Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 24 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA MARBELLA VICE los muchos encantos que aún conserva, a pesar de la brutal embestida de mal gusto con que los años del gilismo dejaron marcado su paraíso de buganvillas, Marbella ha unido este verano un atractivo nuevo: el de lo que podríamos llamar el parque temático de la corrupción. Donde antes se localizaba la memoria del glamour, las casas de Sean Connery o Deborah Kerr, los yates de Onassis o Kashogui, la residencia otoñal de Soraya, el sueño floral de los Hohenlohe, incluso la apoteosis del excesoreal saudí, se levanta ahora la geografía del latrocinio. Turistas y veraneantes recorren la ciudad según una especie de mapa delcohecho. Mira, este restaurante es de un imputado en la OperaIGNACIO ción Malaya Ese edifiCAMACHO cio de ahí es el que construyó Gil pagando una comisión al PSOE antes de ser alcalde En ese hotel ilegal tenía un apartamento la Pantoja Por autorizar la compra de este inmueble se pagó una comisión de dos sorollas ¿Y esa barbaridad, esa mole de hormigón junto a la playa? Eso lo levantó un constructor encarcelado En el camino de Alhaurín hay días con atascos en horas punta. Algunos curiosos se acercan a la cárcel del pueblo con más alcaldes de España en busca de una oportunidad morbosa para retratar con el móvil a algún presunto, aunque no se sabe si hay más delincuentes dentro que fuera de la prisión, en cuyos aledaños se ha organizado un mercado negro de fotos robadas, grabaciones interceptadas y exclusivas ficticias. En esa penitenciaría se ha acabado juntando lo mejor de cada casa: asesinos de niñas, violadores en serie, abogados mafiosos, traficantes de postín y todo el dramatis personae de la tangentópolis de Marbella, un microcosmos de rufianes de cuello blanco, recalificadores de vertederos y antiguas marujas desclasadas a base de bótox, pedruscos y vestidos de leopardo. Espíritusselectos de esta época, que diría el Marco Antonio de Shakespeare. Y en medio de ese escenario esperpéntico, picaresco y acanallado, la gestora que ha sustituido a los mangantes se las ve y se las desea para limpiar las playas, pagar el alumbrado y hacer frente a la nómina de cada mes con una caja fuerte habitada por telarañas, esquilmada tras el concienzudo saqueo. Lo hacen con un ojo en los jueces y otro en las elecciones municipales, para las que, salvo en el PP, único partido que se quedó al margen del pillaje, van a tener que reclutar candidatos como Diógenes, con una linterna. Porque lo peor está por llegar. Será el momento en que un puñado de hombres y mujeres presuntamente justos tendrá que enfrentarse a la tarea de gobernar una ciudad sin ley en el más estricto sentido del término. Donde miles de viviendas son ilegales, cientos de contratos son fraudulentos, no queda suelo para colegios ni jardines y los ciudadanos, que han sido cómplices silenciosos de todo ese desfalco, necesitan mirarse en un espejo sin azogue que no les devuelva la imagen de la miseria moral en que tan a gusto han vivido. A TERRIBLE MEDICINA ALEMANA A memoria de Alemania no se borrará en siglos. Alemania toma y toma enormes dosis de esa purga terrible, la memoria. Y sin embargo, el horror vuelve a veces. El olvido sería peor. Por eso admiramos la grandeza alemana, su opción a favor del terrible contraveneno de la verdad frente a la ocultación. El sentimiento de culpabilidad permanecerá en millones de alemanes, quizá durante un milenio. Fueron muchos los que llevaron a cabo, entre enero de 1942 y abril de 1945, la solución final, obedientes a Hitler y al nacionalsocialismo. En campos regidos por alemanes se exterminó a seis millones de judíos. Dos millones de internados de otro origen, muchos de ellos oponentes alemanes, murieron también. Aunque los crímenes atribuidos a Stalin o al primer maoísmo fueran numéricamente superiores, hay en el Holocausto un carácter único, de perversión químicamente pura, su abstracDARÍO to racismo. Seis millones de hombres VALCÁRCEL y mujeres, entre ellos 800.000 niños, fueron aniquilados por un motivo, ser judíos. Ahora el escritor Günter Grass ha reconocido a los 78 años su voluntaria inscripción en la Waffen SS, a los 17 de su edad. Dice que tomó conscientemente su decisión en invierno de 1945 y que entonces no tenía información sobre las matanzas en los campos. Pero las insinuaciones y medias palabras eran constantes en las SS, ese ejército particular de Hitler. Un día de invierno de 1942, en una villa próxima a Berlín, junto a un idílico lago, la Wannsee, se reunió el lugarteniente de Himmler, Reynhard Heydrich, con 14 representantes de las SS y del gobierno nazi para decidir el exterminio. Los detalles de la reunión han sido escuetamente narrados por un profesor británico, Mark Roseman, en una obra distribuida por el propio gobierno alemán, en un escalofriante acto de penitencia. Las SS eran las primeras encargadas del trabajo. Es difícil asegurar que nada se sabía. L La tragedia alemana está lejos de la guerra civil española, aunque coincidieran en el tiempo y el espacio geográfico. Lo escrito estos días sobre Günter Grass no es fácil de trasladar a tierras de Castilla, Aragón o Cataluña. El escenario es diferente en casi todo. Cuando se tomaban las decisiones fatales de la Wannsee, el 20 de enero de 1942, en España cumplía sus primeros años una dictadura mediocre y cruel. La furia infernal de Hitler era en Franco oportunismo pegado al terreno. En Stalingrado o en Dresde había bombardeos arrasadores mientras en España había racionamiento y pequeña corrupción. Alemania estaba en guerra y cometió el mayor crimen entonces conocido. En España, Franco hizo fusilar en la posguerra una cifra, aún no definida, de decenas de millares de víctimas. A pesar de las distancias, surgen preguntas inevitables: ¿Por qué abogar por la abolición de la memoria? ¿Por qué defender el olvido? ¿Por qué mezclar, después de 70 años, dos elementos tan distintos como la reconciliación y el perdón, de un lado, de otro la goma de borrar? ¿Por qué aspirar a una memoria parcial, respetuosa del recuerdo de unos pero no de otros? ¿Cómo no entender que la memoria, de no estar enterrada por todos sin excepción, sale inevitablemente a flote? Los testimonios fehacientes, reunidos por los historiadores, no por los políticos, forman la historia. Memory should always speak, no matter how painful. Hoy vemos cómo uno de los escritores que mejor han reflexionado sobre la crueldad reconoce, al cabo de 60 años, haber formado parte del cuerpo más cruel del nazismo. Alemania es hoy un país distinto. Millones de extranjeros han recorrido sus calles durante el campeonato de julio y han admirado la normalidad alemana, el amor, por fin, a su bandera. Pero la canciller Angela Merkel lo recuerda: Alemania no enviará tropas a la fuerza de las Naciones Unidas en Líbano. Los alemanes no pueden imaginar a los soldados de la Bundeswehr enfrentados a soldados israelíes.