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40 Madrid DOMINGO 27 8 2006 ABC No sólo apagan incendios. Entre sirena y sirena, emplean su turno de 24 horas para realizar actividades cotidianas y, a la vez, prepararse física y mentalmente para lo que pueda venir. En ocasiones, lo que viene les deja marcados de por vida Diario de un bombero TEXTO: CRISTINA ALONSO FOTOS: JAVIER PRIETO MADRID. En la cocina, mientras unos baten los huevos para prepararse una tortilla francesa, otros echan agua en la cafetera para tomarse un café bien cargado. En camisetas de tirantes y pantalones cortos, los chicos intercambian comentarios entre grandes sartenes, ollas y armarios colmados de paquetes de pasta y botes de especias. Nos organizamos muy bien, mientras que unos tienen que cocinar o ir a la compra, a otros les toca la fregada En una sala cercana y vacía, una televisión pequeña rodeada de más de una docena de sillones. No venimos mucho aquí, preferimos estar en la cocina, de reunión, o haciendo ejercicio en el gimnasio En el piso de arriba, unas habitaciones con taquillas y varios colchones. Si la noche toca tranquila, descansamos un poco. Eso sí, con un ojo abierto y otro cerrado En un rincón del edificio, como alternativa a la escalera, la mítica barra plateada, conectando el piso superior con el inferior. Sólo saliendo al exterior, al patio, uno toma verdadera conciencia de que esos jóvenes que charlan animadamente son, en realidad, bomberos. Junto a unos bancos de madera, varios pares de grandes botas negras; colgados de unas perchas, los trajes ignífugos y en un estante superior, cascos. Muy cerca, con la llave en el contacto, los camiones rojos, que están siendo revisados por tres o cuatro personas. Cada mañana empleamos varias horas en comprobar que todo funciona correctamente. No puede fallar nada, la sirena Víctimas del momento más peligroso El momento más peligroso para una dotación de bomberos, en contra de lo que mucha gente cree, no es cuando se adentran en una construcción en llamas a extinguir el fuego, sino cuando acuden a los siniestros. Ante la emergencia, deben pisar el acelerador de sus camiones para recorrer en el mínimo tiempo posible las grandes distancias madrileñas, y ello hace que pongan en demasiadas ocasiones su vida en peligro. En esta circunstancia perdieron la vida dos bomberos de la Comunidad el pasado 24 de junio al volcar el vehículo motobomba en el que viajaban en la carretera de circunvalación M- 40. Los fallecidos fueron Jorge Dolado Simón, de 32 años, y Fernando García Herrero, de 40. Se trata de uno de los tres sucesos que más impacta a los bomberos: la pérdida de compañeros. Deja secuelas, se pasa muy mal, pero luchamos por reponernos y encontrar razones, nos apoyamos entre nosotros y nos damos ánimos. De todo suceso aprendemos algo, y lo importante es que este tipo de cosas no vuelvan a suceder suena en cualquier momento y, cuando lo hace, todo es cuestión de segundos En ese caso, dejan la camadería a un lado y la taza de café a la mitad y se suben raudos a uno de esos camiones con un destino, muchas veces, incierto. Casi nunca sabes qué te vas a encontrar, sólo sabes que alguien te necesita Escenas desgarradoras A pesar de los saludos amistosos, las risas, las bromas y la tranquilidad que se respira en el parque de bomberos de Las Rozas, estos jóvenes se enfrentan a un turno de 24 horas en el que puede surgir cualquier cosa, desde rescatar a una niña que se ha quedado encerrada en el interior de un coche- -la última anécdota del día- -hasta enfrentarse a un incendio, a un grave accidente de tráfico o a un atentado. Por ello, aunque nada en su mirada les delate, sus ojos les han mostrado escenas desgarradoras, muchas de las cuales no han podido olvidar. Aunque su uniforme, aseguran, es un escudo que les protege de la realidad para no implicarse sentimentalmente, existe un peligro que se da en pocas ocasiones, pero que, cuando ocurre, marca de por vida Ellos lo llaman conectar Te quedas desnudo frente a todo Te traspasa lo que estás viviendo Se te baja de golpe toda la adrenalina Algunos afirman que, tras conectar han acabado llorando abrazados a una víctima. Fernando Pascual conectó el 4 de septiembre de 1987. Ese día tuvo lugar Algunos profesionales confiesan que, tras haber conectado han acabado llorando abrazados a una víctima El uniforme les sirve de escudo frente a ciertas escenas impactantes