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D 7 27 8 06 18 D 7 LOS DOMINGOS DE El autor destaca el fenómeno del viaje, accesible a casi todo el mundo en estos tiempos, no sólo como una experiencia lúdica, sino también como ejercicio de realización espiritual de uno mismo y de aprendizaje de los métodos de nuestra sociedad occidental. Compara, asimismo, los males de una sociedad perdida en lo fundamental con los valores de Oriente, eterna fascinación de Occidente ENRIQUE ROJAS PSIQUIATRA El viajar te hace discreto e andado unos días fuera de España por esos mundos de Dios. Decía Cervantes en el Persiles: el viajar te hace discreto Cuando uno sale de su país y se aleja cuatro, ocho o doce horas en avión, relativiza mucho las cosas y los hechos nacionales, y también se diluye la importancia de los temas personales. Viajar es abrir la mente y dejarse empapar de otros ambientes y culturas. Abrir los ojos y detenerse en los muchos matices de la vida humana. Hoy los tiempos han cambiado radicalmente. Cuando yo tenía 10 o 12 años, mis padres no viajaban ni la tercera parte de lo que yo viajo en la actualidad. Voy a Buenos Aires o Nueva York con gran facilidad y aprovecho los días y voy a tiro hecho a tal librería o museo o a comer con algún amigo del lugar. Viajar es sumergirse en un mundo nuevo (aunque sea conocido) diverso, sugerente, que cambia por unos días nuestras notas básicas de vida y nos ayuda a respirar mejor la atmósfera habitual. Es una forma excelente de desconectar, aunque sea por trabajo. Pero vuelvo a la frase que da título a este artículo. Te vuelves discreto porque vas ampliando tus conocimientos, expandiendo tus perspectivas y el horizonte que se abre delante te hace comprender mejor el mundo en el que vives. Las valoraciones de muchos temas adquieren una nueva proporción. Hoy quiero referirme a China: se ha puesto de moda y se habla y no se acaba de lo que allí está ocurriendo. Yo tenía una imagen de China recortada y escasa. Después de haber visitado sus tres principales ciudades: Beijing, Sahngai y Hong Kong, y haber leído bastante sobre el resto y el centro del país, tengo unas opiniones muy distintas y entiendo mejor que China sea en este momento, el cuarto país del mundo en importancia económica. Como civilización atesora elementos de una gran riqueza y sabiduría. Occidente sigue fascinado con Oriente, pero no al revés. Cada una representa un esquema bastante bien diferenciado. El mundo oriental inventó la introspección y el yoga. Por el contrario, el mundo occidental es extrovertido, su filoso- H Los valores orientales son distintos a los nuestros fía se basa en la lógica y los argumentos de la razón práctica, busca la actividad y tiene pasión por la información. Son dos universos bastante contrapuestos. Occidente está bastante al final de su viaje, sin capacidad para entusiasmar a un mundo cansado y que ha hecho del relativismo su principal idea directriz. Oriente y Occidente representan hoy en día, más que nunca, dos actitudes ante la vida. La primera busca mundos y paisajes de armonía, equilibrio y contacto con la naturaleza. La segunda se mueve en la opulencia de la tecnología, llena de consumismo, de neurosis y vacío espiritual. De ahí, como he apuntado antes, que Oriente no mire a Occidente buscando parecerse a ella. Crecimiento como personas (Oriente) frente a progreso en la ciencia (Occidente) una busca la verdad, la otra aspi- AP el mundo OCCIDENTAL Quiero estar informado y saber lo que está pasando en el mundo y en mi cercanía. Pero quiero sobre todo formación: criterios firmes y claros, saber a qué atenerme en un mundo de cambios vertiginosos, aferrarme a lo nuevo y progresista y ser capaz de retener lo que no pasa con el tiempo y tiene sabor de permanencia ra a la certeza. Pero las cosas tienen muchos matices y creo que la mejor fórmula para salir del atolladero en donde estamos inmersos- -hablo de nuestra Europa más cercana- -es ser capaces de mezclar lo bueno de una y de otra. Yo recuerdo que desde hace ya varias décadas, son muchos los europeos que van al Tíbet persiguiendo estilos de vida más sutiles, espirituales y que ayuden a tener una filosofía de vida más sólida y creativa. Si toda filosofía es meditación sobre la vida, la Occidental no da más de sí, agotada de mirarse al ombligo y en un hedonismo bañado de permisividad. Cuando yo explicaba en China que en el mundo occidental los psiquiatras nos hemos convertido en los médicos de cabecera, no lo podían creer. ¿Por qué sucede eso? Les respondí: hay mucha gente perdida en lo fundamental, que no hace pie y está a la deriva, sin rumbo, traída y llevada y tiranizada por la moda y los vientos del momento... y el consumismo atroz. Lo que no sale en la televisión, no existe. La tele es capaz de fabricar un personaje a base de que aparezca una y otra vez en la pantalla en horas de máxima audiencia. De ahí procede la diferencia entre fama y prestigio. Quiero estar informado y saber lo que está pasando en el mundo y en mi cercanía. Pero quiero sobre todo formación: criterios firmes y claros, saber a qué atenerme en un mundo de cambios vertiginosos, aferrarme a lo nuevo y progresista y ser capaz de retener lo que no pasa con el tiempo y tiene sabor de permanencia. Ha despertado el dragón chino de su sueño de aislamiento semicomunista, con Tianamen como telón de fondo. Occidente busca su identidad intentando desperezarse de su tetralogía esencial: hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo. Su filosofía descansa en el juicio de la inteligencia para acomodarse a la realidad: busca la felicidad sumando, acumulando cosas. Viajar es descubrir rutas, ir encontrando el mejor itinerario personal. Los maestros en el arte de vivir persiguen un ideal: alma de niño y mente de sabio.