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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE querían demostrarle que España es el País del Orgullo Gay. -Qué dicha, señorita- -le respondí rezándole a San Judas para que no fuera Drag Queen En menos de una hora Cleopatra Clemencia me había contado su vida y hasta me pareció que coqueteaba con refinado descaro. Así, tres matrimonios a la deriva la habían convencido de que la compañía masculina era deprimente y que los únicos hombres sensibles, leales y sentimentales que había conocido eran homosexuales. Por eso se convirtió en empresaria especializada en el mundo gay Son los mejores clientes del universo. No se privan de nada y todo se lo gastan en ellos decía) y en una escéptica del amor. ¿Y qué hace un tipo como tú en un lugar como este? -quiso saber. -Busco a un gachó más conocido como Tsunami de Sanlúcar -Lo siento, los brutos de la lucha libre nunca vienen por aquí. Cuando le expliqué que el chaval era bailaor flamenco me contó que Tsunami -en efecto- -había sido un fijo del Club OH! hasta que conoció a Bobby One famoso mánager tico que sólo contrataba a grandes artistas como Cheyenne, Maná, Shakira, Los Tigres del Norte y Marc Anthony. Tsunami de Sanlúcar era medio cateto y seguro que también soñaba con arrasar Miami como cualquier otro huracán. ¿Por dónde coño tendría que buscarlo ahora? ¿Qué cojones hacía en Costa Rica entonces? Menos mal que Cleopatra Clemencia salió al quite oportuna: Chico, ya que estás aquí, vamos a entrarle al vacilón Cleopatra Clemencia me explicó que en Costa Rica los hombres de nuestra edad se iban a los bares de la calle de la Amargura para ligar con niñatas de veintitantos, mientras que las chicas como ella, de cuarentipico, preferían dejarse querer o tomarse una copa en lugares más elegantes y románticos como el Tokú o el Jazz Café. Son los típicos sitios para ligar con rocas me susurró enronqueciendo todavía más su voz. ¿Quiénes son las rocas? -pregunté. -Las mujeres como yo: solas, inteligentes y sin compromiso. -Qué dicha, Cleopatra Clemencia. En realidad, cuando uno pasa de los cuarenta, ligar se convierte en un problema porque uno ya está en la edad de pillar y matar, o de ser pillado para dejarse matar. ¿Por qué allá en Sevilla no habría lugares como ese Tokú, ese Jazz Café o ese Jaulares, donde todo el mundo sabe que ha ido para lo que ha ido? Qué maravilla, aquí en Costa Rica las mujeres de mi Chuleta Tica 2 Calle de la Amargura: Zona de movida nocturna y juvenil en San Pedro, muy cerca de la Universidad de Costa Rica. Roca: Carroza. Nombre genérico que sirve para definir a los hombres y mujeres que ya no están en edad de divertirse en la Calle de la Amargura. Jazz Café, Tokú y Jaulares: Bares de rocas ideales para ligar, previo peaje de una conversación inteligente. Jazz Café queda en San Pedro, Tokú en Escazú y Jaulares al pie del volcán Poás. La música es excelente. Restaurantes: Para todos los gustos y bolsillos. Los Anonos de Escazú (caro) La Cava del Club Unión (sólo para socios) OmánKayán en la Calle de la Amargura (bohemio) y Añoranzas de Heredia (familiar campestre) Hotel Alta: Lujoso y elegante hotel a menos de diez minutos del aeropuerto, a quince de Escazú y a veinte de San José. Su web es www. thealtahotel. com. Hotel Punta Islita: Paradisíaco hotel de la provincia de Guanacaste, construido en la cima de una montaña. Su web es www. hotelpuntaislita. com. Guanacaste: Arbol nacional de Costa Rica. hora nos dieron el soplo que esperábamos: Bobby One había alquilado la Honey Moon Suite del hotel Punta Islita, donde llevaba más de una semana encerrado con Tsunami de Sanlúcar Recordé los lagrimones del apoderado y me imaginé a su churri bailando por farruca de grana y oro. Punta Islita estaba en la cima de una montaña en la costa del Pacífico, a poco más de media hora de vuelo de San José. Según Cleopatra Clemencia, Punta Islita era uno de los hoteles más bellos del país y el lugar ideal para desaparecer con alguien especial. O sea, para ponerse morado, pensé. -Lo único que me preocupa es que está cerca de la selva- -rezongó. ¿Musho mosquito? -pregunté. -No, es que es el territorio de la Mona- Mujer. Entonces acaricié el cañón de mi Smith Wesson y me arrepentí de no haber traído la munición apropiada: balas con mercurio para que el herido muera envenenado si no palma del balazo. ¿Y si fundía la medalla de mi cofradía para fabricar una bala de plata? ¿Tú crees que la Mona- Mujer se cargue a Tsunami -quise saber. -La Mona- Mujer sólo mata hombres heterosexuales, querido. Camino del aeropuerto comprobé desolado que la medalla de mi hermandad sólo podía alcanzarme para un perdigón. El Mar Caribe y el Océano Pacífico bañan las costas del país tico edad ni parecían de mi edad, ni necesitaban ver Sexo en Nueva York para saber de qué iba la película. Aquella noche cenamos en Los Anonos y nos morreamos durante varias canciones de Cat Stevens, Peter Frampton y James Taylor, antes de acabar espatarrados en mi habitación del Hotel Real Intercontinental. ¿Para que voy a liarme con una niñata de veinte años si mis contemporáneas están como un cañón? Además me da pereza ponerme pendiente, hacerme coleta y dejar que los pantalones se me chorreen por el culo para parecer más jovencito. -Cleopatra Clemencia, te voy a poner mirando a Gelves. -Qué dicha, pero te informo que hacia allá queda Guanacaste. Tengo que reconocer que durante los días siguientes me desentendí de la búsqueda de Tsunami de Sanlúcar porque Cleopatra Clemencia me atendía como si yo fuera el mismísimo míster Marshall. Una noche me llevó a cenar a la cava del Club Unión, otro día comimos en el Omán- Kayán y un fin de semana que fuimos al Añoranzas de Heredia terminamos en el alucinante Hotel Alta en el Alto INTCR Entonces acaricié el cañón de mi Smith Wesson y me arrepentí de no haber traído la munición apropiada: balas con mercurio para que el herido muera envenenado de las Palomas, un lugar de ensueño construido alrededor de un guanacaste asombroso y mitológico. Todo habría sido perfecto si el apoderado taurino no me hubiera llamado de madrugada mientras aplicaba una intrapiernosa: ¡Coño, Larry que no te se olvide que tienes que encontrar a mi churri, haz favor! -Lo siento, pero su churri se ha largado con Bobby One ¿Con Obi- Wan Kenobi? ¿El actor? ¿Mi churri es el nuevo pádawan de Obi- Wan Kenobi? -No, con Bobby One un mánager de la farándula. Nunca me ha gustado que me lloren ni en el hombro ni el móvil, pero a un cliente siempre hay que darle la razón, aunque sea un apoderado taurino con el corazón partío por culpa de un bailaor flamenco. Mi cliente quería una carta de despedida de Tsunami de Sanlúcar y yo estaba dispuesto a quedarme en Costa Rica el tiempo que hiciera falta para que la escribiera. Cuando colgué, Cleopatra Clemencia- -que en el fondo era una romántica de los cojones- -me dijo que teníamos que encontrar al luchador flamenco de mi cliente: Ahorita mismo llamo a la discoteca para que me digan dónde pueden estar Bobby One y el maremoto ése El radio- macuto- gay resultó más eficaz que un escuadrón de la CIA, porque en menos de media