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8- 9 40 LOS VERANOS DE Surcando las aguas mansas del lago Kivu en una mokoro o mtumbu, piragua hecha de un tronco vaciado dad como Bukavu, donde se encuentra con tres feroces gendarmes. Cuando se esperaba lo peor, sólo le pidieron un cigarrillo. ¿Qué haría usted si fuera policía en el Congo, con familia numerosa, el Estado no le pagara su mísero salario y tuviera un arma? Antes del desenlace, escribe el periodista polaco: No participan tan sólo dos gendarmes y un reportero. También toma parte en ella un buen pedazo de la historia del mundo, la cual nos colocó a unos frente a otros hace ya mucho tiempo, siglos enteros. Pues se interponen entre nosotros largas generaciones de tratantes de esclavos, los sicarios del rey Leopoldo, que cortaban brazos y orejas a los abuelos de estos gendarmes, los capataces de látigo en mano de las plantaciones de algodón y de azúcar. La memoria de este martirio se ha transmitido de una generación a otra en relatos tribales que han sido manual de formación de individuos como los que acabo de encontrame en una callejuela; en leyendas que terminaban con la promesa del advenimiento del día de la venganza Regreso a Bukavu ahora que una tenue esperanza asoma: sobre las colinas que guardan el lago, porque el país se ha echado en masa a votar, como en la escuela que dirige Modeste Mokorezi, que el día de los primeros comicios democráticos en 46 años era todo nervios en su caótico despacho. Para los que han abrazado el agnosticismo, nada como una misa africana para que se le reabran las dudas. Por ejemplo, un sábado en la catedral de Bukavu. Sobre un compás tenue de tambores, canta un coro donde el timbre femenino predomina. Una comunión de los espíritus con el lago y con los dioses, con el único Dios, aunque los padres blancos, como Aurelio Sanjuán, dedican más tiempo a labores sociales que a rezar. Algo muy común aquí: la mies es poca; las necesidades, ingentes. Cuando cantan, si hay Dios debe rondar por aquí, aunque también cabría hacerse preguntas incómodas: ¿Dónde estaba cuando casi cuatro millones de seres morían en medio del olvido, a golpe de machete, hambre, enfermedades, en la espesa selva congoleña? La respuesta se la encuentra uno también en la escuela, hospital y taller para minusválidos SCIENCE PHOTO LIBRARY CAMERÚN REP. CENTROAFRICANA SUDÁN Kisangani CONGO Mbandaka Bunia 0 Ecuador GABÓN REPÚBLICA DEMOCRÁTICA D E L C O N G O Bukavu Kinshasa Lago Tanganica ANGOLA L. Moero L. Alberto L. Eduardo Lubumbashi ÁFRICA ZAMBIA 0 Km 500 Para comer y dormir: Gerda s. Casa de huéspedes y restaurante. Orchid. El mejor (y más caro) hotel de Bukavu, con incomparables vistas sobre el lago Kivu. Bungalows y pequeñas habitaciones en terrazas ajardinadas. Mama Kindja. En el centro de la villa, más popular y con sabores más congoleños. Para bailar: La Croisiere. Ambiente relamido. Tel Aviv, Sarajevo y Baghdad. Sabor local, ¿Dónde estaba Dios cuando casi cuatro millones de seres morían en medio del olvido, a golpe de machete, hambre, enfermedades, en la espesa selva congoleña? que dirige la religiosa Teresa Saez, 72 años, y una inagotable devoción congoleña que estuvo a punto de llevarla a la tumba. Mzungu Acabo de saludar a los soldados, iluminados por los faros de un camión militar. Tienen el acuartelamiento al pie de la casa de los Misioneros Africanos, donde me hospedo. De vez en cuando les dan comida a una tropa más escuálida que aguerrida. Alguien que viene de lejos también me ha visto. Cuando la oscuridad se vuelve a cerrar como un cobertor de tinta china, escucho su voz llamándome: Mzungu Lastimero y amenazador, una voz que dice: blanco, ya sabes a qué te expones si no atiendes la demanda amable de este negro en la oscuridad. No apresuro el paso, trato de no ofrecer el menor signo de inquietud. Apenas hay manchas de luz en la cuesta. Los sonidos se captan a mucha distancia: en África y en cualquier otro lugar donde los motores y la luz eléctrica escasean. También el miedo. Hay hocicos que lo huelen desde lejos. Afortunadamente, la casa de los padres blancos está muy cerca. Meto la llave y dejo el miedo fuera. Si la paz se consolidase, si el Estado empezara mínimamente a funcionar, Bukavu, la villa junto al lago tendría un brillante porvernir. OCÉANO ATLÁNTICO