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23 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS Santiago Rusiñol Un recuerdo incómodo Se cumplen 75 años de la muerte del pintor que, tras años de refugio en la Belle Époque parisina, volvió a su tierra. Tras un cierto éxito, padeció la indiferencia del Noucentismo catalán POR SERGI DORIA ¡M enuda película, la vida de Santiago Rusiñol! Primer flash- back. Nacido en la barcelonesa calle Princesa- -hoy puede verse su busto en la placita de La Puntual- en el seno de una próspera familia entroncada por vía paterna con el sector textil, Tiago, que así le llamaban sus allegados, parece destinado a continuar la tradición industrial, pero en 1889 da un portazo a la fábrica y se va a París... Quiere ser pintor. En los lienzos de 1890, Rusiñol frecuenta el tono grisáceo: atmósferas de soledad y desolación de banlieue Una mujer apoyada en un muro; una casona entre vallas desangeladas. Puro tedium vitae Montmartre: arte y hambre. Rusiñol trabaja en lo primero y su cuna burguesa le evita lo segundo. Pinta casas de empeños, la basílica del Sacré- Coeur en construcción... A su retorno a Barcelona exhibe sus cuadros: la crítica, hostil, sólo ve esbozos. Con Ramón Casas, otro artista burgués, puro paseo de Gracia, retorna a París. Convive con Utrillo, Clarasó y el malogrado Canudas. En 1894 envía al diario La Vanguardia sus crónicas Desde el Molino Releerlas revela al escritor bajo las luces de bohemia: miserias, cafard y sobre todo, el frío que le hace añorar el sol del Sitges donde organizó la primera fiesta modernista. Poca anécdota risible en una taberna en Montmartre. Un hombre de larga cabellera, bucles grasientos y mirada perdida intenta La célebre obra de Rusiñol, La morfina sustancia con la que el pintor aplacaba sus dolores renales distraer a los parroquianos del figón. Rusiñol escucha canciones tristes como árbol sin hojas El fondista trata igual a los señores del sombrero de copa que a los parroquianos del menú económico, a quienes no arredra el local, ni la humedad, ni la profunda tristeza de aquellas melancólicas paredes El catalán vaga con sus pinceles por paisajes helados, ferias de bombillas macilentas, enjutos pintores y hetairas tísicas. En Le chat noir escucha a Erik Satie. Aquel cabaré del malditismo inspirará a su amigo Pere Romeu la taberna barcelonesa de Els Quatre Gats que sedujo al joven Picasso. El Rusiñol que todos creen conocer protagoniza las fiestas sitgetanas, funda el Cau Ferrat y entroniza al Greco. El Rusiñol que todoscreen conocer es el autor de L auca del senyor Esteve el arquetipo del catalán laborioso; certera radiografía de la menestralia local; proyección del vuelo gallináceo del regente de tienda de betes i fils cuyos horizontes no van más allá del Tibidabo y la trinidad del Debe- HaberSaldo. Pero el hombre que satiriza la caja de caudales padece terribles dolores renales y pincha el tedio con morfina. Horas anónimas ensimismado en su melancolía. Su obra discurre con la Belle Époque. Una cuarentena losdramas, sainetes, comedias y monólogos que Rusiñol llevó al escenario. 1917 fue su gran año. Estrena el sainete En casa del anticuario y en abril triunfa con L auca del senyor Esteve Padeció la indiferencia de un Noucentismo que lo asocia a la bohemia modernista. Quisieron enterrarlo a golpe de homenaje. Un Rusiñol avejentado, con manchas en el abrigo y barba descuidada, atravesó los años veinte. Su imagen pública era una anécdota: se pensaba en él tocando la guitarra con Casas en Sevilla, pintando cipreses de Aranjuez, pero nadie sabia, como apunta Pla, que pasó media vida en pueblos absurdos, en fondas destartaladas, pintando, escribiendo, solo, en una soledad completa Para sobrellevar las tonterías locales, parodiaba el glosario orsiano, o lanzaba alguna máxima que atravesaba enre risas el humo viscoso de una tertulia de madrugada y que reunió en su último libro Máximas y malos pensamientos Un año antes de su muerte, Rusiñol seguía manteniendo una ter-