pragmatismo, y también Unió, podrían decantar las balanza hacia la derecha.