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ABC DOMINGO 20 8 2006 La Entrevista 11 El goteo de inmigrantes de este fin de semana comenzó en la madrugada del sábado con este grupo en Tenerife nos. El riesgo cero en las emergencias no existe, pero los inmigrantes que alcanzan el Archipiélago son jóvenes y fuertes. Vienen a trabajar, gastan en el viaje los ahorros de toda una familia. No se arriesgarían a mandar a gente que no pudiese soportar la travesía. Además, en todo el tiempo que llevamos trabajando con ellos no hemos tenido ningún tipo de contagio. -Pero muchas veces se ha denunciado lo contrario. -Normalmente, es por desconocimiento. Y el desconocimiento crea alarma social. Nosotros no somos suicidas, si usamos un nivel bajo de protección será por algo. La base de toda esta cuestión es la información. Cualquiera que esté en estos asuntos tiene que ser responsable y valorar la repercusión de sus palabras. En la Cruz Roja vivimos con la inmigración a diario y procuramos desdramatizar. -Aunque procuren hacerlo, debe ser duro psicológicamente para ustedes. -En ocasiones sí, sobre todo cuando llegan inmigrantes que han fallecido durante la travesía o cuando sabemos que están muy graves. Pero en inmigración trabajamos con personas que ya tienen mucha experiencia en emer- AP gencias y saben encajarlo bien, les formamos para ello. Para los que les cuesta más y necesitan desahogarse tenemos un servicio de apoyo psicológico. ¿Ellos, los inmigrantes, también llegan muy bloqueados? -Muchísimo. Es lógico, soportan viajes duros, de muchos días, incluso de diez o doce jornadas de navegación en mar abierto. Hay veces que ven morir a compañeros, y hasta es posible que algunos de ellos pierdan la razón y el delirio les haga saltar de la embarcación antes de culminar el trayecto. -A veces llegan exhaustos. -Parece que cada vez son más largos Hambrientos, sedientos y asustados Cuando llegan se los ve hambrientos, sedientos y asustados cuenta, mientras repone víveres y kits de ropa- acabamos de atender al segundo cayuco de esta mañana -Austin Taylor, un inglés de Blackpool, pero que desde niño vive, como tantos compatriotas, en el sur de Tenerife. Los cuatro años que lleva en Cruz Roja han sido suficientes para convencerle de que fue una buena decisión dejar su puesto de director de márketing en una empresa de comunicaciones y dedicar todo su tiempo a la asistencia en emergencias. Él está contratado, pero destaca la tarea de los voluntarios, como esa enfermera de Ávila, que consumió todas sus vacaciones aquí atendiendo a los inmigrantes. Todo esto, que prefiero no llamar tragedia ni catástrofe, a la Cruz Roja le ha servido para recibir muchísima ayuda de gente y empresas que se han acercado para donar desde ropa hasta una taza de leche caliente en las noches de frío señala. La conducta de los inmigrantes es ejemplar colaboran, ayudan a recoger los restos de la comida que se les da y a repartir la ropa. Son muy nobles y educados. Me ha tocado tratar con licenciados, contables y con alguno que era abogado. Son muchos los que llegan con buena formación En el tiempo que lleva en la atención de inmigrantes, muy pocas veces ha visto que algún menor necesitase ayuda médica: A todos nos da la sensación de que los miman mucho durante el viaje, y que los protegen ¿Esto es España? Irina, una colombiana que formó parte de Médicos del Mundo, también dedica ahora su tiempo a los inmigrantes. Al llegar preguntan si están en España dice. Creen que han llegado a la Península; cuando ven el mapa y les explicamos que están en las Islas no nos creen Es una situación difícil, relata, porque detrás de cada uno de ellos hay una tremenda historia los viajes. Van modificando las rutas según los controles con que puedan encontrarse. Con el incremento de la presión en la vigilancia, se van desplazando hacia el sur. Nuestros compañeros en África manejan datos de que unas cien mil personas podrían estar esperando en Senegal hasta que encuentren la oportunidad de salir en cayuco. Además de estas cuestiones, les afectan las condiciones meteorológicas y el oleaje, que puede llegar a ser muy bravo. Todo esto unido provoca desazón, hipotermias, deshidratación, y, en general, fallos en el organismo. ¿Encuentran muchos víveres en los cayucos? -Lo que llega hasta aquí es más bien poco. Aunque depende del tiempo que lleve el cayuco en alta mar y de lo que se hubiesen dotado en un principio. Una vez, llegamos a encontrar una gallina viva. ¿Nada más llegar tratan de comunicarse con ellos? -Un traductor les explica que les vamos a aplicar los primeros auxilios, que les daremos las ropas y los alimentos y que luego serán trasladados. Ahí termina la información que tenemos que aportarles nosotros. Hay veces que ellos sí que cuentan algunas cosas, pero no suelen hablar demasiado, sobre todo los más pequeños, que se quedan muy callados. También les instruyen para eso antes de que partan; vienen con la lección aprendida y suelen conocer los trámites por los que van a pasar y la legislación del país. ¿Han tenido alguna vez problemas? -Nunca, con ninguno. Son personas muy educadas y disciplinadas, y agradecen todo lo que hacemos con ellos. Llegan muy cansados y hambrientos, y nosotros nos preocupamos porque esos síntomas desaparezcan en la medida de lo posible. -Hay veces que son atendidos en un primer momento por bañistas o campistas, cuando llegan a zonas poco habituales. -Sí, recientemente dos cayucos desembarcaron en la playa de La Tejita, que es de bañistas, y otro llegó a una zona de acampada. La verdad es que es una situación chocante para todos, para los que están en la playa pasando el día tranquilamente, y también para los inmigrantes. Sobre todo, en el caso de La Tejita, porque alcanzaron una zona de nudistas y debió causarles bastante sorpresa. No hay que perder de vista que por sus costumbres y prácticas religiosas no están muy familiarizados con este tipo de actividades. ¿La gente reacciona bien? -Sí, son muy solidarios. Inmediatamente dan la voz de alarma, para que se desplacen hasta allí los equipos de emergencia y, mientras, tratan de ayudarles como buenamente pueden. Pero es importante que también ellos intenten organizarse y que ayuden hasta donde sepan. Nosotros siempre pedimos que sólo les den algo de calor facilitándoles alguna prenda o algo para taparse, pero no es recomendable que les den nada para ingerir, ni alimentos ni líquido, nada. Eso sí, nos echan una mano siempre que pueden, aunque sólo con el material, es conmovedor ver cómo todo el que puede aporta su pequeño granito de arena.