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24 8 06 CRÍMENES SIN RESOLVER Una página del diario El caso de Aurora Mancebo, desaparecida en febrero de 2004 en Tarragona, ha puesto a prueba la perseverancia y la preparación de la Policía. El cadáver de la joven- -todo apunta a que fue asesinada- -no ha sido encontrado, pero sí sus ropas y la Biblia con la que salió de su casa. Los investigadores han reconstruido, minuto a minuto, sus últimos días CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ asi de un día para otro, a principios de diciembre de 2003, Aurora Mancebo, de 24 años y vecina de Tarragona, cambió de estado de ánimo. La joven, en tratamiento psicológico desde 1996, comenzó a reflejar en las páginas de su diario nuevas ilusiones, cambios espirituales, hasta cuidaba más la letra y lo que escribía tenía más sentido... Parecía una mujer nueva, como si el episodio ocurrido hacía tanto tiempo y que desató su depresión- -fue golpeada por la nueva acompañante de su ex novio- hubiera quedado definitivamente atrás. Ya no estaba encerrada en sí misma, sin apenas salir a la calle. Ahora se arreglaba y había adelgazado más de 30 kilos. A ojos de sus padres, esa nueva Aurora sólo despertaba esperanzas. Por fin había salido del túnel tenebroso; por fin demostraba ganas de vivir y recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, en su diario reflejaba también un interés inquietante por lo esotérico, con alusiones a ángeles y demonios, referencias a la Biblia... Definitivamente, algo había cambiado en lo más profundo de Aurora. C El 23 de febrero, la joven estuvo por primera vez toda una noche fuera de casa. Salió a la una de la madrugada y regresó a las siete en autobús, tal como demuestra el billete que compró. El 24 y el 25 se quedó en casa, y el 26 fotografió puntos concretos próximos a su vivienda, en la urbanización El Bosque. El 27 debía ir al médico, pero anuló la cita. Pasó buena parte de la tarde en el cuarto de baño, acicalándose, como si se preparara para una cita que consideraba importante. A las 21.15 dijo a sus padres: Salgo un momento Llevaba en el brazo un fular, que cubría una Biblia. Su móvil y su documentación se quedaron en el cuarto... Sobre las diez de la noche, los padres de Aurora ya intuían algo. Hablaron con los amigos de la chica, también con la Policía. Presentaron denuncia el 28. Diez días después, se halló toda la ropa en un bosquecillo próximo a la casa familiar, y también el fular envolviendo la Biblia, con tapas de cuero y hojas de papel cebolla. Había dos detalles un tanto extraños. En primer lugar, la secuencia de aparición de la indumentaria de la jo- ven no guardaba la lógica de alguien que se hubiera desnudado de forma voluntaria. Por si fuera poco, los días anteriores al hallazgo había llovido como casi nunca en esa zona y, sin embargo, esas pertenencias no estaban mojadas, ni siquiera húmedas. Quizá fueron puestas allí sólo unas horas antes. Al menos ésa es una de las hipótesis de la investigación. uando la Sección de Homicidios y Desaparecidos de la UDEV Central de la Policía se hizo cargo del caso habían pasado ya siete meses. La familia se impacientaba por la falta de resultados a pesar del tiempo transcurrido y llamó a las puertas de las más altas instancias del Estado para pedir que se diera un nuevo impulso a las pesquisas. Fue el actual comisario jefe de la UDEV Central quien desde entonces dirigió la investigación, y lo primero que ordenó fue un análisis del diario de Aurora. Se extrajeron dos conclusiones: lo sucedido estaba relacionado con lo reflejado en esas páginas entre diciembre y febrero y, además, lo que pasó el viernes 27 de febrero no se podía entender sin conocer a fondo los sucesos de la noche del lunes anterior, día 23. Descartadas otras hipótesis, el jefe de la investigación ordenó centrarse en la reconstrucción de esta última noche, y especialmente en lo sucedido entre las cuatro de la madrugada, cuando cerró el pub en el que estaba la chica, y las siete, hora en que llegó a su casa. En el móvil de Aurora estaban registrados dos mensajes que había enviado el jueves 26 de febrero, un día antes de su desaparición. El primero, cuyo destinatario era el chico con el que había C A ojos de sus padres, la nueva Aurora sólo despertaba esperanzas. Por fin había salido del túnel tenebroso; por fin demostraba ganas de vivir y recuperar el tiempo perdido Un testigo asegura que un conocido suyo le reconoció que había estado con la joven la noche de su desaparición, que se le murió en el coche y que luego la enterró Los padres de Aurora Mancebo durante una rueda de prensa EFE