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ABC LUNES 21 8 2006 Toros 43 Sebastián Castella asusta al valor y El Cid torea y pincha en El Puerto Plaza de toros de El Puerto. Domingo, 20 de agosto de 2006. Última corrida de la temporada de verano. Algo más de tres cuartos de entrada. Toros de El Torero, desiguales de presentación y con poco fondo y fuerza. Sobresalió el 5 El 6 fue devuelto y sustituido por otro del mismo hierro. César Rincón, de blanco y plata. Media estocada atravesada (algunos pitos) En el cuarto, estocada tendida. Aviso (silencio) El Cid, de verde agua y oro viejo. Estocada (ovación) En el quinto, dos pinchazos, estocada caída y descabello (ovación) Sebastián Castella, de nazareno y oro. Estocada caída (oreja) En el sexto, dos pinchazos y dos descabellos (ovación) LAS VENTAS La moruchada de Atanasio frustra las ilusiones de la entregada terna Monumental de las Ventas. Domingo, 20 de agosto de 2006. Menos de un cuarto de entrada. Toros de Atanasio Fernández, bien presentados, mansos, descastados y sin clase. Curro Vivas, de catafalco y oro. Estocada trasera caída (palmas) En el cuarto, cuatro pinchazos y pinchazo hondo (silencio) Guillermo Albán, de nazareno y oro. Pinchazo hondo, pinchazo y estocada caída (silencio) En el quinto, estocada caída (saludos con protestas) Sergio Aguilar, de azul pavo y oro. Tres pinchazos y estocada corta (silencio) En el sexto, pinchazo y estocada desprendida (silencio) FERNANDO CARRASCO EL PUERTO (CÁDIZ) Se echó el cierre en la temporada de verano de El Puerto de Santa María. No ha sido para tirar cohetes, ni muchos menos. Sobre todo porque el ganado no ha acompañado en líneas generales. Ayer, para remate del abono, tampoco los toros de El Torero propiciaron el triunfo rotundo. Pero en cambio vimos a un Sebastián Castella que asustó hasta al propio valor, metiéndose entre los pitones de su primero y arrancando literalmente una oreja a este astado. Y si Castella asustó al valor, El Cid volvió a explicar cómo se torea al natural. Lástima que pinchase en el toro del triunfo. El francés Sebastián Castella dejó ante el tercero verónicas preñadas de fuerza y enjundia. Un toro que siempre se fue suelto. Manso, tan sólo le dieron un refilonazo en el caballo. Ahí ya evidenció que no iba a querer pelea, a pesar de que le robó un quite por chicuelinas de mucho mérito. No se amilanó Castella, que comenzó la faena con estatuarios temerarios, anclando las zapatillas en el albero. Pero el de El Torero se tragaba el primer muletazo y luego buscaba de manera desesperada las tablas. Un toro para desinflarse. Mas no Sebastián, que se metió en tablas con el astado, porfió con él y se dejó llegar los pitones hasta los muslos. Frialdad en el chaval, que no retrocedió ni un paso y se llevó una fea voltereta. Se levantó como si nada y siguió entre los pitones. Un tío este francés, que se fue detrás de la espada y arrancó una meritoria oreja. Asustó al valor Sebastián. El sexto fue devuelto y en su lugar salió otro del mismo hierro. Fue cruzado en el capote, con el que nada pudo hacer el francés. Enormes pares de Curro Molina, que le obligaron a saludar. Castella salió dispuesto a todo. Brindó a la concurrencia, pero el animal tenía guasa para dar y regalar. Se vencía constantemente y cada vez que pasaba se olía la cornada. No se arredró Sebastián, que construyó toda la faena en los medios. De nuevo asustando al valor y tragando lo indecible. Muy pocos estarían como estuvo este torero con tamaña fiera corrupia. Lo cansó de tanto aguantar y se rajó incluso. Valor para hacer varios toreros. El Cid toreó primorosamente a la verónica a su primero, un toro que tuvo Castella cortó la única oreja en el cierre de la temporada de verano gas en estos primeros compases. Lances parsimoniosos en los que meció muy bien el percal y jugó las manos con suavidad. Pero ya desde que entró al caballo- -la corrida se picó lo justo- -el de El Torero comenzó a perder las manos, algo que se repitió en el quite del saltereño. Llevó siempre la muleta a media altura y así el burel cabeceaba. La pena es que no podía bajarle el engaño porque si no daba con los morros en el albero. Dispuesto Manuel Jesús, le arrancó derechazos estimables. Pero el animal no podía con su alma. Esfuerzo en el torero, dispuesto en todo momento. Por encima siempre, dejó una estocada de premio. J. L. ORTEGA El mejor toro Poco pudo hacer ante el quinto con el capote, un toro que tuvo también movilidad de salida aunque no permitió el lucimiento. Pero esa movilidad la aprovechó Manuel Jesús en la muleta con el mejor toro, sin duda, del encierro. De lejos, desde el primer momento lo llevó toreado. Primero sobre la diestra, en series algo rapidillas, eso sí, pero ligadas. De mitad de faena hacia delante la cosa fue a más. Llegó el toreo al natural y con él los mejores pasajes. Re- petía con fijeza el de El Torero y así le enjaretó unas cuantas de mano baja, arrastrando la muleta y tirando de su enemigo. El Cid al natural, engarzando los muletazos y rubricándolos con los de pecho abrochados. Cambió de mano y cambió el toro, que se vino abajo. Un postrero circular de espaldas puso la ilusión en los presentes. Pero si a su primero lo mató extraordinariamente, al que cuajó lo pinchó. Vaya tela. Otra vez las orejas para el desolladero cuando fue faena de dos. César Rincón anduvo a la deriva en sus dos toros. Su primero le hizo un extraño con el capote, desarmándolo, y a partir de ahí aquello se convirtió en una capea. Un toro bien hecho al que le cogió el colombiano todo el miedo del mundo. Precavido, no se confió en ningún momento y siempre estuvo a la defensiva. No mejoró la cosa ante el cuarto, un astado muy bien armado que resultó violento en el tercio final, algo que descentró a Rincón. Esta vez, al menos, lo intentó, pero siempre se colocaba fuera de cacho y, claro, así la cosa no podía ir. Muletazos sueltos sin conexión alguna. Insistió demasiado, suponemos que para intentar paliar su desafortunada tarde. JAVIER LÓPEZ HERNANZ MADRID. La moruchada de Atanasio Fernández frustró las ilusiones de una terna entregada que no tuvo ninguna opción de triunfo. El almeriense Curro Vivas estuvo mucho tiempo en la cara del berreón primero y, a pesar de dar infinidad de pases, no encontró la brillantez que buscó con denuedo. Otra vez el sopor presidió el trasteo en el cuarto, un toraco de casi seiscientos kilos que sólo tuvo de bravo el nombre y la presencia. Vivas se entregó, pero aquello era como intentar sacar agua de un pozo seco. Además, todo lo efectivo que estuvo con la espada en el que rompió plaza no lo repitió en éste, al que pinchó sucesivamente. Brillante par de El Chano Guillermo Albán se estrelló con el buey de carreta que salió en segundo lugar. El atanasio no tuvo un ápice de clase: iba y venía sin entregarse. Además, pegaba continuas tarascadas y la mayoría de las veces se quedaba a mitad del viaje. Ante semejante marrajo bastante hizo el ecuatoriano con justificarse. En el quinto sólo le faltó subirse encima del toro. Se metió entre los pitones y, a base de dejársela muy puesta, logró enjaretar algún muletazo digno a otra prenda que tampoco le ayudó nada. Puso tanto empeño en alcanzar el triunfo que se pasó un tanto de rosca. A éste lo banderilleó brillantemente El Chano, que saludó montera en mano en el único pasaje interesante de un festejo insufrible. A Sergio Aguilar le correspondió otro astado imposible, con el que no tuvo ninguna posibilidad. El madrileño puso todo de su parte, porfió una y otra vez sin éxito, aguantando los hachazos de su rival. Entre el aburrimiento destacaron un par de derechazos de mano baja, en los que se vislumbró la clase del joven matador. El sexto fue todavía peor porque, además de no tener casta como sus hermanos, estaba inválido. No permitió ejecutar ni una sola serie ante la desesperación del torero y del escaso público.