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25 8 06 EN PORTADA Bob Dylan, blues del vagabundo TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE hora lo sabemos y lo sabemos a ciencia cierta. No fue el legendario bluesman Robert Johnson (uno de los nombres propios que sobrevuelan el nuevo disco de Bob Dylan, unos de los tipos con peor reputación de la historia de la música) quien vendió su alma al diablo en un cruce de caminos del viejo Mississippi. No, fue Dylan, ahora estoy seguro. Y no pidió a cambio ser el mejor guitarrista de blues de todos los tiempos, ni el hombre que las enamorara a todas con sus arpegios. No, el hombre que cambió la historia del rock (y de la cultura popular de masas) pidió eso, sólo y exactamente eso: seguir cambiándola (esa historia) a su completo antojo. Probablemente por eso dice que hace más de veinte largos años que no escucha un disco que le suene bien, por eso lleva años y años en la carretera, de aquí para allá, como un zíngaro del rock and roll, como un arriero de la telecaster. El pop camina como un tonto perrito faldero al que una máquina y un ordenador sujetan con una correa. Y Dylan, qué iba a hacer, pues justamente lo contrario, hartarse de viejo blues, cenagoso y oscuro, del Delta, blues del sudor y de las espinas. Es prácticamente imposible (más aún para un europeo) entender todas las claves de la música de este bardo de sesenta y cinco tacos. Muy probablemente, el cerebro de Bob Dylan sea el que más conocimientos de música popular acumule en su interior de todos los que han pisado este valle de lágrimas, este valle repleto de gente solitaria y de personajes perdidos en la inundación, la del Katrina, o la del pecado. A veces parece que toda la música popular norteamericana blanca y negra bulle día tras día dentro de su cabeza, como un gigantesco volcán. Y claro, de repente entra en erupción, y prácticamente sin avisar, como con en estos Modern times Times que, musicalmente, de modernos tienen bien poco, curiosa y paradójicamente. El volcán Zimmerman estalla y la lava de sus ángeles caídos, de sus enterrradores (en uno de los cortes del dvd aparece con el sombrero a lo Rockefeller de José Luis Moreno) de esos personajes que sólo existen en los callejones de esa extraña América del palo y la zanahoria. Tiempos modernos, tiempos premodernos, quizá, como los del rockabilly de Thunder on the mountain o los del personalísimo crooner en Spirit on the A Bob Dylan, hecho un venerable rockero durante su reciente concierto en San Sebastián water Dylan, ni moderno ni antiguo, en el bellísimo canto sacramental de When the deal goes down ¿acaso imitas al Duke Ellington de Wonderful world Bob, o sólo lo parece? certero y oscuro en esa bellísima letanía que es Workingman s blues 2 donde el viejo Bob Dylan melancólico y evocador vuelve a hacer de las suyas y se muestra capaz de conmover aunque hable del poder adquisitivo de la clase obrera, o de que el sitio que más ama es ya tan sólo un recuerdo lejano. Blues del trabajador que empalma con una vacilona, irónica y tierna canción de amor como Beyond the horizon en la que sólo falta la aportación de un bailarín de claqué para que parezca más aún la escena otros tiempos, ni más ni menos modernos, sencillamente otros. Y de nuevo el blues de Nettie Moore personaje de una canción centenaria, sobre una esclava vendida lejos de su hombre amado, y en la que Bob toma prestados otra vez unos versos cantados por el genio ciego y alcohólico del pendenciero, genial y negro Robert Johnson. Bob se pone y se quita, se quita y se pone, la careta del filósofo, del predicador, del pecador, del bendecido, del apóstata y del profeta de esa inundación ¿el futuro? que se nos ha venido encima, en The levee s gonna break inspirada en otro añejo blues de Kansas Joe McCoy and Memphis Minnie in 1929, escrito durante las grandes inundaciones en la cuenca del Mississippi, en 1927, quizá porque la sombra del Katrina es alargada. Tiempos modernos por los que Bobn Dylan lleva viajando medio siglo. Tiempos modernos, el hombre contra la máquina, la fe y el amor contra el capital. Tiempos modernos, y Bob Chaplin Dylan pescando botas en el riachuelo revuelto del mundo contemporáneo. Tiempos modernos y Bob Charlot Dylan moviendo su bastón, atusándose el bigote, firmando autógrafos en el dvd, Bob Chaplin Dylan, que ya no hace preguntas ni busca respuestas en el viento. Dylan, quizá, que sólo sueña con besar una vez más a Paulette Godard. O a Joan Baez. O a Sara. O quizá, ni siquiera eso. Este tipo sí que es una auténtica rolling stone, una vagabundo. Si Charlot hubiera hablado. Hay algo en el Dylan de 2006 que recuerda al gran Charlot de Tiempos modernos Bob echa la caña al río y lo mismo pesca un viejo blues que un verso bíblico