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ABC JUEVES 24 8 2006 Madrid 37 Santa María de la Cabeza estrena en septiembre un mercado que combina los puestos tradicionales con un súper La reforma ha costado 3 millones de euros, entre dinero público y privado b El Ayuntamiento madrileño tiene en marcha un plan de modernización de mercados municipales en el que se han invertido casi 40 millones de euros SARA MEDIALDEA MADRID. En seis años, el mercado de Santa María de la Cabeza había visto cómo cerraban un 30 por ciento de sus puestos. Se imponía la reforma: desde marzo, ésta se lleva a cabo, y ahora está a punto de concluir- -el 6 de septiembre reabrirá sus puertas- tras haberse convertido en un híbrido que mezcla puestos tradicionales con una mediana superficie de la empresa Mercadona. Con una inversión pública y privada de 3,1 millones de euros, el mercado ha transformado su soporte físico y reorganiza la actividad comercial. No sin esfuerzo: como explicaba Manuel Casado, portavoz de los pequeños comerciantes del centro, llevan dos meses cerrados, en los que han vivido de los ahorros esperando el fin de los trabajos y la vuelta a la actividad comercial. Por eso están deseando que llegue el 6 de septiembre y reabran, tras una transformación que había que hacer: estábamos perdiendo clientela En quince días, en la planta de arriba estará el Mercadona y todos los puestos tradicionales de fruta y verdura; y abajo, el resto de los comercios. El consejero- delegado de Economía, Miguel Ángel Villanueva, responsable del programa de Modernización de Mercados que se acomete hace tres años en la ciudad, recordó algunos datos generales del mismo: se han invertido 40 millones de euros, entre aportaciones privadas y fondos de Ayuntamiento capitalino y de la Comunidad de Madrid. Una inversión muy importante que ya ha dado sus frutos: están rehabilitados íntegramente los mercados de Guzmán el Bueno, Numancia, San Isidro y Tetuán; y en proceso además de éste, los de Chamberí, Puente de Vallecas, San Antón, Usera, Doña Carlota, Guillermo de Osma y Pacífico. MADRID AL DÍA COSTURONES MANUEL MARÍA MESEGUER E El alcalde inspecciona las obras del mercado CHEMA BARROSO Actuaciones directas Además de las subvenciones a asociaciones de comerciantes, el Ayuntamiento madrileño ha acometido varias acciones directas de modernización de mercados, en casos especialmente emblemáticos: Barceló. Se reforma integralmente el mercado y todo su ámbito. La Cebada. Se ha convocado un segundo concurso de ideas para reformarlo. Torrijos. En este caso, el mercado se vendió, se ha demolido y ahora se reconstruirá, con viviendas encima. Atocha. Este centro se cierra porque cuenta sólo con 3 puestos abiertos. El alcalde Alberto Ruiz- Gallardón insistió en su idea- fuerza sobre los mercados: Son mucho más que un espacio comercial, ayudan a hacer ciudad De acuerdo con su explicación, existen dos modelos: el anglosajón, en el que se concentran en el extrarradio los locales comerciales y los vecinos se Modelo anglosajón y europeo Hay además un mercado en construcción- -el de Puerta Bonita- otros seis con mejoras parciales- -Chamartín, La Paz, Águilas, Las Ventas, San Pascual y Vicálvaro- y otros que aún pasan por la fase de redacción del proyecto: Antón Martín, La Paz, La Remonta, Maravillas, Tirso de Molina, Vicálvaro, y los de Argüelles, Bami, Embajadores, Ibiza, Moratalaz, Orcasitas, San Enrique, Santa Eugenia y Villaverde Alto. desplazan hasta allí en coche para realizar sus compras; y el europeo, con mercados de barrio donde los residentes acuden paseando. Este es el modelo que él quiere potenciar en la capital. Su apuesta en este sentido se concreta en dos cifras: 32.000 euros en formación de 60 directivos de mercados, y 11,7 millones más para las subvenciones públicas y obras de modernización de estos espacios en todo Madrid. Otra de las acciones llevadas a cabo en esta misma línea es la creación de la marca Mercados de Madrid que quiere potenciar la competitividad de estos espacios. En algunos casos, como éste de Santa María de la Cabeza, la reforma se completa con la incorporación de otra actividad: en unos casos, una mediana superficie que atraiga al cliente hasta el comercio tradicional; en otras, dotarle de un gimnasio en su planta superior, para aumentar el atractivo del centro. Todo por convertir a los mercados de barrio en establecimientos más competitivos. n la España del subdesarrollo podía verse en los escaparates de las mercerías el aviso Se cogen puntos de medias para remediar las carreras que se hacían en las medias cristal tan pronto un obstáculo o una mano furtiva y perentoria se tropezaba con las piernas femeninas. Eran tiempos en que se respetaba más el dinero y por unos puntos no se iba a desechar un par de medias con la dificultad que entrañaba encontrarlas. Y lo caras que resultaban. En los domicilios particulares se efectuaba la misma operación con un vaso en cuya boca se tensaba el trozo de media dañado y con una finísima aguja de ganchillo se cogían los puntos que según la habilidad de la reparadora apenas eran visibles o terminaban con el aspecto de costurones en mejilla de presidiario. Luego fueron llegando los primeros rudimentos de consumismo, con artículos de usar y tirar, y los avisos fueron desapareciendo de las cristaleras casi al ritmo de muchas de las mercerías. Vuelve ahora la obsesión por los puntos, aunque el anuncio no aparece ya en las vidrieras de las tiendas sino en Internet, la red de redes de la que ya va resultando imposible escapar. Y además, los puntos ya no se cogen, sino que se venden a conductores pillados en cualquier infracción, alguna de ellas verdaderamente chusca. Un domingo de agosto, en un pueblo de la Sierra, un automovilista aparca un segundo para comprar la Prensa. El coche invade en medio metro la zona de la parada del autobús. Cuando regresa a recoger el vehículo dos guardias municipales le están esperando. El más veterano y panzudo en exceso le dice al más joven: Dile lo de los dos puntos Y el municipal bisoño le comunica al conductor que por ese día, pase, pero la próxima vez le costará una multa y dos puntos. Dos puntos por medio metro, lo mismo que conducir bajo los efectos del alcohol. A las autoridades de la cosa habría que aconsejarles que domeñen a sus huestes no vaya a ser que comience un tráfico ilegal de puntos como en los tiempos del estraperlo con la penicilina. Si a los automovilistas hay que exigirles prudencia, a los agentes habrá que pedirles mesura para evitar que los costurones provoquen una procesión de octogenarios renovándose el carné de conducir para transfundírselos en caso de urgencia a sus nietos o a cualquiera de las tiendas- mercerías de la Red.