Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 20 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA DEJAD DORMIR A FEDERICO Quiero dormir el sueño de las manzanas alejarme del tumulto de los cementerios (F. G. L) S EL RECUADRO QUÉ ESPAÑA MÁS IDÍLICA E encanta: todavía está coleando el chapapote, y si es la guerra de Irak ni te cuento, cuando, cautivos y derrotados los últimos rescoldos, los fuegos de Galicia han sido vencidos; españoles, la guerra de Galicia contra el fuego ha terminado. Segundo año triunfal de ZP Firma el parte de la victoria un tal Touriño, que ni estaba ni se le esperaba cuando Galicia ardía y se inventaban tramas de ex bomberos pirómanos. Qué interés por investigar las falsas tramas de bomberos pirómanos y qué desinterés por ahondar en la verdadera trama del 11- M... Vivimos en una nación, perdón, en un país idílico. Donde por mucho que ocurra, No Nada. Y si pasa, se dice que no ocurre nada, y listo. Y que la culpa, en todo caso, es del PP. Es como nuestra seguridad de que aquí en España los aviones no coANTONIO rren el menor peligro de convertirse BURGOS en objetivo del terrorismo de babucha, chilaba y vídeo en la TV que se llama como Algeciras. ¡Si lo sabrán ellos, que son tan amiguitos de los terroristas, a los que todo se lo conceden, y a los que tanto deben! ¿Le pelo el perro de la retirada de las tropas de Irak? Pélelo usted. ¿Le pelo el perro de la autodeterminación, la amnistía de los presos y la anexión de Navarra? Pélelo usted. ¿Cómo están tan seguros de que nuestros aeropuertos no necesitan el menor control extraordinario de equipaje de mano, y que aquí puedes subir a bordo hasta con el baúl de la Piquer, que no hay peligro? Como Touriño dijo que los fuegos se habían acabado, y listo, Rubalcaba, que el riesgo de atentados terroristas en nuestros cielos no había llegado a existir: No hay peligro especial Y punto com. En esta España tan idílica, los terroristas de la ETA son ahora unos chicos estupendos, que no matan y si mataron un día, mataron poquito, y no tanto M como dicen las víctimas del terrorismo, a las que nada más que les gusta dar por saco y fastidiar el pasodoble triunfal del proceso de paz. Menos mal que Grande- Marlaska se fue y ha vuelto de los Nueva Yores el que tenía que regresar: Garzón en son de paz de proceso. Quien llega fresco y recién importado de los Estados Unidos con las obligatorias gafas de verlo todo color de rosa, según manda la jurisprudencia del relativismo de Conde Pumpido. Gafas milagrosas con las que miras a un negro negrísimo y ves a un subsahariano subsaharianísimo. ¿Qué digo subsahariano? Ni eso: un futuro y agradecido votante de las municipales del 2007. Lo que ve ZP desde la ojaneta de La Mareta, con la sonrisa de sesión continua y sin causa justificada de su visita a La Palma. Usted, como es un aguafiestas, cada vez que llega al muelle de Los Cristianos un cayuco, ve un montón de negros. ZP, no. ZP, con el maquiavelismo de su hoja de ruta para acabar con España, ve un montón de votantes del PSOE en las municipales. Rectifico a los que dicen que las Canarias, el Estrecho, Barajas o La Junquera son un coladero de simpapeles. Mentira cochina. Son un vivero de futuros votantes del PSOE de las elecciones municipales, ¡a ti te lo debemos! como le decían los pelotas a Franco en sus discursos. Calculo que en cada cayuco que arriba a Canarias llegan votantes para un concejal más del PSOE. Me gustaría saber cuánto se están gastando de dinero público en la asistencia a los inmigrantes llegados por los coladeros tradicionales. No por nada, sino para dividir por el número de colados y ver a cuánto nos va a salir cada voto por el PSOE en las municipales, en este PER del Humanitarismo del Papeles para Todos, en contra de las directrices de la UE sobre inmigración ilegal. He citado sólo cuatro ejemplos de esta España idílica, donde No Passsa Nada. Podría añadir cientos. Pero no quiero fastidiar la marrana, sino seguir las sabias enseñanzas de María la Yerbabuena: La memoria no debe usarse para empeorar las cosas I existe un símbolo preclaro y universal de la tragedia de la guerra incivil española, se llama García Lorca. A ese apellido no le puede dar nadie lección alguna de memoria histórica. Para hablar de memoria histórica con un Lorca primero hay que bajar la cabeza y pedir permiso con humildad. Y luego, prepararse a aceptar una posible catequesis de dignidad moral como la que están impartiendo los herederos del poeta asesinado al negarse IGNACIO a colaborar en esta estéril CAMACHO ofensiva de revanchismo levantatumbas. La familia de Federico sabe que los afanosos removedores de huesos no buscan en el barranco de Víznar ninguna clase de reparación memorial, que por otra parte está ya fuera de lugar para quien se convirtió en un mito mucho antes de que Zapatero descubriese que tenía un abuelo. Lo que quieren desenterrar es un saco de morbo para montar con él un espectáculo de fuegos fatuos. Esqueletos para agitar el espantajo de la tragedia, para utilizar la calavera de Lorca como un bululú de barraca, como un Yorick patético sobre cuyas cuencas vacías recitar el monólogo cainita de la cizaña retroactiva. Los familiares, sensata y ponderadamente, se oponen a este aquelarre. Se quedan con el Federico sonriente y luminoso de la huerta de San Vicente, con el intuitivo surrealista asombrado ante los rascacielos de Nueva York, con el juguetón pianista de la Residencia, con el hondo existencialista sentado ante su propia muerte en el visionario Diván del Tamarit: Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que no he muerto Y claro que no ha muerto, porque para matar a un poeta hay que asesinarlo dos veces: una con la muerte y otra con el olvido. Y a Lorca nunca nadie, por fortuna, lo ha olvidado, nitampoco su crimen execrable y funesto, paradigma de un horror desatado que avergüenza nuestro pasado común y mancha nuestra condición colectiva. Pero los memorialistas del desquite, los que pretenden ganar la guerra perdida a base de retirar estatuas y remover cementerios, no están interesados por ese Lorca inmortal y jubiloso, universal vencedorpóstumo de la indiferencia y del extravío, sino por el ceniciento rescoldo mortuorio de su osamenta. En su delirio de desquite quieren al Lorca muerto y no al vivo, al cadáver y no al poeta. Y es de temer que lo acaben despertando por las bravas, que lo desentierren y manoseen para organizarle unas morbosas exequias procediendo, como ha sugerido la ministra Carmen Calvo, a una especie de expropiación forzosa de la memoria lorquiana. Será difícil que los levantahuesos renuncien a la golosina del mito más célebre y trágico de aquel drama. Y al saborcillo vindicativo de una secreta factura pendiente con sus herederos: la de haber llevado a Aznar al santuario de la huerta granadina y permitirle blasonar de un Federico al que algunos consideran sectario patrimonio de su hemiplejía moral e ideológica.