Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Los Mercedes 300 SL están entre los coches más bellos. Abajo, arreglo en familia de los míticos Lolo y Cooper (Fórmula Junior) de los 60 fue penalizado hasta un tercer puesto. Joseph y Stepha, dueños de una fábrica familiar de fibras, son unos apasionados de los coches- -Joseph, por cierto, está casado con una bilbaína de Las Arenas- Empezaron con un Gogomóvil y hoy gastan sus sueños en correr en alas de leyendas: Stephan posee también el único Miller 122 GP (1922) que queda. No se me ocurriría correr para ganar. Es otra cosa Además, sobre estas máquinas vas tan descubierto que te matas fácilmente, como probó tanto entusiasta de los años 20 y 30. el GP de Nürburgring, con un entusiasta industrial alemán a sus mandos. Como la senda de los elefantes es la de los coches míticos: pocos saben dónde acaban esos monstruos que escribieron la historia en asfalto, no sin sangre. Es un auto legendario reconoce Stephan Rettenmaier, su orgulloso dueño, quedan cinco y éste es conocido como el más auténtico. Siéntese... Sobre este cuero corrió Villapadierna; y para él lo hicieron pilotos como Palacio, Léhoux o Zanelli. Bajo el volante, su San Cristóbal, patrón de carreras y- -ironías de don Juan- -de solterías. En estas codiciadas joyas (en torno a 500.000 euros) quemadas de aceite, cada pieza que se rompe tiene que volver a hacerse a mano. El viejo compresor (8 cilindros) casi me impide estar en esta salida Ingeniero y mecánicos siguen alimentándolo a mano hasta el último segundo. A los mandos, el 8 CM tiene los pedales cambiados: cuesta acostumbrarse: si vas a acelerar, frenas Y el embrague sólo es para salir en este motor solera del 34 (209 kw) luego, las cuatro marchas se cambian sólo desde el volante. El encargo en 1934 para la V Penya- Rhin de éste y el número 3019 a Maserati- -pagado quizá con las joyas de su madre, como dice la leyenda- -inauguró la inopinada escudería Villapadierna- -la primera española- con Joaquín Palacio, más avezado y que sería emblemático luego para el Pegaso Z- 102 3. Nuvolari, Zehender, Étancelin, Howe, Witney y Mme Braillard- -para el conde de Beaufort- -son las otras figuras consig- nantes en el registro histórico de aquel 8 CM de 2.991 cc y 750 kilos, uno de los primeros adquiridos directamente por pilotos. Memorias de locos cacharros entre el bramar y el champán del Grand Prix Oldtimer, conmemoración de los 100 años del primer Rally. En 1901 había habido un París- Berlín, que ganó Fournier sobre Mors, y en 1903 un París- Madrid ganado por Louis Renault, pero el primer Grand Prix fue LeMans en 1906. En tiempos pioneros eran un fenómeno masivo- -70.000 barceloneses en la meta de Montjuïc del 36- cruce entre el fútbol, Hollywood y el gotha aristocrático, muchos corredores eran jabatos de familias notables, desde Chiron a Féstetics, pasando por príncipes como Nicolás de Rumanía, Birabongse, Starrabba o Bagration, marqueses como Brivio, Belleroche, el mismo y malogrado Portago, o condes como Howe, Volpi, Lurani, Zborowski o von Trips, entre otros muchos, y de los que varios se mataron. Orgullo oldtimer Aquí los autos de Rettenmaier se codean con el MG K 3 (1935) de Richard Last, que con Hamilton, ganó la Acerbo y Pescara del 35, y luego fue de Parnell; o con el BMW 328 de Ulrich Sauer, o el Riley TT Sprite (1936) de Klaus Wildbolz; o aún el Ferrari 246 GP, de Tony Smith, el último de Módena con motor delantero, entre recuerdos de Caracciola: hijo de esta comarca, cambió el olor a sopa de buey por el del aceite, legendario e imbatible sobre las flechas de plata reza la cochera 5 de Nürburgring, donde sus duelos con Rosemeyer pasaron a los anales Oldtimer define a los vehículos de antes de una guerra, que en España truncó el Penya Rhin y tanto más, y en Europa catapultaría al automóvil alemán y desolaría el continente; pero Nürburgring cree que la fascinación excede esquematismos: Oldtimer son esos autos recordados con gusto dice el príncipe Ysenburg y Budingen, que preside el club. Y el programa no ha dejado fuera la primera Fórmula 1 de los 50, los FJunior de Lurani, aquellos Lola y Brabham de los 60, la belleza deportiva del Gran Turismo o la aerodinámica de los 70, los Minis, los monstruos Interserie, los Supersport de la CanAm... Seiscientos representantes de seis décadas de leyenda sobre ruedas tomaron la salida de honor. Y para todos fue literal. Uno de los coches participantes en el Rally histórico del centenario, a la llegada a Nürburgring Seda y sacos de dormir En el centenario aún se cruza el señorío de los gentlemen drivers pañuelos de Burberry s, y mecánicos enviciados con la familia en la furgoneta y el auto reparado en un transportín: caja de herramientas y saco de dormir, en vez de maletas de Vuitton. Todo El cacharro de aquel español pionero del automovilismo es único. Su actual propietario lo considera una joya, que alcanza los 280 kilómetros hora por el rugir brutal de un circuito mítico y el olor a aceite, confiesa Rettenmaier. En su caso, olor al metanol con que singularmente carbura el 8 CM de aquel conde piloto, apresado al terminar la guerra por usar sus coches para cruzar gente de zona. No era el más rápido, pero sí el más cachondo, escribió de Villapadierna Javier del Arco. Aparte su valor, estos autos cuentan una historia dice el hermano de Rettenmaier, Joseph, que posee el Maserati 250 F (1954) de Stirling Moss y otro 6 C 34, que siempre gana, pero el domingo