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42 Sociedad SÁBADO 19 8 2006 ABC El telón de acero les separó de la Europa occidental y la transición no hizo mucho por su quebrada economía. Ahora, los rumanos buscan al otro extremo del viejo continente una vida más digna. En España, este colectivo es la tercera comunidad inmigrante más numerosa. Del otro lado de Europa TEXTO: MARÍA J. PÉREZ FOTOS: MIGUEL BERROCAL DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Kek Seratele Halva Rahat Charpati Son nombres anárquicamente colocados en las cercanías de cestas con pequeños bocados dulces. Cuernecillos rellenos de crema, pastas cubiertas de chocolate... según la receta rumana. En la tienda de delicatessen en la que trabaja Violeta, los ojos se van detrás de los pastelillos. En ellos, el caramelo, la nata y la crema caen sobre el bizcocho o la galleta tal y como lo hacen en el país que esta mujer, superado el borde de la treintena, dejó hace tan sólo un año y medio. Ella siguió, con su marido e hijos, el camino que emprendieron sus hermanos cinco años antes. El mismo camino que han seguido los 381.955 residentes rumanos inscritos en los padrones municipales de toda España. Esta cifra les coloca como el tercer colectivo de inmigrantes más numeroso en nuestro país, sólo por detrás de marroquíes y ecuatorianos. Es un camino que no tiene muchos años. Comenzó a trazarse a finales de los noventa, y se ha acelerado en los últimos años. En 2003, los rumanos constituían un 3,3 por ciento de los extranjeros residentes. Según los datos del padrón, el 1 de enero de 2006, eran el 9,8 por ciento. Cuando un rumano que vive en España llega a su pueblo, va con coche nuevo, dinero... Cuando lo ven los de allí... uf. Todos quieren venir a España, y como todos tenemos amigos aquí... Gabi tiene la sonrisa amplia y la tez curtida por las horas de sol en el tajo. Él llegó a Madrid con su familia hace tres años, harto de la vida en su país. Ahora trabaja como albañil nueve o diez horas al día y gana entre siete y ocho euros la hora. Aquí puedes trabajar sin papeles. En Alemania, no Desde 2002, los rumanos no necesitan visado para entrar en los países de la Unión como turistas. Una vez dentro, se quedan y encuentran un trabajo en la economía sumergida. Además están, según Cristian, los rasgos comunes a ambos países. El idioma es bastante accesible, el clima, un poco el carácter latino que nos une. Se adapta uno rápido. Es como una Rumanía un poco más avanzada Cuando Iacob, en 1999, llegó a España, sólo conocía unas pocas palabras de castellano. A sus 48 años, llevaba muchos países a rastras. El último fue Alemania. Allí trabajaba como soldador y carpintero. Conocí a dos españoles y me animaron a venir. Me dijeronque aquí se estaba mejor porque no hay racismo El primer día fue duro. En España no co- nocía a nadie. La persona que lo traía le dejó en Gerona. Me dijo que preguntara En un aparcamiento, conoció a un rumano que le trajo a Madrid. Durante una semana buscó trabajo, hasta que encontró un puesto de albañil. Luego, desde que regularizó su situación, sólo trabajó como gruista. Su mujer vive en Rumania con uno de sus hijos. Gana, en su puesto de enfermera, 300 euros al mes. Su otra hija estudia idiomas en Alemania. Iacob les manda dinero todos los meses. Y el consejo de que, cuando terminen de estudiar, vengan. Ahorrar para invertir Un destino muy común para los ahorros es la inversión inmobiliaria. Casi todos los que reúnen dinero, lo invierten en pisos, casas allí. Ahora, con la Unión Europea, hay bastantes más oportunidades. Suben los precios de los pisos. En seis meses, el año pasado, su precio se dobló explica Cristian Avrám, presidente de la Organización Transilvania Gabi está de acuerdo. Aquí, trabajando dos o tres años, puedes ganar dinero para comprar un piso allí Gabi es el ejemplo de la regla general entre los inmigrantes rumanos. La mayoría de los que vienen son jóvenes. El grupo más numeroso es el de los que tienen entre 25 y 29 años. Son un 20 por ciento del total. En la horquilla que va entre los 20 y los 40 años, se concentra el 64 por ciento de los residentes rumanos en España, y eso se nota en Rumanía. En nuestro país no queda gente Cuando un rumano que vive en España llega a su pueblo, va con coche nuevo, dinero... cuando le ven, uf... Los rumanos que vienen a España creen que el nivel del sistema educativo es muy bajo, con respecto a su país Iacob Gruista joven. En mi pueblo, sólo tengo un amigo, porque el resto están aquí comenta Gabi. Él pertenece a la religión mayoritaria entre los rumanos, la católica ortodoxa. Aunque también están representados aquí los adventistas como Violeta, y los judíos. La cuota de hombres y mujeres en Una Rumanía más avanzada Trabajar es el principal objetivo. Lucía dejó su empleo como costurera en Rumanía por el trabajo en el servicio doméstico. Los primeros días lo pasé muy mal. Sola, en casa, no sabía hablar, no sabía nada. Todo el día llorando. Pero con el tiempo, mejor, no me costó encontrar trabajo, a través de una amiga El dinero que gana lo guarda para su hija de 13 años. Ella cree que su futuro, y el de su hija, que sigue allí, está en España. En Rumanía, la distancia entre los precios y los salarios es enorme. Allí, los precios son como los de aquí, en todo. Incluso la comida, la luz... valen igual, más o menos. Pero las condiciones son difíciles, los salarios son bajos y hay mucho paro afirma Cristian Avrám, presidente de la Organización para Rumanos de España Transilvania El trabajo es el motivo por el que primero Italia y luego España han sustituido a Alemania y los países centroeuropeos como el destino preferido por los rumanos. Gabi lo tenía claro: Yo he trabajado en Alemania como en la cárcel La historia de Iacob ha transcurrido entre su Rumanía natal, Rusia, Hungría, Alemania y, finalmente, España. Del país germano cuenta que no quiere volver, que allí sufrió el racismo. Un día, prendieron fuego a la caseta de la obra en la que trabajaba. Él estaba dentro. Aquí está contento, aunque le gustaría reunir a su familia. La afición al fútbol le ha ganado y, en contra de la opinión de sus compatriotas, cree que la comida de aquí es mejor. De su tierra, no tiene noticias. Sus viajes, los lleva marcados. Afirma que en Alemania trabajó como en la cárcel, que todos los días tenía que subir los 88 metros de la grúa hasta una jaula. Para viajar, vale cuando vas como excursionista. Cuando trabajas, eres como un esclavo Iacob, en la obra en la que trabaja como gruista