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27 8 06 RELATOS VIAJEROS El Parque Nacional de Tortuguero es uno de los lugares emblemáticos del país costarricense INTCR Costa Rica (II) El beso de la Mona- Mujer El autor propone en este relato de ficción una aventura esotérico- policial en escenarios reales del paraíso turístico de Costa Rica TEXTO: FERNANDO IWASAKI NICARAGUA MAR CARIBE Libería Costa Rica Puerto Alajuela Limón Limón Puntarenas San Cartago Golfo José Playa de Puerto de Viejo Nicoya OCEANO PACIFICO Golfo Dulce penas entré en Club OH! sentí los agudos alfileres de docenas de miradas. ¿Me mirarían por ser el único heterosexual de la discoteca gay o más bien por estar buenorro? Esa duda me inquietaba. En realidad, mi intención era pasar desapercibido, pero me cargué la estrategia en cuanto pedí una copa en la barra Cusha, quillo. Ponme un casho cubata en lo arto porque el camarero encendió un micrófono y su voz tronó por todos los altavoces de la discoteca: ¡Qué otro hermano De pronto cesó el reggaetón tecno y una multitud desaforada me rodeó al son de Borriquito como tú entre arrumacos, carantoñas y otras efusividades que callaré por pudor. Me sentí como esos delanteros que meten un gol en el último minuto y terminan sepulta- A dos en la banda por sus compañeros. Me sentí como esas estrellas del rock despelotadas por sus fans y otros coleccionistas de pelos. Me sentí como esos toreros que salen a hombros por la puerta grande y que recién en el hotel descubren que les han robado la taleguilla. En medio de los gritos de ¡España, España, España! reconocí los acordes aflamencados de Noches de bohemia y de ilusión, y mientras el personal me marcaba el ritmo con las palmas, un gordo disfrazado de extra de Cats -o tal vez de simplemente de Garfield -me preguntó de lo más Fellini: Nunca me ha gustado que me lloren ni en el hombro ni el móvil, pero a un cliente siempre hay que darle la razón, aunque sea un apoderado taurino con el corazón partío ¿Tú también bailas flamenco, satiricón? ¿A quién has visto bailando flamenco? ¡Dime, haz favor! Pero Garfield me clavó las uñas y se fue maullando entre saltitos, porque los parroquianos del Club OH! ya me hacían compás de bulerías a la vez que me jaleaban con gritos de ¡Eso é! ¡Vamos allá! y ¡Toma que toma! ¿Quién les habría enseñado aquel soniquete tan flamenco? En esas cavilaciones estaba cuando una ronquísima voz femenina disolvió la manifestación: ¡Ya, chicos! Dejen tranquilo a nuestro invitado y sigan divirtiéndose. ¡La casa invita una copa! La dueña de esa voz no estaba nada mal. Cuarentitantos muy bien llevados y con unas hechuras de escándalo. Vamos, como para terminar yonqui por ella, aparcando coches en La Alameda de Hércules. -Usted perdone, señor. Ellos sólo PANAMA