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24 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS Harry Potter Un beso en treinta tomas Toma que toma, el primer beso de Harry Potter (Daniel Radcliffe para los contratos) fue preciso repetirlo treinta veces. El aprendiz de mago, torpe o caradura (a saber) culpó a los socorridos nervios. La orden del Fénix llegará a las pantallas en julio de 2007, si el celuloide ha terminado de secarse. POR FEDERICO MARÍN BELLÓN ontaba Billy Wilder, Dios para los amigos, que después de unas setenta tomas fallidas de una escena en la que Marilyn Monroe parecía incapaz de memorizar una sencilla frase de Con faldas y a lo loco incluso después de escribírsela por todas partes, fue a hablar con ella para decirle que no se pusiera nerviosa. ¿Y por qué habría de estarlo? respondió resuelto el mito. Algo parecido tuvo que sentir Daniel Radcliffe tras repetir treinta C Katie Leung es Cho Chang ABC Daniel Radcliffe, intérprete de Harry Potter ABC No sorprende que J. K. Rowling, madre de la criatura, se plantee el parricidio. Si el primer beso ha costado tanto, no querrá ni pensar cómo puede ser su primera escena de cama veces el primer beso de Harry Potter, hasta que el director y él mismo quedaron satisfechos. El actor adolescente achacó a los nervios que se les atragantara el plano. Ni con ayuda de su prodigiosa varita era capaz de tranquilizar a Katie Leung, la actriz que da vida a Cho Chang, primer amor carnal (como poco labial) del pequeño héroe. Dios mío, ¡fue tan divertido! acertó a declarar al diario británico The Sun amarillo como el sol. Una vez que lo hicimos, nos sentimos bien añadió en un arranque de sinceridad, sin recordar el hipócrita discurso de manual. No menos entusiasta, su compañera de reparto aclaró: Daniel besa muy bien; lo disfruté mucho La joven añadió que Radcliffe, cual Billy Wilder, hablaba con ella y le decía que no debía estar nerviosa. David Yates, director de la quinta entrega de la serie, comentó que rodaron muchas, muchas tomas porque era una escena clave, muy sensible y cariñosa, como debe ser el primer beso El cineasta no aclaró si el estrabismo de los muchachos- -evidente en las imágenes- -es la causa o el resultado de sus dificultades ante la cámara. Pero quién sabe si este esforzado ósculo no pasará a la historia como el legendario intercambio de ADN que protagonizaron Ingrid Bergman y Cary Grant en la película Encadenados de 1946. Hitchcock sorteó la ridícula restricción del código Hays, que limitaba el contacto a dos segundos, y troceó en el montaje tan formidable morreo para que durara casi medio minuto. En todo caso, no sorprende que J. K. Rowling, madre de la criatura, se plantee seriamente el parricidio, pese a la oposición de su legión de admiradores y de algunos de sus colegas. Si el primer beso ha costado tanto, no querrá ni pensar cómo puede ser su primera escena de cama. Con la cara que tiene el muchacho, sería capaz de superar a Marilyn.