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ABC DOMINGO 20 8 2006 Madrid 43 ¡Hagan sus apuestas! La adrenalina sube y baja en una sala de juego al ritmo que te marca el azar y la probabilidad- -algunos lo llaman suerte- aupando egos y vaciando bolsillos en cuestión de segundos. Un casino de los dos con los que cuenta Madrid puede ser un destino idóneo para una noche de verano, y allí vamos: además de las decenas y decenas de máquinas, Torrelodones cuenta con medio centenar de mesas; mientras que Aranjuez, aunque es más extenso, dispone de 37. La legislación de la Comunidad de Madrid permite jugar en estas mesas a seis modalidades: ruleta francesa, ruleta americana, black jack, póquer, punto y banca y chemin de fer o bacará. Cada uno tiene su espacio y sus rituales. Más de un centenar de empleados, a la vista, trabajan a la vez en esta veraniega madrugada de viernes: cajeros, camareros, recogeceniceros, y crupieres, muchos crupieres. ¿Cuál es su perfil? En Comar, propietaria del Gran Casino Aranjuez, tras unos requisitos mínimos- -formación media, una estatura mínima para alcanzar toda la mesas y falta de experiencia en el sector para enseñarles su estilo- se valora la inteligencia a corto plazo, la vista (distinción de colores, miopía... o la capacidad de memoria. ¡Hagan juego! grita un crupier junto a la ruleta rusa. Suena música de fondo, pero los crupieres no quitan ojo de la mesa, concentrados. A su lado, un jefe de mesa vigila la partida. Por si acaso, una videocámara registra cada jugada. La etiqueta no es estricta entre los clientes, entre los que se ven a pocos jóvenes y a muchos orientales. El azar es caprichoso: hasta en once jugadas seguidas no aparece el color negro en una mesa de ruleta rusa, para desesperación y ruina de todos los que se inclinan por el rojo. En esa misma mesa, un treintañero cambia sin cesar centenares de euros por fichitas naranjas, que reparte por todo el tapete sin dudar ni un instante. Al menos en una ocasión le sonríe la suerte y 1.800 euros vuelven de golpe a su bolsillo, aunque minutos después vuelve a sustituir sus billetes por nuevas fichas. La tensión se refleja en su rostro, lo mismo que en otros se aprecia aburrimiento, agobio o felicidad. La vida misma. autonómicas con más de 335 millones de euros, -el 2,2 por ciento del presupuesto de ingresos- Toda cara tiene su cruz, y también hay muchos otros ciudadanos que quieren olvidarse de ese mundo y salir de él: unas 24.000 personas tienen prohibido el acceso a las salas de bingos y casinos de la región. La inmensa mayoría, en torno al 80 por ciento, es por petición propia. El juego es un elemento más dentro de la oferta de ocio que se ofrece en la Comunidad de Madrid das del azar dan empleo a más de 30.000 personas en la región, con 9.500 puestos de trabajo directos y unos 22.000 indirectos en hostelería. De los empleos directos, 4.500 personas se emplean en los bingos ubicados en Madrid, 3.500 más trabajan para que las máquinas funcionen a pleno rendimiento y unos 1.500 se encuentran en los dos casinos de la región. En el casino de Aranjuez, por ejemplo, trabajan 700 empleados directos: mantenimiento, limpieza, seguridad, relaciones públicas, aparcacoches, administración, caja, cocineros, camareros... y, sobre todo, crupieres, alrededor de 350. EPA La cara y la cruz del juego El millonario pastel del juego beneficia a miles de familias madrileñas, y también a las propias arcas de los Go- biernos regional y central. Las quinielas, loterías y demás juegos de la Organización de Loterías y Apuestas del Estado (OLAE) repercuten en el Estado, mientras que la Comunidad de Madrid recibe los impuestos sobre los premios del bingo, sobre la modalidad de juegos colectivos de dinero y azar simultáneos, y sobre la instalación de máquinas en establecimientos de hostelería. En 2004, el sector nutrió a las arcas