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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE El esperado regreso de Elric Con Moorcock vuelve Homero, para mayor escarnio de pedagogos y seres racionales Valga esta frase de Luis Alberto de Cuenca para introducir el regreso de una de las sagas míticas de la literatura fantástica: Crónicas de Elric, el emperador albino de Michael Moorcock, que publica Edhasa dentro de Fantasy Nebulae. Esta colección cuenta con clásicos como Las doce moradas del viento de Ursula K. Le Guin, y novedades como El lenguaje de las piedras de Robert Carter, primera entrega de una trilogía. Pero el pálido Elric, con su larga melena blanca, ojos tristes y del color de la sangre, enfermizo, melancólico y drogadicto, es el fichaje galáctico para esta temporada. Pese a su aparente fragilidad, es un brujo de recursos. De moral ambigua, no dudará en pactar con el demonio Arioch y aceptar la ayuda de una espada con voluntad propia, que es tan útil en las violentas batallas como peligrosa para su dueño. El personaje creado por Moorcock- -uno de los más prolíficos y exitosos autores de fantasía épica- cuyas aventuras se desarrollan a lo largo de ocho libros, fue un hito en los años 70. En esta ocasión se sigue el orden cronológico de la historia recomendado por el escritor. El primer volumen incluye Elric de Melniboné y La Fortaleza de la Perla La ilustración de la cubierta y contracubierta es la conocida obra de Chris Achilleos, uno de los más prestigiosos ilustradores de fantasy (www. chrisachilleos. co. uk) Pedazo de palurda va al spa T ROSA BELMONTE an dentro de mí llevo a Paco Martínez Soria (igual que Julio Iglesias a Gwendoline) que por mucho barniz que me dé no hay caso. Pedazo de palurda va al spa de Sotogrande. Momento construcción de las chanclas desmontables: Parte rugosa hacia abajo. Se junta la parte delantera con la parte trasera. Introducir parte delantera en la ranura trasera Pues como si fuera la conjetura de Poincaré. Con la lengua fuera y ladeada, miro el dibujo para enterarme. Mis amigos me llaman la NASA. Yo los llamo por teléfono a las cuatro de la madrugada por corresponder. Anda, me río yo ahora de la NASA, que ha perdido las cintas originales de la llegada del hombre a la luna. Sigo con lo mío. Cuando no hay gente en el vestuario, investigo por dónde se va a la zona de aguas (creo que es más fino no poner indicación alguna) Lo averiguo. Llega el momento en que me pongo el bañador para dirigirme al fabuloso mundo del chorro y, con varias señoras a mi alrededor, abro decidida la puerta del cuarto de la limpieza. Casi me cuelo en el cubo de la fregona. Las damas me indican el camino adecuado. La salida no es por ahí, que cantaría Ana Belén. Ya lo sabía, ya lo sabía (ahora actúan Los 5 latinos) Pero soy Paco Martínez Soria, aunque quiera parecer Gloria Vanderbilt. Había pensado regalarme un tratamiento de aromaterapia contra la melancolía (juro que existe) pero yo no tengo melancolía (tristeza en fino) Yo tengo celulitis, que es más cutre. Aunque desde que he visto que Scarlett Johanson (tan joven, tan guapa) también gasta piel de naranja en los muslos, estoy tan contenta. O sea, que no hay melancolía que aromaterapizar. Toma ya, la policía de los palabros me pisa los talones, pero yo soy más rápida. También había pensado (dentro Scarlett Johansson, en su última película, Dalia negra del negociado de la hidroterapia) en el baño de pétalos. Me veía ya como Mena Suvari en American Beauty pero de pronto me han venido a la cabeza las fotos que Ana Obregón se hizo imitando la escena y se me han quitado las ganas. Hala, nenica, para los chorros y las burbujas. El ruido y la furia del agua. El ruido es como el del río Niágara (que éste, al contrario del Iguazú, todavía lleva agua y jaleo) La furia de algunos chorros, como la de las mangueras de la policía antidisturbios después de un golpe de Estado. Mañana voy a tener morados hasta en las orejas, que algunas veces los chorros me atacaban por sorpresa en zonas no habilitadas para el masaje. Con el fin de no hacer mucho (más) el ridículo, lo mejor es fijarse en los demás. Hay auténticos profesionales de la cosa. Por ejemplo, Álvaro Muñoz Escasi, que debe de tener un máster en chorros. Se los da con un arte difícil de superar. Y como está cachas, se mantiene en su sitio como haciendo posturi- EPA tas. No como yo, que tendría que atarme con una maroma para no salir propulsada por el agua. Da igual que me fije. La única postura de la que soy capaz es la de salir disparada y volver al mismo sitio. Bueno, sí es necesario fijarse porque si no jamás habría averiguado para qué sirve una especie de géiser, un chorro hacia arriba. Para la papada. Amárrame los pavos. Allí que voy toda digna y enteradilla a darme un masaje y pongo la barbilla en el sitio. Menos mal que casi me ahogo con el agua que me entró por la nariz, que si no habría acabado con la traquea rota. Pero la parte que más me gustó (por los c... fue el camino de guijarros, que suena a novela, pero de miedo. Camino frío y caliente. Andar descalza por encima de unos pedruscos de los que en la playa nos molestan. La pileta de guijarros caliente, bueno. Pero la fría... El próximo día me llevo unos botes de Coca Cola y los meto ahí para que se enfríen. Todavía no siento las piernas. Y por eso se paga. gonlance, Reinos Olvidados o, más recientemente, Warhammer) ha abierto un paréntesis para lanzar historias con apellido español. Laura Gallego, la autora de Memorias de Idhún piensa que las editoriales han apostado sólo muy recientemente por la obra de gente de aquí, así que podría decirse que estamos empezando. La generación que leyó en su infancia y adolescencia libros tan importantes como La historia interminable o El Señor de los Anillos está alcanzando la madurez literaria y abriendo camino para que vengan muchos más EL AGUIJÓN La gente está absurdamente preocupada por la reproducción. Por la reproducción de los demás. Cada año, Carlota Casiraghi está embarazada. Todavía no ha parido nada porque lo que tiene es barriguita. Esta temporada le toca el turno a Pamela Anderson, que también luce pancita bajo el ajustado vestido. La última del club, Diana de Gales. O la primera, no sé. Un testigo de su autopsia dice que no estaba embarazada cuando murió, como sostiene Mohamed Al Fayed. Qué afición por el Predictor.