Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
34 Madrid VIERNES 25 8 2006 ABC L. V. de 16 años, es una de las adolescentes tuteladas por la Comunidad de Madrid que busca trabajo a través del programa Junco Llevan media vida en centros de protección de menores de la Comunidad. Cuando su mayoría de edad les deje sin tutela, deberán empezar en solitario. La Consejería de Asuntos Sociales les ayuda, desde los 16, a buscar empleo y futuro Aprender a vivir sin tutela TEXTO: SARAH ALLER FOTO: CHEMA BARROSO MADRID. Cruzó con 11 años el océano para vivir junto a su madre y se encontró en Madrid un amargo tobogán de maltratos, abusos y humillaciones. Apenas cumple los 16, pero ya prefiere ocultar su rostro y también su nombre tras unas iniciales: L. V. Vine de Cali un año después que mi madre. Ella se había casado con un español La falta de atenciones de aquel hombre se transformó poco después en bofetadas y violaciones continuadas durante tres años. De los encuentros clandestinos en casa, aprovechando ausencias de la madre por trabajo, su padrastro pasó a citas obligadas en hostales, cuando el embarazo de su mujer frustró aquellos momentos de soledad con la niña. Me maltrataba, me humillaba... En abril pasado dijo basta. Denunció y demostró con pruebas lo que su familia negaba. Él está en la cárcel, su madre con dos hijos a su cargo y ella en un centro de protección de menores de la Comunidad de Madrid. Dice que está aprendiendo a quererse y, con ayuda de psicólogos, a ser egoísta conmigo misma Desde entonces no ha vuelto a ver a su madre. Dicen que aún es pronto. Tengo mucho que reprocharle. Siempre lo sospechó, pero no hizo nada porque yo se lo negaba. No supo tratarme y aceptar las cosas como eran Dentro de dos años cumplirá los die- ciocho y, con ellos, desaparecerá la tutela que ahora le proporciona la Comunidad. Para que cuando ese día llegue pueda desenvolverse sola, todas las semanas hace el mismo recorrido. Viaja desde su centro de tutela en Móstoles hasta Tirso de Molina. Empezar desde cero El objetivo, aprender en un centro del Instituto Madrileño del Menor y la Familia las nociones básicas para encontrar un empleo o un curso de formación. Se empieza desde cero, porque la vida de estos chicos y sus circunstan- cias personales obligan. De hecho, se parte de algo tan elemental como hacer un currículum, cómo vestirse o de qué manera conversar en una entrevista de trabajo. Me han enseñado a buscar ofertas de trabajo, aquí tienen periódicos y siempre que pueden te acompañan a hacer las entrevistas Los educadores sociales que cada día echan una mano a los doscientos chavales que atienden en sus instalaciones no se ahorran consejos. Te insisten en que hay que ir bien arreglado, sin ropa llamativa y que los piercing, mejor no llevarlos A su lado está Hicham, un marroquí de 19 años que ya terminó su formación en el programa Junco pero que aún se pasa por la calle Olmo de vez en cuando. Después de su intenso periplo entre Tánger, Algeciras, Barcelona y Madrid, a este chaval empieza a sonreírle la vida. Desde hace un año es independiente, se gana la vida como frutero en el barrio de Lucero y su curso como mecánico y cerrajero podría abrirle en breve las puertas de algún taller. Todo es cuestión, dice, de mucho esfuerzo. Confundido entre turistas La mitad encontró empleo antes de terminar el programa MADRID. El programa Junco lo desarrolla desde 1998 el Instituto Madrileño del Menor y la Familia de la Comunidad. Está dirigido a chavales de 16 a 18 años que viven en centros de protección de menores de la Comunidad. El objetivo, darles una formación laboral y enseñarles a adquirir habilidades sociales para iniciar una vida independiente cuando cumplan la mayoría de edad. Los técnicos de Asuntos Sociales del centro, situado junto a Tirso de Molina, les acompañan a las entrevistas de trabajo, hacen un seguimiento de su experiencia laboral y median entre los jóvenes y las empresas. Según el gerente del Instituto Madrileño del Menor y la Familia, Juan José García Ferrer, el centro atiende a 200 adolescentes, 148 de ellos españoles. Las ofertas de trabajo dirigidas a estos menores protegidos han aumentado, dice, un 96 por ciento. De todos los que alcanzaron la mayoría de edad en 2005, la mitad tenían ya empleo. Hicham llegó a Algeciras con 13 años escondido en un barco entre una turba de turistas. Su piel clara y su aspecto europeo ayudó. El destino final fue Madrid, donde ingresó en un centro de menores al que le condujo la policía. De aquellos días no tiene buenos recuerdos pero ahora, con un trabajo bajo el brazo, simplemente sonríe. Lo mismo busca Ainhoa, una adolescente española, de 16 años, que lleva media vida tutelada por la Comunidad de Madrid. La muerte de su padre y el alcoholismo de su madre han marcado su vida, tejida entre centros de protección. Ahora se prepara en Junco para valerse por sí misma cuando cumpla los 18. En septiembre empezaré un curso de peluquería y buscaré trabajo para los fines de semana