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42 LUNES 21 8 2006 ABC Toros SEMANA GRANDE DE SAN SEBASTIÁN Encastado Encabo con un nuevo Velador Plaza de toros de Illumbe. Domingo, 20 de agosto de 2006. Última corrida. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Victorino Martín, serios de presentación, grandones los tres últimos; destacaron el muy buen 1 el noble 3 y el encastado 2 Juan José Padilla, de azul pavo y poco oro. Estocada (oreja) En el cuarto, cuatro pinchazos, media baja y cuatro descabellos. Aviso (división de opiniones) Luis Miguel Encabo, de azul pavo y oro. Estocada desprendida y pasada (oreja) En el quinto, media tendida y pasada y descabello (saludos) Iván Fandiño, de rosa pálido y oro. Estocada atravesada que escupe, dos pinchazos, estocada tendida y dos descabellos. Aviso (saludos) En el sexto, pinchazo bajo y estocada (saludos) fue casta pura, una caldera rebosante de carbón, un señor toro nada fácil, tobillero por el pitón izquierdo y rápido como un rayo por el derecho, humillando una enormidad. No ayudó a ahormar su temperamento el escaso castigo en el caballo. Muy crudo, muy enteró se quedó. Encabo respondió encastado también. Decidido en la emocionante y trepidante faena, con la mano muy baja en las series de derechazos enfibrados. Lo intentó también al natural y el toro buscaba las zapatillas. Toro clásico de Victorino, importante para el ganadero y prueba de fuego para el torero. De regreso a la derecha- -cosa que me parece que en España no va a volver a pasar en años- la embestida se quedó por debajo y Luis Miguel Encabo voló por los aires en una seca y dura voltereta. Se levantó sin mirarse. Padilla, como director de lidia, salió por allí sin capote en las manos... Lo de los matadores en el callejón es capítulo aparte. La lucha de Encabo encontró ZABALA DE LA SERNA SAN SEBASTIÁN. El cierre de la Semana Grande de 2005 supuso el indulto de Muroalto Murallón en los carteles de mano, de Victorino Martín, que lidió la corrida de más alta nota de su temporada junto a la de Sevilla. La de ayer no fue un broche tan destellante como aquél, pero tuvo sus nombres propios: Luis Miguel Encabo y un nuevo Velador Velador se llamó el toro de Victorino que indultó Ortega Cano en la Corrida de la Prensa de 1982, el único toro que ha salvado su vida en toda la historia de la Monumental de las Ventas y la última Corrida de la Prensa que organizó mi padre en su vida. El recuerdo es como una nebulosa infantil, una vivencia de un niño de doce años, y creo recordar que el pretérito Velador superó al nuevo Velador en entrega y nobleza. Éste de ayer La tarde tuvo nombres propios: Jarrero fue un toro de excepcional nobleza que cayó en manos de Padilla El éxito de Victorino duró media corrida, aunque tres toros son tres toros Velador fue pura casta y dura prueba para una emocionante faena de Encabo su premio en una oreja de auténtica ley. Oro de ley. El nuevo Velador destacó también por las buenas manos en las que cayó. Jarrero tuvo la mala suerte de caer en el lote de Padilla, y Jarrero fue un toro de excepcional nobleza, aunque se metiese un tanto por dentro por el pitón diestro. El Ciclón de Jerez, que EFE Oreja para Salvador Cortés en Bilbao Salvador Cortés realizó una buena faena al tercero y cortó la única oreja de la tarde en la segunda corrida de la Semana Grande de Bilbao. Con media entrada en los tendidos, según informa la agencia Efe, se lidiaron toros de Marqués de Domecq, bien presentados y con calidad en general, aunque les faltó fuerza y casta; el quinto fue un sobrero de Andoni Recagorri, deslucido, que sustituyó a otro remiendo del Marqués. Éste fue el palmarés de la terna: Matías Tejela, ovación tras aviso y ovación; Miguel Ángel Perera, palmas y ovación, y Salvador Cortés (en la imagen) oreja y vuelta al ruedo tras petición insuficiente. TELEPRESS afortunadamente ha dejado en el baúl la montera decimonónica, aunque lamentablemente sigue haciendo el paseíllo sin liarse el capote de paseo, no paró los pies. Cuando se asentó algo más, Jarrero se rebosó de calidad en unos naturales que a la postre resultaron lo más resaltable de la sudorosa actuación del jerezano. Una estocada y premio. Y la vuelta al ruedo, ya típica del padillismo, envuelto en mantones. Qué bonito. Iván Fandiño, un vizcaíno de Orduña que debutaba en las lides de las victorinadas, sorprendió. Y lo hizo por su soltura, por su sereno estar. Y eso a contracorriente de una cuadrilla pagada por el enemigo, que incluso equivocó al personal en la brega en banderillas de un noble tercero. Menos mal que Fandiño lo vio claro y no le despistaron esas rebanadas de capotazos infames ni las pasadas en falso. Caviló, le dio su sitio y le halló, precisamente, el sitio y el temple, reposado y fresco. Pero con la espada se atacó y se atascó. Hasta aquí duró el éxito de Victorino, que ha empalmado corridas de resurrección en Santander, Gijón y Pontevedra. Ésta se quedó a medias, aunque tres toros son tres toros. Los últimos, grandones, por altos, largos y tragones, no respondieron. Gazapearon cuarto y quinto sin humillar nada; Padilla perdió los papeles, el norte y el oremus, mientras que Encabo se peleó en torero con una alimaña que pretendía su fajín. Fandiño no volvió la cara con el tremendo sexto. Menudo arrimón.