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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE Restaurantes: Chez Gaby. Comida portuguesa, como en O Poeta (efigie de Pessoa en el dintel) La Piscine. Especialidades griegas. Chateau Margaux. Sabores belgas y locales, con jardín exhuberante. Chez Filo. Comida congoleña para blancos, incluida carne de antílope y de cocodrilo. Extrême. Pizzería con ambiente mixto. Cabarets: Chez Ntemba. Prohibido al personal de la ONU. Tentaciones, baile tórrido. VIP. Mayoria libanesa, ambiente internacional. Savanana. Curioso y peligroso. Standing Club. Fusión blanquinegra. pura carcasa, un esqueleto chamuscado, un país fantasma en el que más de sesenta millones de almas se buscan la vida cada día. Para conocer su capital hay que adentrarse en barrios como Matonge, cuna de la diversión negra, o Selembao, donde se hunde la vara de medir miseria. Allí es donde religiosas como Carmen Asiain y las que han tomado el relevo le siguen plantando cara al implacable destino que desloma cada día a la inmensa mayoría de los kinois donde son demasiados los que sobreviven con menos de un dólar al día, comen uno de cada dos, recorren kilómetros para engañar al hambre por calles que a menudo son pura lepra. Cuando, siempre demasiado pronto, se teje la noche, surge una vía láctea de bujías de keroseno made in China Ríos humanos que contemplan, bajo esa luz titilante, el rostro de una ciudad donde los lindes entre realidad y ficción, vida y muerte, sueño y deseo, fe y superstición forman un magma tan denso como la pasta de yuca con la que se sostienen. Vivos y muertos encerrados en un callejón sin salida. No es de extrañar que el fenómeno de los niños embrujados sea una epidemia en Kinshasa, Ciudad invisible pese a su energía, a su dureza, hoy sede de la mayor misión de la ONU en el mundo, ciudad fuera de foco, difícil de domesticar, imposible de atrapar en un relato escribe Filip de Boeck. Para poder escribir sobre ella hay que patearla. Para poder patearla hay que arriesgarse, y buscarse además un buen guía, como Laurent. Me regaló un colmillo de león para que me protegiera durante la noche, cuando las ciudades indómitas como Kinshasa acaso ofrecen su secreta alma a quien se atreva a beberla. Un vecino de Kinshasa pasa ante un mural del presidente Kabila padre, asesinado en 2001 CAMERÚN REP. CENTROAFRICANA AP SUDÁN Kisangani CONGO Mbandaka Bunia 0 Ecuador GABÓN L. Alberto L. Eduardo REPÚBLICA D E M O C R Á T I C A Bukavu DEL CONGO OCÉANO ATLÁNTICO Kinshasa ANGOLA Lago Tanganica L. Moero Lubumbashi ÁFRICA ZAMBIA 0 Km 500 Agitación nocturna ante una tienda del barrio de Kitambo polvorienta, empezó una negociación que terminó en tablas: a cambio del sello de entrada hubo que aligerar el viático de cigarrillos que llevábamos para eso: sobornos. Pero salvada esa ordalía, y recuperado el equipaje, convencidos los carniceritos de bata blanca de que todas las vacunas contra la fiebre amarilla se esponjaban ya entre nuestros leucocitos y de que no tenían que hacer uso de su vieja aguja impregnada con todos los miasmas ecuatoriales, derrotado el enjambre de porteadores, que saltan de lo servicial a lo zafio por el canto de un franco congoleño, el placer era abrirse camino por una carretera que sigue siendo infernal tanto para entrar en la telaraña de Kinshasa como para zafarse de ella. Según David Nthengwe, un oriundo de Malaui que hizo de Kinshasa su hogar durante los años que trabajó para la agencia de la ONU que se ocupa de los refugiados, Kin la belle debe su fa- AP ma a una diversión que va de domingo a domingo, sus bellas mujeres que dejan entrever la lencería que acota su rotunda anatomía, corruscante atracción, y la rumba Frente a la miseria, el resplandor febril. Frente a Kabul, donde no hay nada y la religión es una losa, en Kinshasa, pese a tanta pobreza, son más felices dice un oficial legionario destacado en el Congo para apoyar un proceso democrático aplazado 46 años. El Congo era hasta hace nada