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ABC JUEVES 24 8 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ÁNGEL DUARTE MARAGALL, TAN CERCA DE MACIÀ, TAN LEJOS DE CAMBÓ Tenemos los catalanes un largo y feraz inventario de patriotas que, de la nada, o casi, se supone que construyeron un imaginario nacional. De ese templo a las esencias patrias, justamente, se ha visto excluido, a menudo, Cambó H ACE unos días, en medio de toda suerte de comentarios a propósito de los extravíos estivales, que no estrictamente vacacionales, de Pascual Maragall pudo leerse en estas páginas, y en medio de un análisis por lo demás impecable, una fórmula que podía inducir a confusión. Se decía en ella que el Honorable Maragall pretende instalarse, con su errática conducta y sus salidas de tono a propósito del carácter residual del Estado en Cataluña, en la hornacina de Cambó y de Maciá. La cuestión, intentaré argumentarlo, es que no existe, ni ha existido jamás, tal cosa. Lo que hay, eso sí es cierto, es un panteón de hombres ilustres del moderno catalanismo político. Tenemos, los catalanes de hoy en día, un largo y feraz inventario de patriotas que, de la nada, o casi, se supone que construyeron un imaginario nacional. Me refiero a aquel relato que arranca con vocación alternativa al que los naturales de esta región compartimos, quiérase o no, con el resto de españoles. De ese templo a las esencias patrias, justamente, se ha visto excluido, a menudo, Cambó. Lisa y llanamente, no encajaba, ni encaja, en el canon nacionalista del buen catalán. En no pocas ocasiones, y en particular aduciendo su actitud, del todo punto comprensible, en el dramático verano de 1936, se le ha llegado a colgar el sambenito de traidor. Cambó fue, qué duda cabe, un político catalanista. Aunque al mismo tiempo, y para demostrar que ello no es incompatible, fue también un liberal y un dinástico. Esto último en el sentido práctico del término y en momentos no precisamente fáciles: desde los albores de las crisis institucionales de 1917 a la primera posguerra civil, pasando por el malhadado año de 1930. A fuer de liberal, en 1931 dejó pasar los meses con una primera aceptación de lo que parecía ser un clamor popular: la República. A poco de iniciada, constató que ésta, en tanto que régimen parlamentario, presentaba graves limitaciones. La denuncia fue implacable. Me remito tanto a su testimonio como a las magníficas crónicas republicanas de Josep Pla recientemente editadas por Xavier Pericay. Sépalo el leedor habitual de ABC, el votante de centro- derecha, el español sensato alarmado por la incontinencia verbal y gestual que gasta a menudo la clase política catalana: el dirigente de la Lliga Regionalista procedió como un constitucional y un demócrata. Aunque, como no podía ser de otra manera, acertara y errara en sus compromisos concretos. En cualquier caso, siempre se mantuvo alejado, por ética y por estética, de toda veleidad populista. Su responsabilidad para con los intereses catalanes, a los que se debía, se puso de manifiesto en la acción parlamentaria y en la defensa de los sectores económicos que creía vector de modernización e instrumento de creación de riqueza. Por lo demás, su labor de mecenazgo cultural obró maravillas y ÁNGEL CÓRDOBA contrasta, gracias al paso del tiempo, con un antes y un después marcados por la ausencia de ambición y el exceso de sectarismo. A Cambó todo ello no le resultó un obstáculo, antes al contrario, para man- tener un compromiso leal, o sea, permanente y desde la independencia de criterio, con España y con el bien común de los españoles. Reléanse a esos efectos los trabajos a él dedicados por plumas historiográficas tan diversas como la ya clásica de Jesús Pabón, o las más recientes de Enric Ucelay Da Cal y Borja de Riquer. Para acabar de poner las cosas en su sitio, debería recordarse que la plena proyección de Macià al centro de la vida política, en esas jornadas que transcurren alrededor del 14 de abril de 1931, tuvo lugar, precisamente, con las muchedumbres gritando en las calles el premonitorio, por fratricida, grito de Visca Macia! Mori Cambó! El odio de las multitudes republicanas y separatistas, sindicalistas y libertarias, para con el dirigente regionalista arrancaba, como comprenderá fácilmente el lector, de lo dicho en las líneas precedentes. Se trataba de una animadversión estimulada por los sectores más agrios y resentidos de la izquierda catalana. Aquella izquierda que, como la capitaneada por Lluís Companys- -éste sí que forma parte de la hornacina- no encaja en la historia previa del catalanismo y que, por el contrario, solía entrar en campaña electoral pistola en mano y agitando un programa de confrontación social. Eran otros tiempos. Volvamos a los nuestros. El desconcertante Maragall pudo parecer, de entrada, que quería jugar a ser un nuevo Cambó. De izquierdas o, si se quiere, progresista. Se presentó a las elecciones como un dirigente precavido frente a los efluvios identitarios, defensor de intereses sustantivos, catalanista y español a un tiempo, liberal y abierto en sus horizontes. El espejismo duró poco. Me temo que, por afán de pasar a la historia como Honorable, se arrejuntó con gente que lo llevaron a convertirse en un remedo posmoderno del Macià atrabiliario. O eso, o bien estamos ante una querencia, la del Bolívar catalán, asociada inextricablemente con el cargo de presidente autonómico. Vayan ustedes a saber. Lo que sí me parece incontestable es que su proceder nada ha tenido que ver con el de Cambó. Frente a la racionalidad y la claridad de éste, Maragall optó por el sentimentalismo y la confusión propios de Macià y, en todo caso, de Companys. Catedrático de Historia Contemporánea. Universidad de Gerona TRIBUNA ABIERTA POR DIEGO MERRY DEL VAL IRÁN: MÁS DIFÍCIL TODAVÍA En posición de fuerza tras la guerra torpemente librada por Israel contra sus aliados de Hizbolá, Irán sigue tan intransigente como siempre en la cuestión nuclear diagnosticaba el Figaro en su editorial de ayer. Los iraníes rechazan el ultimátum de la ONU para poner fin al enriquecimiento de uranio antes del próximo día 31, aunque ofrecer retomar las negociaciones y afirman proponer una nueva fórmula que las haga posible. Si no se verifica la suspensión del enriquecimiento, el Consejo de Seguridad de la ONU deberá preparar sanciones, que, dadas las reticencias de Rusia y China, serán de corto alcance y no harán que Teherán se pliegue a sus exigencias. En una línea más optimista, el Times considera que la respuesta iraní sugiere suficiente flexibilidad como para apoyar la hipótesis de que algunas figuras dentro del régimen, si no todas, podrían estar buscando vías de escape a la difícil situación en que se ha colocado Irán. Alí Larijani, el principal negociador iraní para la cuestión nuclear, ha ofrecido entablar conversaciones serias y constructivas con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania. La cuestión es si esta oferta supone un paso suficiente para entablar negociaciones, a la vista de la duplicidad y la beligerancia de que en el pasado han hecho gala los líderes iraníes. Si las negociaciones no se reanudan, Washington lo tendrá difícil para imponer sanciones a Irán, considera Helene Cooper en el New York Times. Los miembros pequeños del Consejo de Seguridad están tan irritados por la forma en que Estados Unidos y Francia han llevado la crisis del Líbano que van a dar a Rusia y China cobertura política suficiente como para evitar sanciones duras Por su parte, el Guardian cita un informe de Chatham House: Hay pocas dudas de que el principal beneficiario de la guerra contra el terrorismo ha sido Irán. Estados Unidos ha borrado del mapa a dos regímenes rivales en la región, el de Sadam Husein y el de los talibanes, pero no los ha sustituido por estructuras estables Por si alguien más tiene dudas, el Teheran Times destaca las declaraciones del líder espiritual, Alí Jamenei: Irán está decidido a continuar la investigación nuclear hasta alcanzar un resultado satisfactorio. La gloriosa victoria de Hizbolá demuestra que ningún poder en el mundo podrá enfrentarse a los países islámicos si éstos permanecen unidos