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4 Opinión VIERNES 25 8 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil NUEVO REVÉS PARA LÓPEZ OBRADOR L Partido Acción Nacional (PAN) alcanzó por primera vez en la historia la mayoría en el Congreso de México, según confirmó ayer el Instituto Federal Electoral, al hacerse con 206 diputados de los 500 que componen la Cámara y 52 de los 128 senadores. La formación encabezada por Felipe Calderón aventaja al Partido de la Revolución Democrática (PRD) de Andrés Manuel López Obrador, en 81 escaños. Aunque lejos de la mayoría absoluta, la victoria del partido conservador en los comicios del pasado mes de julio parece incontestable toda vez que contará con una fuerza del 41,2 por ciento de los diputados y el 40,6 por ciento en el Senado, mientras que el grupo parlamentario del PRD tendrá el 25 por ciento de los diputados y el 22,5 de los senadores, según datos del IFE. Los porcentajes son lo suficientemente elocuentes. La composición definitiva de las Cámaras se produce a escasos días de que el Tribunal Federal Electoral emita su dictamen sobre la validez o no del recuento efectuado tras la votaciones de hace casi dos meses, que dio la victoria a Calderón por una diferencia de 243.900 votos sobre López Obrador. En este sentido- -y al margen de la decisión de los jueces, que será puramente técnica y ajustada al resultado del nuevo recuento parcial- -la proclamación de la mayoría conseguida por el PAN en el aparato legislativo del país debiera tener un efecto inmediato en esa especie de revuelta social orquestada por el líder del movimiento populista, que se niega a reconocer su derrota. Y es mejor que así sea, porque la escalada de protestas y boicoteos pintaba un feo panorama sobre el país, donde todos los colectivos o sectores sociales que no han visto trampa ni cartón en los comicios han sido víctimas de la ira y la cháchara incendiaria de López Obrador y sus seguidores. Todos han recibido su reprimenda (prensa, partidos e incluso los países que han reconocido la victoria de su contrincante) La agitación no suele deparar nada bueno, sobre todo cuando no tiene sostén en el marco legal. La lectura de las elecciones mexicanas en el exterior permite vislumbrar un parón en la extensión del fenómeno populista en esa región. Ni Colombia, ni Perú, ni- -como se prevé tras el nuevo recuento de las papeletas- -México se han sumado al carro del que tira Hugo Chávez, con un convaleciente Fidel Castro como icono y un Evo Morales como copiloto. El ex alcalde de México debería haberse convertido en un balón de oxígeno para la izquierda radical iberoamericana. Pero el que no haya sido así no justifica la irresponsable actitud de López Obrador, dedicado en cuerpo y alma al peligroso oficio de encender cerillas junto al polvorín. La proclamación de los resultados en el poder legislativo debería hacerle meditar sobre el abandono inmediato de la piromanía política y el acatamiento de la voluntad real de los mexicanos. E LAS ESTATUAS COMO CORTINA DE HUMO AL vez sea pura casualidad, pero el comienzo de los trabajos para desalojar la estatua de Franco de la Academia Militar de Zaragoza (de la que fue fundador) coincide sospechosamente con una etapa de dificultades para el Gobierno. Zapatero regresa a la Moncloa después de unas largas vacaciones, apenas interrumpidas para acercarse durante unas horas a Galicia en una visita más fotográfica que eficaz en la lucha contra los incendios forestales. Ahora, mientras los cayucos siguen llegando sin parar a Canarias, la manifestación convocada en Bilbao en favor del derecho de autodeterminación (ya autorizada por la Audiencia Nacional) demuestra que el proceso negociador en el País Vasco discurre por los cauces que más convienen a las tesis de Batasuna. En este contexto, la puesta en marcha de una operación de imagen resulta oportunistay poco justificada. No es la primera vez que el Ejecutivo lanza cortinas de humo cuando las cosas no van por buen camino. Algunas macro- operaciones con intervención policial, de incontrovertible impacto social, coincidieron también con los momentos más incandescentes de la negociación del Estatuto catalán o la sentencia del caso Bono (detención arbitraria de dos militantes del PP) en los que el Gobierno prefería que los ciudadanos estuvieran entretenidos en otros asuntos. No es lícito en democracia distraer a la opinión pública de las cuestiones que realmente importan para plantear problemas artificiales que sólo afectan a los pequeños intereses de la política partidista. Sin embargo, esta estrategia empieza a ser una costumbre, aunque- -precisamente por ello- -cada vez resulte menos eficaz para sus promotores. La democracia requiere que los gobernantes dediquen su tiempo a solucionar problemas y no a crearlos. De cara al nuevo curso político, los españoles exigen ser informados de forma objetiva acerca de la negociación con ETA y esperan que el Gobierno afronte los temas capitales de la inmigración, la educación o la vivienda. Lo último que les interesa es la ubicación de las estatuas, como ya se demostró con la absurda polémica generada a propósito de la retirada de la que estaba situada en Nuevos Ministerios. T Es inevitable poner en conexión el desalojo (ya anunciado hace algún tiempo) de la estatua de Franco de la emblemática Academia Militar de Zaragoza con la ofensiva en favor de la llamada memoria histórica. El proyecto de ley aprobado antes de las vacaciones no ha logrado convencer a los socios más radicales del Gobierno, dispuestos a desarrollar un revisionismo revanchista que nadie con un mínimo de sentido común debería consentir. En el colmo del desvarío, ERC (socio a tiempo parcial del Ejecutivo) ha llegado a plantear- -en su enmienda a la totalidad- -que el Rey pida perdón por haber sido designado por el anterior jefe de Estado. Es difícil encontrar una fórmula más evidente para buscar el enfrentamiento y deslegitimar la tarea de reconciliación entre los españoles desarrollada por la Monarquía de todos. Los historiadores han dicho- -desde muy diversas posiciones políticas- -que la memoria es un ejercicio estrictamente personal y que sólo los sistemas totalitarios imponen una memoria colectiva, es decir, una especie de verdad oficial que encubre una tiranía intelectual. La Transición supo poner fin, con generosidad y tolerancia, a una historia conflictiva marcada por la guerra civil y el largo régimen autoritario de Franco. Para las nuevas generaciones, los protagonistas del periodo republicano y del franquismo sólo tienen algún significado como parte de los libros de historia. Reabrir viejas heridas provoca un daño notable a la convivencia basada en la Constitución y supone una grave irresponsabilidad en un gobernante democrático. Pero Rodríguez Zapatero parece dispuesto a recorrer ese camino con objeto de buscar una falsa legitimación en su proyecto de ruptura del modelo territorial. La supuesta improvisación en la acción política del Gobierno ha resultado ser parte de un programa perfectamente organizado, que es imprescindible desvelar para plantear una oposición coherente. Se trata, en último término, de considerar la Transición como producto de una imposición de los poderes fácticos y de acusar a la derecha social y política actual de ser heredera del franquismo. Es una gran falsedad, que encierra un grave peligro para el futuro de la España constitucional. EL BAILE DE LOS PLANETAS OR decisión unánime de los científicos reunidos en la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional, Plutón dejó ayer de figurar en la lista oficial de planetas del sistema solar. Después de dos años de debates y diez días de controversias- -filtradas a una opinión pública confundida por el inestable mapa del cielo que, de un día para otro, modificaban los astrónomos en Praga- el hasta ahora planeta pierde la categoría que mantenía desde su descubrimiento en 1930 y pasa a ser un planeta enano poco más que un cuerpo sólido celeste, a la altura de Ceres y Xena, dos aspirantes que a punto estuvieron también de entrar en la nueva y excluyente clasificación planetaria. La histórica votación que ayer modificó la configuración del sistema solar viene a establecer unos principios, supuestamente definitivos, para evitar que los planetas, como sucedió hasta bien entrado el siglo pasado y desde los tiempos de Copérnico, continúen entrando y saliendo del sistema solar de forma arbitraria. La ciencia sigue su curso, transformando y perfeccionando la percepción que tenemos de la realidad a través de sucesivas revoluciones, alguna tan civilizada como la celebrada en Praga, pe- P ro la opinión pública ha asistido estos días a poco menos que una subasta de papeles en el reparto de la función del sistema solar. Los nombres de Ceres, Xena y Caronte no han dejado de desorientar a quienes seguían, desde la distancia, los debates de la Unión Astronómica Internacional, cuyo dictamen, ayer, servirá para alterar el mapa celeste que en las últimas décadas habían estudiado y aprendido de memoria los escolares de todo el mundo. Como la caída del Muro obligó a renovar los manuales de Geografía, la redefinición planetaria forzará a corregir mapas, manuales y unos libros de texto, ya distribuidos para el curso que arranca en septiembre, en cuyas páginas de Ciencia sobra Plutón como planeta. El cambio es irreversible, y quizá necesario para incorporar y compatibilizar con cierta lógica científica los últimos hallazgos y estándares astronómicos, pero la mecánica de los debates de Praga- -con el baile de Ceres, Xena y Caronte, y luego a través del desenlace protagonizado por Plutón- -no ha hecho sino trasladar a la opinión pública la sensación de que ha sido un capricho gremial y no un genuino avance de la ciencia el responsable de un cambio de tanto recorrido y con tantas implicaciones.