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ABC MIÉRCOLES 23 8 2006 49 FIRMAS EN ABC pero no apta para los mochales del dinero y lo moderno Derruyeron un edificio de dos plantas desde cuyas ventanas trepaban los jazmines hacia los balcones. Estaba situada en una pequeña loma muy cerca del mar y era el hogar de una familia que la cuidaba con amor desde la generación de los bisabuelos. En el patio en el que florecían naranjos, nísperos, geranios, claveles, una parra, buganvillas... han hecho una piscina. Aquel hogar, cuyos cimientos están en mi vida para siempre, me alimenta de gratos y divinos azules amén de otros colores. También, entonces, la existencia, a pesar de los pesares, parecía tercamente empeñada en mantenerlos, impregnados por la luz del cielo que destellaba gracias a una bola de fuego durante el día y palpitaba impaciente durante la noche por las inquietas estrellas, tantas veces fugaces, como luego serían demasiadas cosas. Pero, en aquel tiempo, sólo era la belleza del sol arrancándole más azul al mar o la luna que rielaba en sus aguas y las doraba en la oscuridad, justo cuando la dama de noche alcanzaba el grado culminante de su fragancia. Aún olfateo aquellos aromas trayéndome un pasado remachado en el alma. Como la evocación de las madres, tan jóvenes aquellos días, que eran la esencia de los hogares. Otro prodigio éste que nos proporcionaba el color blanco de la alegría. Los adolescentes nos teñíamos, también, con el blanco de la inexperiencia, que era como un faro que nos alejaba con pericia del negro que un día llegaría, irremediablemente, a nuestras vidas. Tenía su importancia, asimismo, el sosiego de las playas solitarias, eso sí, vigiladas por los muchachos del campo que a ras de la vía del tren, miraban y remiraban a las pocas bañistas de la capital, sin olvidar a las intrépidas mujeres de algunas cortijadas, que se metían en el mar con sus vestidos oscuros entre risas felices y nerviosas. Los jóvenes se divertían en los guateques o en las moragas, que llevaban el rojo del fuego a la playa, y entre sardina y sardina, a algunos se les fue la sed en el vino y cogieron su primera borrachera. El aburrimiento no exístia, las mentes juveniles derrochaban creatividad, pasión por la existencia. La mayoría leía mucho y así se supo, por ejemplo, que el médico personal del gran califa Abderramán III, en la Córdoba del esplendor, fue un judío. ¡Qué cosas! ¿no? En el verano, olores, sabores, percepciones, todo, se fundía en colores. Tú casa mía, hogar mío, fuiste, ahora lo sé, el primer amor de mi vida. No importa que te derruyeran, tan bella, y te sustituyera la vulgaridad. Tú me pertenecerás para siempre, porque en ti se forjó la esencia de lo que ahora soy. TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO PERIODISTA DÍAS AZULES En aquel tiempo, sólo era la belleza del sol arrancándole más azul al mar o la luna que rielaba en sus aguas y las doraba en la oscuridad, justo cuando la dama de noche alcanzaba el grado culminante de su fragancia. Aún olfateo aquellos aromas trayéndome un pasado remachado en el alma... E N la película de igual título, -puede verse en las pantallas de los cines españoles- una casa es el núcleo en el que convergen tres hermanos, que en ella pasaron sus vacaciones de niños y adolescentes, dispuestos a venderla. Sus distintas formas de entender y buscarse la vida es, desde mi punto de vista, menos importante que aquellas paredes en las que están clavadas sus raíces, hasta el punto de que, pasados unos años, uno de ellos decide hacerla suya de nuevo. En la simbología que va más allá de sus tragedias y soledades, otro de los hermanos, coloca un ancla, hallada al azar, al pie de un árbol, que está, también, en la raíz de su pasado. Piensa que quizá exista todavía algo a lo que agarrarse. Para salvarse, claro. En la memoria histórica es fundamental la memoria personal que guarda, fielmente, las horas de nuestra vida. Otra cosa es el uso que hagamos de ella. Quiero evocar hoy una casa que aún se alza en el recuerdo, y no como un fantasma del ayer, sino con la resistencia vigorosa de lo que ha sido parte de uno mismo. En su solar han levantado, ahora, uno de eso chalés modernos y de pésimo gusto, porque la casa, ¡ay! era antigua con esa belleza, sin embargo, capaz de traspasar el tiempo, OCTAVIO AGUILERA ESCRITOR Y PERIODISTA EL TEATRO ESPERÓ A BECKETT E L pasado 13 de abril se cumplió el centenario del nacimiento de Samuel Beckett (acaecido en Foxrock, Dublín) escritor que figura en primer plano así en la historia de la literatura inglesa como en la francesa (murió en París en 1989) Beckett marcó en gran medida el rumbo de las inquietudes teatrales de quienes éramos jóvenes en los años cincuenta y sesenta con su teatro del absurdo Recuérdese, por ejemplo, el enorme escándalo que supuso en 1953 el estreno de su famoso Esperando a Godot. Con Eugène Ionesco, Arthur Adamov y otros autores de vanguardia de aquellos años, el irlandés cambió la modalidad tradicional de la representación escénica, apartándose radicalmente del naturalismo. Aquella obra se convirtió en un clásico del absurdo, cuyo humor negro presenta evidentes resonancias metafísicas, y trazó una línea divisoria entre el teatro de antes y el de después. Yo recuerdo una escenificación- -tal vez tardía por tratarse de una versión comercial y no de grupos minoritarios y a veces subversi- Beckett marcó en gran medida el rumbo de las inquietudes teatrales de quienes éramos jóvenes en los años cincuenta y sesenta con su teatro del absurdo Recuérdese el enorme escándalo que supuso Esperando a Godot vos- -del grupo La Gàbia, en Barcelona, en 1985. Asimismo tengo constancia de que en este mismo año publicó el texto la editorial Tusquets, en traducción de Ana María Moix. Son simplemente mis referencias personales que no quiere decir que antes no hubiera precedentes de una y otra cosa (representación y publicación) Pienso que efemérides tales han de tener la virtud de que bien recordemos obras ya olvidadas, bien nos acerquemos a ellas por vez primera si fuese el caso. Así, por ejemplo, de este irlandés- francés, podemos recordar ideas como ésta: He ahí al hombre íntegro arremetiendo contra su calzado, cuando el culpable es el pie O como esta otra: Yo soy así. Olvido enseguida o no olvido nunca Más aún: Todos somos locos. Algunos siguen siéndolo Están entresacadas de la mencionada En attendant Godot, esta parábola de confusa simbología. En attendant, mientras, repasar otras piezas dramáticas suyas como Fin de partida, Días felices... o novelas como Murphy, Malone muere, Watt... Puede que no estemos de acuerdo, que nos parezca absurdo, pero vale la pena releer la literatura (y la filosofía subyacente) de Beckett, que trabajó durante algún tiempo como secretario de Joyce, y que fue galardonado con el Nobel en 1969. La gran amistad con el autor del Ulises fue decisiva para su vocación literaria y para sus opciones estéticas. Sin embargo, mientras Joyce utiliza la simultaneidad, de forma que su obra quiere ser un inmenso laberinto de referencias y símbolos, Beckett se inclina por una técnica contraria. El mismo escribió en un ensayo: Joyce tiende a la omnisciencia y a la omnipotencia como artista. Yo trabajo con impotencia, con ignorancia Ambos consiguieron, sin embargo, idéntico clima de crítica social.