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40 25 8 06 El 4 de septiembre se va a convertir en el director de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, una institución que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas quiere revitalizar para apoyar a investigadores y becarios, y fortalecer las relaciones culturales con la capital italiana, en cuyas cercanías trabajan en la actualidad investigadores y arqueólogos españoles. Mientras llega ese cercano día, el profesor Olmos es uno de los máximos expertos españoles en la vida y milagros de nuestros antepasados los iberos (si hablamos en latín) o íberos, si preferimos el griego 0 16 4 0 L O S V E R A N O S D E Ricardo Olmos HISTORIADOR E INVESTIGADOR DEL CSIC Nos falta una piedra Rosetta de la cultura ibera, pero aparecerá MANUEL DE LA FUENTE- -Son casi nuestros abuelos, pero los iberos son unos grandes deconocidos. -La historiografía romántica del siglo XIX y diversos intelectuales como Ortega quisieron ver en los iberos nuestras raíces, e incluso se llegó a afirmar que la Dama de Elche era una suerte de fallera valenciana de aquel tiempo, lo que es una completa tontería. Los iberos eran los iberos y nosotros somos nosotros. Abuelos, pero menos. -En los antiguos planes de estudio poco menos se decía que los celtas y los iberos quedaron en la Puerta del Sol para tomarse unas copas y de su amistad surgieron los celtíberos. Qué imaginación, ¿no, profesor? -Es una manera de contar la historia un poco, digamos, equívoca. Sabemos que existió una escritura ibérica, pero... pero no podemos traducirla. Nos falta una piedra Rosetta, dar con un texto bilingüe (en griego e ibérico, o en latín e ibérico) que nos dé las claves, al igual que a Champollion se lo dio sobre la escritura egipcia la piedra Rosetta, un texto de varios renglones y, además, trilingüe. ¿Los investigadores tienen suficientes documentales para realizar su trabajo? -Existen cientos de imágenes, sí, porque su mundo era completamente icónico, como el griego o el latino. -Los periodistas imperiales dieron buena cuenta de las costumbres ibéricas. -Por supuesto. Historiadores romanos como Polibio y Tito Livio contaban las hazañas de las legiones y de los Escipiones, claro, pero gracias a ellos también hemos conocido detalles de la vida ibérica, cómo eran sus bodas, por ejemplo. Evidentemente, estos autores nos ofrecen una visión romana de la Historia. Estrabón, cronista de Augusto, ofrece en sus páginas un recorrido por la vida de los pueblos de la Península, pero siempre con un punto de vista en el que su patrón, Augusto, quedaba mejor La dama no se ESCONDE En el siglo XIX, entre los años 1860 y 1870 se descubrió un santuario en el Cerro de los Santos (Albacete) en el que había decenas y decenas de estatuas, algo impresionante. Pero un relojero de la cercana villa murciana de Yecla comenzó a hacer falsificaciones prodigiosas. Tan prodigiosas que incorporaba a ellas todo lo que se le ocurría, hasta motivos egipcios, como jeroglíficos y soles. Eso provocó mucho escepticismo en Europa sobre el mundo de los iberos durante mucho tiempo, hasta que fue descubierta la Dama de Elche JAIME GARCÍA Juntos pero no REVUELTOS Los pueblos iberos no tenían una unidad política, eran pueblos diferentes entre sí, que tan sólo se unieron y unificaron ante la llegada de un enemigo externo como Roma. Con las campañas de los Escipión sí nació cierta conciencia ibérica común ante la posteridad. Por ejemplo, al referirse a la Bética, la actual Andalucía, prácticamente, hablaba de una tierra en la que los pesebres de los animales eran de plata. Era una notoria idealización. -Y hasta un publirreportaje. -Pues sí, prácticamente. -Hay fundamentos históricos para que se nos haya bombardeado con la legendaria defensa numantina. -Para los romanos, Numancia fue un auténtico quebradero de cabeza. Pero el sitio y la lucha existieron como demostró el alemán Adolfo Schulten, que, a comienzos del siglo, buscó y localizó los Ricardo Olmos en su despacho del CSIC campamentos romanos gracias a textos de la época cotejados con una toponimia. Pero la historiografía del XIX nos ha legado cuadros como ése en el que se ve la ciudad en llamas y hombres y mujeres suicidándose. La lucha y la épica de Numancia existieron, pero eso se idealiza y pasa a esos libros de texto en los que se permitían unos iconos en aras de construir una historia nacional. ¿La Dama de Elche es la mujer 10 de la cultura ibera, o es que ha sabido promocionarse? -Sin lugar a dudas, tiene una importancia muy grande, aunque su descubrimiento, en 1897, llegó en una época en la que en Europa existía cierto escepticismo ante los descubrimientos concernientes a lo ibero, ya que unas décadas antes se habían producido muchas falsificaciones. Además, su estancia en el Louvre hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Franco negoció con Petain y el Gobierno de Vichy su regreso, le dieron fama mundial. Y fue importante por un motivo añadido. Su exilio hizo que los españoles nos replanteásemos qué sucedía con nuestro patrimonio cultural, que estaba saliendo allende nuestras fronteras. -Cómo era a grandes rasgos la ciudad ibera. -Primero existía el oppidum, la zona amurallada, donde se encontraban las casas de la gente principal. Desde allí se controlaba la producción y no era raro que también existiera un lugar sagrado dedicado a los antepasados, a los que los iberos veneraban de manera muy especial. Alrededor del oppidum solía estar la zona cultivable, y ya, más lejano, se encontraba el territorio de la caza, del ciervo, por ejemplo, muy representado siempre por los iberos. Y no hay que olvidarse de los perros, ni mucho menos del caballo, al que los iberos idolatraban. -Me falta el toro, aunque no sea el de Osborne. -También era imprescindible, sobre todo porque era el símbolo de la fecundidad del campo.