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34 Internacional UN AÑO DESPUÉS DEL KATRINA DOMINGO 27 8 2006 ABC Para quienes decidieron volver a Nueva Orleáns y reconstruir su vida anterior, el aniversario del huracán marca un año de frustraciones que se ha cobrado un nuevo peaje en la salud mental de muchos de ellos El largo camino de vuelta a casa MERCEDES GALLEGO. ENVIADA ESPECIAL NUEVA ORLEÁNS. Cuando el año pasado los evacuados de Nueva Orleáns dejaron atrás la ciudad sumergida en aguas pestilentes y dominada por la violencia rampante, la mayoría creyó haber pasado lo peor. Pero para muchos, lo peor acababa de empezar. Desde entonces, algunos incluso, han llegado a lamentar que la muerte no los sumase a la lista de las 1580 víctimas mortales que dejó el huracán Katrina. Nadie esperaba que esto fuese a ser tan duro, que pasase tanto tiempo sin verse un cambio dice el doctor Charles Cook, director del programa de salud mental para la recuperación del huracán bautizado como Louisiana Spirit Ha sido como ver crecer la hierba a lo largo de un año. Los cambios son tan pequeños y tan lentos que el que los mira a diario no nota la diferencia. La fatiga, el cansancio y la tristeza surgen de conducir todos los días a través del mismo barrio y ver las mismas casas destrozadas, los mismos escombros apilados Para Navidad, las ciudades de Mississipi que emplearon a compañías privadas estaban limpias. En Nueva Orleáns, que perdió a todos sus contribuyentes al ordenar la evacuación completa de la ciudad, la tarea quedó a cargo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, que no empezó hasta enero. Desde entonces han desaparecido de las calles 22 millones de toneladas de escombros, 25 veces lo que dejó el desplome del World Trade Center. La hierba ha crecido. Tanto, que las enrededaderas salvajes cubren ahora los porches de muchas casas abandonadas, y hay que entrar a ellas con machete. En una casa de la calle Lane, entre los muebles podridos y las paredes infectadas de moho, un periódico amarillento descansa en el sofá como testigo de que el tiempo se detuvo un 29 de agosto de 2005. ble que la televisión no había logrado hacerle justicia, ni preparar a sus moradores para lo que se iban a encontrar. El martes, al cumplirse un año, terminará el plazo para recuperar fuerzas. Quienes no hayan destripado los muros y desalojado los escombros, se arriesgan a perder para siempre lo que queda de sus casas bajo la fuerza de los bulldogzers que enviará el Ayuntamiento. Serán los últimos cadáveres, en una ciudad dispuesta a deshacerse de las extremidades gangrenosas para mantenerse con vida. Barrios como el Lower 9 th Ward pueden perderse por completo tras el paso de las escavadoras. Jacqeline Harris Smith, directora adjunta de los Servicios Humanos Metropolitanos del estado de Louisiana, ha desguazado su casa, pero no se atreve a levantar ni una pared. El futuro del barrio es demasiado incierto. Su ubicación por debajo del nivel del mar, en una zona arrebatada a las marismas, anticipa un nuevo y futuro desastre. El Ayuntamiento se debate entre informes técnicos y la tenacidad con la que luchan los vecinos por defender la única propiedad que han poseído en su vida. A Smith no le sorprende que los sui- cidios tripliquen la media nacional después de este año. Para mí misma esto es una lucha insoportable. Tres de mis vecinos se ahogaron. Para reconstruir mi casa necesito 67.000, y todavía no he cobrado nada del seguro, sólo los 2.000 dólares que me dio FEMA (organismo del gobierno federal encargado de las emergencias) En la clínica de salud mental en la que trabaja, ahora instalada en un trailer, ha visto crecer no sólo la desesperación y las depresiones, sino el índice de alcoholismo, de violencia doméstica, de drogadicción... En mi propio círculo todo el mundo bebe más que antes alerta. ¿Y has estado dentro de una de esas caravanas? Son tan pequeñas que cualquiera pierde la cabeza No hay estadísticas, pero el número de llamadas recibidas en la línea psiquiátrica de emergencias es cuatro veces mayor que antes del Katrina, con la mitad de población. Una lentitud desesperante FEMA es la palabra más común en la desesperación colectiva. A Gerry Chaysson le costó tres meses conseguir una caravana, pero hasta el día de hoy no ha logrado poner un pie dentro. No le entregarán la llave hasta que la compañía de la luz le conecte la electricidad, y ésta dice que no puede hacerlo hasta que reciba el certificado de inspección que FEMA dice haberle mandado. Hace cuatro meses que Gerry desistió de la empresa y se instaló en una casa prestada. El nuevo reto es lograr que FEMA retire la caravana de su jardín. ¡Con la de gente que la necesita! El gobierno federal sigue entregándolas lentamente cada día, sin tener en cuenta que el plazo fijado para retirarlas o cobrar un alquiler por ellas terminará en febrero, porque los 18 meses cuentan desde la fecha del huracán, no desde el día que su destinatario la recibió o, aún peor, puso el pie dentro. Tras el huracán se han recogido de las calles 22 millones de toneladas de escombros, 25 veces lo del World Trade Center Waly Armstead afirma que le costó seis meses conseguir su caravana y 45 días más que se la conectaran a la luz Sobrevivir a cualquier precio El silencio sigue dominando ese barrio del Este de Nueva Orleans, pero ya no es tan sepulcral. Cuando se retiraron las aguas, ennegrecidas por los desagües y los derrames tóxicos, no quedó una brizna verde. No se oía un grillo ni un pájaro. Ni los perros deambulaban por las calles. El moho se apoderó de las casas desde sus cimientos y subió por las paredes corroyéndolo todo. Para cuando sus habitantes volvieron meses después, ya no era posible limpiar. La única opción fue destripar las paredes y los techos hasta dejar las vigas desnudas como el esqueleto de un barco. Un cascarón vacío sin muros que pudieran hablar de las memorias perdidas. Hubo muchas lágrimas cuando en diciembre se abrieron los últimos barrios. La devastación era tan incalcula- Bush reconoce su mala gestión un año después del Katrina ABC Casi un año después del huracán que asoló Luisiana y Misisipi y provocó una crisis humanitaria sin precedentes en EE. UU. Geoge Bush ha reconocido la mala gestión de su Gobierno, Desafortunadamente, el Katrina reveló que los gobiernos federal, estatal y local no estaban preparados para responder a un desastre tan extraordinario señaló el presidente estadounidense en su mensaje radiofónico semanal. La senadora de Luisiana Mary Landrieu, en la respuesta demócrata, señaló que Innumerables barrios están como si el huracán hubiese sido ayer y son un duro recordatorio de lo poco preparada que estaba nuestra nación Pero a esta inoperancia inicial durante la tragedia se ha sumado la lentitud para dar respuesta a las necesidades de una población desesperanzada y sin recursos. La Costa del Golfo continúa en el largo camino de la recuperación dijo Bush. Waly Armstead, adjunto de prensa en el desprestigiado organismo, reconoce que a él mismo le costó seis meses conseguir su caravana y 45 días que se la conectaran a la luz, porque no quiso utilizar su posición. De las once caravanas aparcadas en la casa de Cinthia Shaeheed, la primera que recibieron no fue conectada hasta hace sólo dos meses. La última está vacía. Para cuando llegó, su hermano se había cansado de esperar y aunque tiene más familia, Fema le ha prohibido que otra persona la ocupe bajo amenaza de usurpar una propiedad federal, severamente penado. Hasta que la retiren, sigue siendo un símbolo de ineficacia y frustración. Con lo que cuestan estas caravanas yo podía haber arreglado mi casa se desespera Cinthia. ¿Cómo puede pasar esto en Estados Unidos? ¡El país más rico del mundo, y la gente sigue clamando ayuda para volver a sus casas un año después! Este país no tiene corazón Se indigna y se enfurece hasta que los ojos se le vuelven vidriosos. De acuerdo con la tesis psiquiátrica del doctor Anthony Speier, director de las Operaciones de Salud Mental en el Desastre, la gente que sigue cabreada con el mundo por el cómo pudo pasar esto no logrará remontar hasta que logre deshacerse de su indignación, pasar por la fase del dolor y, finalmente, a la de remontar su vida. La estrategia para devolverles la esperanza es hacerles ver los progresos que han hecho, por pequeños que sean. Pero hasta su equipo confiesa que este aniversario es probablemente su última oportunidad de que el mundo escuche a la gente de Nueva Orleáns. Después nos olvidarán para siempre