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8- 9 40 LOS VERANOS DE Los agresores huyen y David y un amigo los persiguen hasta un callejón. Se desencadena la pelea y uno de los ultras corre a buscar ayuda David y sus amigos se encuentran a dos jóvenes de aspecto skin que les gritan ¡arriba España! y otras consignas y golpean a uno de ellos con un puño americano El joven radical regresa acompañado de más neonazis que exhiben armas blancas ble de doce personas- -los cinco amigos de David y siete declaraciones más, incluidas dos descripciones bastante precisas como la reproducida- Con esa pista, la Policía detuvo tres años después al presunto autor de la puñalada, un delincuente común. Sólo lo reconoció un testigo, ni siquiera los jóvenes que acompañaban a David. Quedó en libertad porque no había ninguna prueba contra él. La familia González Rubio y los abogados del caso- -está personado Movimiento contra la Intolerancia- -tienen su propia explicación. El arrestado guarda un gran parecido físico- -la estatura en cambio no coincide- -con un individuo miembro del grupo neonazi Nueva Guardia, los antiguos TNT que aglutinaban en sus filas a conocidos miembros de Ultrasur y el Frente Atlético. sta hipótesis se basa en una de las diligencias policiales del caso, fechada seis meses después del crimen. Esa noche varios integrantes de Nueva Guardia estaban de copas en la discoteca La Factoría situada en la calle Fernández de los Ríos, muy próxima al intercambiador de Moncloa. A las 12.30 un joven entró pidiendo ayuda porque había tenido lugar una pelea. A modo de guardia pretoriana varios ultras sacaron pecho y salieron del local. Está comprobado que volvieron unos diez minutos después y al menos uno se jactó de que habían dado una paliza a un chaval. No se conoce la identidad de los que salieron del pub, pero sí de algunos de los que permanecieron dentro, entre ellos Ricardo Guerra Cuadrado, quien dos años después asesinaría al seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta en un episodio prácticamente calcado del que costó la vida a David. Guerra se encuadraba entonces en el grupo ultra Bastión, compuesto por ex miembros de Nueva Guardia. Este cruce de grupúsculos, las circunstancias de los dos asesinatos y la pista de La Factoría provocaron que se investigara a Guerra Uno de ellos alcanza a David y, desde la espalda, lo apuñala en el corazón E David huye en una dirección y su amigo en otra En el c ADN d oche de un en el c e la sangre o de los tes t del ult allejón ra queigos se reco gió quedó herido Posible arma homicida -hoy en prisión por el crimen de Zabaleta- aunque no se obtuvieron los nombres buscados ni ningún hilo del que tirar. Jamás ha querido hablar del caso. La ley del silencio de la jauría volvió a prevalecer. Antes sólo se había roto de forma parcial y por una causa mercantilista. Eduardo González ofreció una recompensa a quien aportara pistas. Se recibieron varias llamadas y una de ellas corroboró el crucial episodio de La Factoría incluida la petición de ayuda y la respuesta del grupo. Los investigadores no pudieron determinar en qué agresión habían intervenido los chicos de Nueva Guardia la noche que mataron a David porque hubo tres a esa hora y en esa zona de Moncloa. Después de más de 500 llamadas, conversaciones con decenas de testigos y ruedas de reconocimiento fotográfico no hay prácticamente nada. Un testigo recogió un puño americano, reliquia del primer encontronazo con los ultras, y lo entregó. Asimismo, se cuenta con el ADN de uno de los agresores, cuyo rastro de sangre quedó en un coche estacionado. De momento, ese código genético, como tantas veces, no tiene dueño. La persona a la que corresponde no ha vuelto a ser sorprendida. Tanto los agentes como los padres de David tienen claro que alguien sabe mucho más de lo que dice. En este caso, además del agresor y su cuadrilla de acompañantes, se cree que quien guarda más claves es una persona que fue cercana al joven, al que todos creían amigo y no lo era. Eduardo González sospecha que lo amenazaron o quizá tenga algo que esconder. Su colaboración ha sido nula; rompió relaciones con los parientes de la víctima y con algunos conocidos. Los miembros de la jauría, con razón o sin ella, han presumido en alguna ocasión en un arranque: Te vamos a hacer lo mismo que a David González y las palabras no han tenido ninguna consecuencia, incluso han sido escritas en fanzines racistas y violentos de los que consume la manada. He agotado casi todas las vías, me he convertido en detective y policía- -dice el padre de David- -pero aún tengo alguna esperanza FERNANDO RUBIO ELENA SEGURA