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ABC LUNES 28 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA CHARLAS DEL VERANO MENGUANTE (1) S un felipista acérrimo- si Felipe aceptara presentarse a alcalde de Sevilla, las elecciones serían de trámite -y tuvo cargos de vara alta en el apogeo del gonzalismo. Luego se retiró, o lo retiraron, a los cuarteles de invierno de la vida privada, arrollado por un relevo generacional que le ha dejado ciertos e inevitables resquemores. Al menos, muchos de nosotros nos pudimos ir sin ruido porque teníamos carreras que ejercer; a ver cuántos de ahora pueden decir lo mismo La lejanía del poder lo ha envuelto en una pátina escéptica. ¿Que cómo veo las cosas? Pues con algo de perplejidad, para ser sincero. Y preocupado, claro. No me gusta lo que veo, esta atmósfera tan tensa, exaIGNACIO gerada, esta política como CAMACHO improvisada a tirones, y revestida de un cierto fundamentalismo adanista. Sí, sí, es ya un tópico, pero parece que algunos han inventado la política Me preocupan sobre todo dos cosas. Una, el futuro del Estado, la centrifugación que decía Felipe. Nosotros pactamos con los nacionalistas, es verdad, no se les puede dejar fuera, pero dentro de un modelo claro que ahora no se ve. Y si se ve es peor: da la sensación de que le han quitado el tapón al proyecto nacional, y se puede ir por el sumidero. Me fastidia estar de acuerdo con algunas cosas que dice Rajoy. Yo seré un antiguo, pero me hice socialista porque creía en una nación de ciudadanos, federal si es preciso, pero igualitaria, cohesionada. Y eso se está quebrando, se ha quebrado en Cataluña y no quiero ni pensar lo que puede ocurrir en el País Vasco. Donde, por cierto, ETA nos engañó a todos varias veces, pero por lo visto aquí hay alguien que cree que a él no lo pueden engañar. Ojalá. Aunque habrá que ver el precio, porque yo no olvido que hemos enterrado a compañeros y amigos Y luego me inquieta el tema éste de la memoria. Nosotros hicimos homenajes a los republicanos, les dedicamos calles, colegios, creamos centros de estudios, pero teníamos un límite: el de no provocar el enfrentamiento. Se trataba de rescatar del olvido a gente justa, honesta, demócrata, pero no íbamos contra nadie. Y ahora parece que eso es exactamente lo que se busca: dividir. Ya has visto este verano la guerra de esquelas: ¿cuándo había pasado algo así? Claro que está bien indemnizar a represaliados y buscar restos de desaparecidos, pero se puede hacer sin desenterrar demonios. Gobernar consiste en solucionar conflictos, no en provocarlos No creas que estoy resentido; siempre prefiero que gobiernen los míos, aunque se equivoquen. Y aunque no nos consulten ni nos escuchen a los que estuvimos antes; para qué, si sólo gobernamos trece años, jeje. Pero claro, saben lo que íbamos a decir. ¿Te imaginas dónde se iban a oír las risas si me pidieran opinión sobre la realidad nacional andaluza? Quizá sea mejor seguir calladito... ¿Que me estoy volviendo de derechas? Mira, soy socialista desde antes de que éstos aprendiesen a leer, si es que han aprendido todos... E PORNODERECHOS E N muchos artículos ya nos hemos referido al proceso sibilino, pero imparable, de destrucción del Derecho que irresponsablemente se está acometiendo en las sociedades avanzadas; y cuyas consecuencias, tarde o temprano, pagaremos con intereses de mora. El Derecho ha dejado de ser un instrumento que encauza las relaciones humanas a través de instituciones fundadas en la existencia de derechos y deberes recíprocos, para convertirse en una carcasa puramente formalista que las instancias de poder manipulan y tergiversan a su antojo, siempre so capa de la extensión de los derechos de los ciudadanos Así, se ha inculcado a la gente lega la creencia de que el Derecho no es sino un mero repertorio de derechos que entran en liza y que cada cual puede arrogarse. Siendo muy grave y pernicioso este entendimiento popular del Derecho, lo es aún más que quienes se encargan de aplicarlo JUAN lo hagan al dictado de mistificaciones MANUEL DE PRADA tan mentecatas y domingueras. Tengo por norma no despotricar en mis artículos contra las decisiones judiciales. En esta ocasión, sin embargo, quisiera proponer una reflexión sobre cierta sentencia evacuada por el Tribunal Supremo, por la que se declara improcedente el despido de un trabajador que, en horario laboral, descargaba vídeos pornográficos de internet, antes de proceder a su visionado. El asunto tiene su tufillo pintoresco, incluso friqui si me apuran; pero creo que, en su pintoresquismo, puede servirnos para columbrar los finisterres de aberración jurídica que pueden alcanzar ciertos jueces tentados por una concepción del Derecho como contenedor informe de derechos individuales. El Tribunal Supremo, según se nos informa, basó su rocambolesco dictamen en que la empresa que despidió al trabajador no le había prohibido específicamente utilizar su conexión a internet para satisfacer sus querencias pornógrafas; y en que, por lo tanto, el trabajador goza- ba de un ámbito privado inviolable. Naturalmente, esta sentencia tan turulata abreva de cierto clima cultural que pretende presentarnos como algo normal, cotidiano, incluso saludable, la conversión de la persona en una especie de perro de Paulov sometido constantemente a estímulos de naturaleza sexual, a quien se obliga a estar segregando de continuo flujos que no son precisamente salivales. Los medios de comunicación al servicio de la mentalidad dominante, que hallan especial deleite en mantener a la gente embrutecida, han contribuido a entronizar dicho clima. Pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre: y una persona que se dedica a consumir pornografía en su horario laboral no está haciendo uso de su derecho a la intimidad ni parecidas zarandajas, sino que se trata de una persona que sufre un trastorno. Así, como suena. Seguramente esa persona merezca asistencia y comprensión, pero no que su enfermedad se refugie en la trinchera de no sé qué absurdo derecho. Entiéndase que no estoy introduciendo ninguna consideración moral sobre el consumo de pornografía; tampoco me atrevo a juzgar al señor que disfruta en su soledad lanzando sonoros regüeldos o que gusta de pringarlo todo con aceite mientras come. Pero si un agente de seguros amenizara a sus clientes con un concierto de eructos o un inspector de Hacienda usara las declaraciones de la renta sometidas a su escrutinio como servilleta mientras engulle un bocadillo de bonito, me parece que habría razones sobradas para imponerles una sanción, aunque en sus contratos no figure ninguna prohibición específica de enguarrar impresos o atufar a la clientela. Que un señor consuma pornografía en su casa quizá sea una forma- -más o menos triste, más o menos inocua- -de consolarse; que no tenga control sobre sus apetitos y la consuma en horario laboral se me antoja un síntoma de trastorno. Pero el Tribunal Supremo acaba de amparar un capricho morboso bajo la coraza del derecho a la intimidad También en estas pequeñeces pintorescas se demuestra la paulatina destrucción del Derecho.