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26 8 06 RELATOS VIAJEROS Costa Rica (I) El beso de la Mona- Mujer El autor propone en este relato una ficción detectivesca y sevillana que se desarrolla en diversos escenarios reales del paraíso turístico costarricense TEXTO: FERNANDO IWASAKI L NICARAGUA MAR CARIBE Libería Costa Rica Puerto Alajuela Limón Limón Puntarenas San Cartago Golfo José Playa de Puerto de Viejo Nicoya OCEANO PACIFICO Golfo Dulce o primero que un detective debe saber es que el cliente siempre quiere tener la razón y que para eso nos contrata: para que se la demos aunque no la tenga. En realidad, nadie quiere saber si su pareja le pone los cuernos, sino por qué se los ha puesto. Por eso yo siempre investigo incluso al cónyuge que me contrata, para que a mis clientes les quede muy claro que se merecen todo lo que les ocurre y probablemente algo más. Sin embargo, aquel cincuentón era incapaz de entender que cuando uno es gordo, calvo, casado, padre de tres hijos y apoderado taurino, algunos bailaores flamencos también prefieren a los toreros. Averigüe si mi churri me ha dejado por otro con más pasta -me imploró sorbiéndose los mocos- porque si es más guapo no quiero enterarme El churri de mi cliente resultó ser un mindundi de los cojones, pues nadie me habló bien de él ni en los tablaos, ni en las peñas, ni en las compañías de danza, ni en las academias en las que impartía clases de baile flamenco, donde sólo había dejado una pésima impresión. -Tiene toda la mala hostia del mundo- -me advertían. -Entre lo tarde que llega, los cigarros que se fuma y el mamoneo del estiramiento, nunca da ni diez minutos de clase- -se quejaban. -Ese malaje sólo se estira cuando bosteza- -corregían otros. -Además habla malamente de todo el personal- -me contaron en un tablao. -Aunque lo tengas en nómina, si le sale otro curro te deja en la estacá- -me dijeron en una compañía de baile. ¿Por qué diablos mi cliente querría recuperar semejante alhaja? Es que usted nunca lo ha visto bailando por farruca con su tanga de grana y oro me respondió mientras le chorreaban dos lagrimones y me entregaba los billetes de avión, los traveler s checks y todos los documentos para el viaje, porque al niño le había salido una gala en Costa Rica y después de dos meses ni llamaba, ni escribía, ni cogía el teléfono, ni se conectaba al messenger Tiene que estar poniéndose morao- -sollozaba el apoderado taurino- porque si le faltara dinero ya mi móvil habría pegao un explotío. ¿Y usted no cree que le haya ocurrido algo malo al chaval? -quise saber. -Usted no sabe cómo es de bravo mi churri- -me dijo aquel tipo, acostumbrado a pagar el salario del miedo- Usted le da una navaja y mi churri le trae al Bin Laden ése partío a cachitos. Y así aterricé en San José de Costa Rica, dispuesto a encontrar al Tsunami de Sanlúcar alegría de mi cliente y- -por qué no- -sin duda de otros espontáneos del mundo del toro. Los policías ticos dejaron pasar mi Smith Wesson en cuanto desenfundé la famosa chapa de los Detectives Larry pero se quedaron con mi petaca de anís Arenas creyendo que era del Mono. Es por su bien, señor. No sea que la MonaMujer lo huela y le meta machete Camino del hotel, el taxista se sintió en la obligación de instruirme sobre la gastronomía, las playas, el mujerío y la vida nocturna costarricense. Así me habló del sabroso gallopinto, una guarnición de arroz revuelto con frijoles negros que los ticos comen a todas horas del día. Me describió la paradisíaca playa de Puerto Viejo en la caribeña provincia de Limón, a la que Ana Belén supuestamente dedicó una canción Cómo es que no se la sabe, señor Me contó que las ticas tenían la belleza de las venezolanas, el glamour de las argentinas, la gracia de las panameñas y el furor de las cubanas. Finalmente, se puso a mi disposición para llevarme a los antros más exclusivos de la noche tica o a buscarme lo que hiciera falta. -Busco a un joven español que se llama Tsunami de Sanlúcar -me animé a comentar viéndolo tan dicharachero. Me contó que las ticas tenían la belleza de las venezolanas, el glamour de las argentinas, la gracia de las panameñas y el furor de las cubanas -Si al señor le gusta la lucha libre, yo lo llevo al Gimnasio Nacional. Cuando le expliqué que Tsunami de Sanlúcar no era un luchador sino un bailarín, el taxista comenzó a mirarme de reojo por el espejo retrovisor. Cuando me interesé por el ambiente homosexual de Costa Rica el taxista empezó a revolverse en su asiento. Y cuando quise saber si me podía acompañar esa misma noche a una discoteca gay, el taxista frenó en seco y me gritó que me bajara del coche. Tuve entonces que explicarle que yo no estaba proponiéndole nada personal Qué dicha, señor que yo era detective privado Qué dicha, señor y que había viajado a Costa Rica sólo para encontrar al amante de uno de mis clientes Qué dicha, señor -Es que como uno de cada tres españoles es gay, señor- ¿De dónde ha sacado usted eso? -De la tele por cable, señor. En todas las películas, en todos los programas y en todas las series españolas, todo el mundo es gay, señor. -Pues sí que nos ha calado, usted. -Qué dicha, señor. Mi hotel no estaba en San José, sino en el barrio de Escazú, la zona más in de Costa Rica. Ahí también se había alojado Tsunami de Sanlúcar y por lo tanto aquí tenía que comenzar mi búsqueda: en el Hotel Real Intercontinental de Multiplaza, un trozo de lujo asiático incrustado en el Caribe: jacuzzi, sauna, gimnasio, spa y hermosas monitoras de pilates a disposición de los clientes. Me parecía increíble que una sola noche en aquel hotel costara mucho más que la reventa de una barrera en la Maestranza para el Domingo de Resurrección. Tras una siesta reparadora me dirigí al bar del hotel, donde descubrí que los camareros también veían la tele por cable: -Como el señor es español, seguro querrá saber cuál es la mejor discoteca gay de Costa Rica. -No hace falta, amigo. En Andalucía vivimos otra realidad nacional. -Qué dicha, señor. Así, barruntando que no era el mejor momento para preguntar por las mejores discotecas gay de Costa PANAMA