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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE La Gioconda ferocidad vocal y pleno al quince El Festival de Santander ha programado una versión arriesgada de la obra de Ponchielli, con una Giovanna Casolla ajustada al rol con eficacia y bravura POR COSME MARINA Matthias Klink y Malin Hartelius, en una de las escenas de La finta semplice de Mozart, representada en Salzburgo a obra de Amilcare Ponchielli La Gioconda es uno de estos títulos en los que no sirven las medias tintas. Todo en esta ópera es pasión, desenfreno vocal, navajazos, romanticismo y cartón piedra emocional. Su cada vez más infrecuente programación responde, sobre todo, a la dificultad para encontrar un reparto adecuado en el que los cantantes deben exhibir un divismo vocal cada vez más de otro tiempo, hoy casi inaccesible. El Festival Internacional de Santander ha arriesgado programando la obra y ha obtenido pleno al quince. Tras el fastuoso recital de días atrás de Violeta Urmana, el apartado vocal del FIS ha mantenido alto el vuelo con uno de esos elencos sólo al alcance de las convocatorias verdaderamente relevantes. Lo primero que se precisa en una ópera de exigencia tan elevada como ésta de Ponchielli es una protagonista que interiorice el rol de Gioconda, que le dé vida dramática, sin perder un ápice del fuego vocal a exhibir. Una de las más adecuadas para ello es esa cantante de escuela antigua que es Giovanna Casolla, desbordada pero ajustada al rol con eficiencia y bravura. Todo un reto para una intérprete veterana, que se las sabe todas y que, quizá por ello, desbordó emoción y cantó un Sucidio! de arrebato contenido, hermoso y certero. A su lado se necesita una Laura de alto rango que dé vida y garra dramática al dúo L amo come il fulgor del creato! Y Elisabetta Fiorillo lo fue con esa vocalidad italiana suya dorada. Ambas cantaron con la intensidad requerida una de las cumbres vocales de la obra, ¡puro fuego! En un reparto plagado de estrellas nadie se quiso quedar atrás. Roberto Scandiuzzi- -tan vinculado al FIS- -también encendió al público, al igual que Juan Pons, siempre impecable en sus prestaciones dramáticas y vocales. Magnífica Elena Cassian, eficientes Elia Todiscio y Jon Plazaola y sólo un poco rezagado se quedó uno de los intérpretes, L SALZBURGO El Mozart desconocido POR JUAN ANTONIO LLORENTE FOTO: SEBASTIAN HOPPE Giovanna Casolla ABC el tenor Marco Berti, que cantó un Enzo inseguro y calante en algunos de sus pasajes más comprometidos. Una lástima porque es poseedor de una voz de bello timbre y emisión firme, quizá demasiado forzada para este tipo de repertorio. A la fiesta musical de La Gioconda se unieron con brío y magnificencia el coro Intermezzo y la Escolanía Easo. Y, desde luego, se lució una formación disciplinada, apropiada, como es la Nacional de Ucrania, bajo las órdenes de Antonio Pirolli, que trabajó a fondo, dándose cuenta, eso sí, que ante aquel reparto de fieras vocales lo más adecuado era dejarse llevar, que cada uno liberase su personalidad. Es una opción que, al final, funcionó con brillo, en un acercamiento vocal pletórico de recursos, de esos que tanto echan de menos los aficionados más veteranos. Una velada para disfrutar, de las que ya no abundan. Por Odisea se puede traducir el término Irrfahrten con que el Festival salzburgués, cumpliendo con su compromiso de llevar a escena este verano toda la producción dramática de Mozart, ha englobado los títulos menos conocidos del compositor, rindiéndole al tiempo un homenaje global con músicas suyas que jamás se programan- -como la escrita para armónica de cristal- o integrando textos de algunas de sus cartas dentro de una curiosa dramaturgia. Porque la propuesta es doble. Empezando por la puramente operística, con la recuperación de La finta semplice que desde 1920 sólo se había visto aquí una vez, y la recuperación por primera vez en su historia de los fragmentos conservados de dos títulos incompletos: Lo sposo deluso y La oca del Cairo datados en 1783. En los tres casos se respira un aire común, patente de la Ilustración: la mujer que asume su papel social, hasta entonces vetado. Mozart recurre a textos que se burlan de los matrimonios de conveniencia. Especialmente La Finta Semplice donde un libretista de lujo como Carlo Goldoni recurre a las estructuras de la Commedia dell arte y encuentra la respuesta apropiada en un Mozart de 13 años, que dosifica la música de un modo increíble para su edad, dando como resultado una trama perfectamente organizada. Pero el loable esfuerzo no acaba de satisfacer expectativas, porque se ha recurrido para abaratar el producto a la eté- rea idea del concepto. Cuando aquí el concepto es uno: se llama Mozart, y sólo funciona bien servido desde el punto de vista musical. En lo demás se puede hacer la vista gorda. Como en la danza, hilo conductor del aspecto no operístico de esta Odisea, bautizado como Abendempfindung Percepción de la tarde a partir del título de la canción mozartiana sobre texto atribuído a Joachim Heinrich Campe, traducida en la voz eficaz de Ann Murray. Convencida y convenciendo al público con ese tema musical, que abre el primero de los espectáculos y cierra el segundo, antes de poner el broche final cinco fragmentos del Réquiem Entre ellos está el Rex tremendae del que se ha extraído el título del tercer montaje: Rex tremendus alusión a Mozart, de quien se recogen algunos comentarios vertidos en sus cartas. Este triple testimonio no le habría parecido mal, a pesar de sus niveles de exigencia. Primero, por la fe de su creador, Joachim Schlömmer. Segundo, porque el Coro del Festival de Ludwigsburger y la Camerata Salzburgo, dirigida por Michael Hofstetter, estuvieron a la altura de las circunstancias. Y por último, porque el grupo vocal convenció gratamente en los tres intentos. En especial, la soprano sueca Malin Hartelius, por su emisión clara y precisa; el barítono croata Miljenko Turk, por su rica gama de registros belcantistas, y el bajo barítono Josef Wagner, por su convincente calidad interpretativa.