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24 Internacional FRÁGIL ALTO EL FUEGO EN ORIENTE PRÓXIMO LUNES 21 8 2006 ABC Los cascos azules que envíe España operarán en territorio Hizbolá en el ojo del huracán libanés... bajo la amenaza constante de una ruptura del alto el fuego, en un terreno sin luz ni agua, minado de rencor y de proyectiles sin estallar Los españoles vienen a la guerra MIKEL AYESTARÁN. SERVICIO ESPECIAL NAQURA (SUR DEL LIBANO) Dos explosiones seguidas sembraron el desconcierto en el cuartel general de la Finul, misión de la ONU en el Líbano, en la ciudad de Naqura, en plena frontera con Israel. Katiushas ¿Misiles hebreos? La calma es tensa en la zona y se ve a los soldados franceses e indios que custodian la puerta especialmente nerviosos. Las detonaciones coincidieron con el final de un funeral de tres mártires de Hizbolá. El cementerio municipal de Naqura se encuentra dentro de la base de Naciones Unidas y los militares alientan a los asistentes a que abandonen la zona cuanto antes. Algunos cascos azules, todos muy jóvenes, se comen las uñas, impacientes por cerrar las puertas cuanto antes. Al fin termina de pasar la comitiva y cierran la enorme verja. El fuerte de la Finul está cerrado a cal y canto, y los teléfonos echan humo. Todos quieren saber si se ha vuelto a violar o no el alto el fuego. Esta es la base más importante del contingente de dos mil hombres que mantiene Naciones Unidas en el Líbano, y ayer llegaron a él los primeros 49 hombres de la nueva y esperada fuerza de interposición, que se espera llegue a los quince mil hombres. Son 49 ingenieros franceses- -de un grupo final de 200, según ha prometido París- -y su misión es reparar infraestructuras y carreteras al sur del río Litani. En total forman una fuerza de dos mil soldados en estos momentos y están a la espera de que Nueva York apruebe el número final del nuevo contingente y especifique el nuevo mandato de una misión en la que van a tomar parte las fuerzas españolas. Este será el cuartel general en el que pasarán muchas horas recluidos y desde aquí tendrán que ponerse a trabajar. Seguidores de Hizbolá ondeaban ayer sus banderas a su paso por el cuartel de la ONU, en Naqura, durante un funeral violando el espacio aéreo día y noche. Los retratos de los nuevos mártires decoran las farolas y postes eléctricos que han quedado en pie entre las ruinas. El sur del Líbano es amarillo, el color de las banderas de Hizbolá. No hay luz, ni agua corriente, ni queda una sola gasolinera en la zona. Las carreteras principales están destrozadas y los caminos secundarios- -simples pistas de tierra- -son las únicas vías abiertas. Si no se dispone de vehículos todoterreno, el movimiento es muy complicado. Más complicado aún para los efectivos enviados por Madrid va a ser ganarse la confianza de los locales. Después de 28 años, con 248 cascos azules muertos y 350 heridos- -datos oficiales ofrecidos por el cuartel de Naqura- el prestigio de Naciones Unidas está por los suelos. Las nuevas fuerzas de interposición deben ganarse de una vez la confianza de una población que ha visto cómo Israel acababa con las vidas de observadores y de cascos azules, y no ha pasado nada. AFP Sin nosotros sería un desierto Todo depende del número, hasta que no lo sepamos es imposible hacer planes concretos, pero lo que puedo asegurar es que va a ser una misión larga. Esta es una zona muy castigada, en la que mucha gente ha optado por emigrar y mantiene su casa para venir durante el verano. Unifil debe garantizar la seguridad, somos el brazo del Gobierno libanés en la zona, y las nuevas tropas que vengan, como las españolas, deben tener claro que sin nosotros esto sería un verdadero desierto advierte Hassan Siklawi, portavoz de la misión internacional, que lleva 25 años trabajando en Naqura. A los soldados españoles les va tocar controlar poblaciones chiíes como Khiam, Bint Jbail o Aita ech- Chaab, que han sido arrasadas, borradas del mapa. Un paisaje lunar, seco, con miles de desplazados sobreviviendo a la intemperie, y con los aviones israelíes Un portavoz de la misión internacional advierte de que va a ser una misión larga, es una zona castigada Los españoles controlarán un paisaje lunar, sembrado de villorrios borrados del mapa por los israelíes La tarea más difícil de los cascos azules será ganarse de una vez la confianza de la población En el centro y el suroeste Las tropas libanesas han tomado posiciones al sureste del país, una zona de mayoría drusa y cristiana de la que ya se han retirado las fuerzas hebreas por completo. El general Charles Sikani- -que habla un perfecto español tras su paso por el Instituto Cervantes de Beirut- -es el máximo responsable del despliegue libanés. Su cuartel general está en la localidad de Marjayoun y desde allí dirige las operaciones en esta parte del país, de la que sus soldados llevaban ausentes 38 años. España y el resto de países de la nueva fuerza, además de apoyar al Ejército libanés, controlar especialmente el centro y el suroeste, deberán vigilar las zonas chiíes con presencia mayori- taria de Hizbolá y de las que, por el momento, no terminan de retirarse la fuerzas hebreas. Los altos mandos libaneses al sur del Litani dan la bienvenida a la nueva misión de la ONU, pero consideran que su mandato debe ser diferente al que ha tenido la Finul en los últimos 28 años. Nosotros no tenemos armas, así que ellos deben venir bien armados y con capacidad para defender a nuestra gente, porque hasta ahora sólo Hizbolá ha sido capaz de hacerlo, y ahora la idea es que el armamento de la guerrilla sea trasladado hacia el norte, más allá del Litani. Deben tener claro que vienen a la guerra Una hora después de las dos fuertes explosiones, los cascos azules de Naqura recuperan la calma. Se trataba de dos explosiones controladas que el Ejército libanés había llevado a cabo para acabar con munición sin explotar en un pueblo cercano. Pese al calor, todos los soldados van ataviados con sus chalecos antifragmentos, cascos y armas reglamentarias al hombro. Con los israelíes nunca se sabe, es mejor pasar calor, ¿no? nos dice el sargento Oppenheimer, de las fuerzas francesas. Los coches de los cientos de personas que habían tomado parte en el funeral, que permanecían parados a las puertas del cuartel, reinician la marcha hacia Tiro. Sólo ha sido un susto.