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ABC SÁBADO 26 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL GOBIERNO ES INOCENTE I se estrella un tren del Metro de Valencia por entrar en una curva a más velocidadde la permitida y de la aconsejable, la culpa del accidente ha de ser, por fas o por nefas, del Gobierno autonómico del PP. Pero si descarrila por la misma causa un Talgo en la red nacional bajo control del Ministerio de Fomento, el siniestro se debeúnica y exclusivamente a la imprudencia de un maquinista que se creyó Fernando Alonso. Al que, eso sí, la ministra del ramo respeta muchísimo tras descargar sobre él toda la responsabilidad de un accidente con varios muertos. Si arden los bosques de Galicia bajo el mandato de Manuel Fraga Iribarne, naturalmente es la Xunta la culpable de no prestar a IGNACIO los bosques el debido cuiCAMACHO dado. Pero si el monte galaico persiste en arder también bajo el Gobierno bipartito del PSOE y los nacionalistas, se debe a una conspiración urdida por una trama de resentidos pirómanos reaccionarios, emboscados en la noche bajo la coordinación de siniestros agentes del PP. Si una tuneladora demasiado ardorosa provoca el hundimiento del suelo en el Carmelo barcelonés, la culpa es del tres por ciento exigido por CiU a los contratistas; si se cae en Sevilla una viga gigante de un viaducto del Metro que construye la Junta de Chaves, hay que exigirle responsabilidades inmediatas a la adjudicataria de las obras. La política española y, por extensión, la acción administrativa cotidiana de Gobierno, autonomías y ayuntamientos, gira en torno a una máxima moral irrefutable y de vigencia absoluta y universal: la culpa de cualquier catástrofe o contratiempo es preferentemente del PP, y en todo caso, el PSOE siempre es inocente aunque se demuestre lo contrario. ¿Unos rufianes roban hasta los candelabros en el Ayuntamiento de Marbella y saquean a conciencia la ciudad durante doce años ante la mirada pasiva y o complaciente de la Junta? Menos mal que han llegado los socialistas para poner pie en pared a tanta mangancia y disolver el Consistorio en el que gobernaba... ¡su candidata! ¿Se colapsa la costa canaria ante la llegada de oleadas de cayucos repletos de desesperados negritos en busca de la fácil regularización española? Culpa de Senegal y otros países africanos que los dejan marchar sin atender sus obligaciones de patrulla y vigilancia. ¿Se forma un caos por una huelga salvaje en el aeropuerto del Prat, coninvasión de pistas antela pasividadpolicial? Se va a enterar Iberia, que no avisa de sus conflictos laborales. ¿Falta agua en Levante tras la cancelación del trasvase del Ebro? Problema de los gobiernos peperos deMurcia y Valencia, que autorizan urbanizaciones masivas llenas de campos de golf. ¿Hay demasiados muertos en las carreteras? Los conductores, que corren mucho e imprudentemente. ¿Se manifiestan cada vez que les da la gana los batasunos desafiando la prohibición vigente? Ah, se siente, cosa de los jueces. Pregunta tonta de la semana: si no hacen nada, ni son responsables de nada... ¿Para qué querrán el poder estos tíos? S PLUTONEANDO SOS astrónomos de la Tierra -como rotulaba ayer ABC, con deliciosa sorna- -que han expulsado a Plutón del elenco planetario nos recuerdan a aquellos ateneístas con ladillas que decidieron someter a votación la existencia de Dios. Gracias a que triunfó de chiripa el sí hoy subsisten las religiones; pues, si los ateneístas hubiesen decidido tachar a Dios del mapa celeste, ya se pueden imaginar que a estas horas iglesias, sinagogas y mezquitas se habrían museizado como los cachondos de la Esquerra exigen que se haga con las cárceles y comisarías del franquismo. Menos pretenciosos que los ateneístas, los astrónomos de la Tierra han decidido por sus santos cojones apearle el tratamiento de planeta a Plutón, ingresándolo en otra categoría chusca e infamante, la de los planetas enanos que es como si a alguien le pones el don por delante y a continuación lo designas con un diminutivo, don JaimiJUAN to o don Suso Al parecer, Plutón no MANUEL DE PRADA alcanza las medidas exigibles a un planeta como Dios manda; criterio que, amén de confuso, marca un precedente peligroso: como nos pongamos a usar la vara de medir, mañana mismo podríamos declarar que tal o cual miembro es en realidad un apéndice, que tal o cual apéndice es en realidad una verruga, que tal o cual gobernante es en realidad un zascandil, y así sucesivamente. Jopé con los astrónomos. Si estos matan el rato con votaciones tan patidifusas y estupefacientes, ¿qué podremos esperar de los astrólogos, que siempre han sido considerados sus primos tarambanas, o enanos? Uno desea que la Unión Astrológica Internacional evacue un comunicado alternativo, rehabilitando al degradado Plutón, que siempre había sido un astro muy influyente en los horóscopos. Pero lo que de verdad nos fascina de esta controversia tan peregrina es que se haya resuelto mediante votación. En nuestra época, las cosas no son verdaderas o falsas, buenas o malas, justas o injustas; en E realidad, las cosas ni siquiera son, mientras no se monte una votación que así lo establezca. Diógenes Laercio aseveraba que la verdad no existe; en vista de lo cual sentenció: Abstengámonos de pronunciarnos sobre la verdad Pero nuestra época, menos humilde, ha querido someter la verdad a la tiranía de las mayorías. ¿Dice usted que Plutón es un planeta? Pues espérese un poco, que meto aquí una urnita y lo decidimos en un periquete. ¿Que los saltamontes no son mamíferos? Bueno, eso será si el vecino del quinto piensa lo mismo que usted; porque, de lo contrario, ya somos dos contra uno. ¿Que la ley establece que las organizaciones terroristas no pueden ejercer actividades políticas? Depende de quien controle el Parlamento. ¿Que experimentar con embriones atenta contra el derecho a la vida? ¿Que el diccionario define el matrimonio como la unión de hombre y mujer ¿Y eso qué, si la voluntad democrática de la mayoría establece lo contrario? La verdad ha dejado de existir; pero nosotros, además, como somos más chulos que Diógenes Laercio, decidimos mediante votación cuál es la verdad que en cada momento conviene; por supuesto, si la realidad nos desmiente, es un problema de la realidad, no nuestro. A este fenómeno, tan desquiciadamente democrático, lo llamaremos desde hoy plutonear -Nota bene: Mientras escribo este artículo, me llama un amigo sofocado de la risa, invitándome a visitar cierto website o contenedor de infundios donde no entendieron el sarcasmo de mi reciente artículo Carta indignadísima al director y, en plena borrachera de anisete, destapan rocambolescas y delirantes pugnas a propósito del mismo en el seno de la Redacción de ABC. Para que las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan se hagan una idea de la fiabilidad del citado contenedor, diremos que es el mismo que me llamó, dos minutos después de que me fuera concedido el Premio Mariano de Cavia, preguntándome si era verdad, como se rumoreaba, que ABC iba a prescindir de mi colaboración. Cráneos privilegiados, que diría Max Estrella.