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34 Madrid SÁBADO 19 8 2006 ABC Mientras que los madrileños prefieren una caña acompañada de patatas fritas, a los turistas les encanta tomarse una paella en la Plaza Mayor o un chocolate con churros en San Ginés ¡Una de terrazas, por favor! TEXTO: C. ALONSO FOTOS: V. INCHAUSTI MADRID. Hay quien dice que los españoles son cotillas y que, por eso, proliferan las terrazas allá donde haya un pequeño rincón en el que sentarse a mirar cómo pasa la vida Si esto fuera cierto, los turistas se contagian de ese correveidile en cuanto pisan el suelo de la capital, ya que son los reyes indiscutibles de las terrazas de verano en el centro. Les encanta tomar paella en la Plaza Mayor, mojar churros o porras en chocolate caliente en San Ginés o beber una cerveza o sangría bien fría en la plaza de Santa Ana. Los madrileños tampoco se quedan atrás: Latina es uno de sus centros favoritos de reunión. Su bebida, la caña o la sangría. Y su tapa, las patatas fritas o las croquetas. No hay lugar recóndito que se les resista ni metros cuadrados que no sirvan para que florezca una sombrilla, una mesa y cuatro sillas. Las hay de todo tipo: con sillas blancas o de colores, de mimbre o de hierro, de mesas cuadradas o redondas, con mantel o sin mantel, con precios caros o baratos, con sombrilla o con toldo y grandes o pequeñas. Sin embargo, todas tienen una característica en común: son muy rentables. Si no saliera rentable ningún local las colocaría, y cada año hay más. A la gente no le suele importar pagar un quince o un veinte por ciento más por su consumición porque lo que quieren es pasar un rato agradable afirma un hostelero. Por esta razón, tanto restaurantes como cervecerías, pasando por cafeterías, teterías o pizzerías, se anexionan cada verano un trozo de calle en cualquier rincón de la capital en el que saciar la sed, el hambre o las ganas de alternar de sus clientes. El ritual más de una vez comienza así: Una caña, por favor Hugo Casanovas y Edith Sancho Turistas Las terrazas españolas son un gran invento Para Hugo y Edith, argentinos, las terrazas son un gran invento. Somos unos fervientes admiradores de ellas confiesa Hugo. Después de tomar un café en una de las terrazas de la Plaza Mayor, la pareja se muestra agradecida: La diferencia básica entre las terrazas de aquí y las de allí reside en la atención. Nadie nos trata tan bien como ustedes Es la primera vez que se sientan en una de las terrazas de este mítico enclave madrileño y las encuentran más que asequibles: Para nosotros es todo caro por el cambio, estamos cuatro a uno en contra, pero viendo los salarios medios de los que se disfruta en España no nos parecen unos precios excesivos Ésta es una de las zonas favoritas por los turistas para degustar una paella o alguna ración típica madrileña. A mí lo que más me gusta son sus picadas explicaba Edit, en alusión a las tapas. Aquí se vive muy bien, toda esta tranquilidad... no saben lo que tienen añadían. La pareja, que era la primera vez que se sentaba en las terrazas de la Plaza Mayor, prometió que no sería la última: Es muy bonito y todo está en calma. Es un buen lugar para dialogar. A mí es que Madrid me encanta confesaba Edit. Marta y Elvio Vecinos La cerveza siempre se me queda caliente Marta, madrileña, está harta: ¿Por qué no pueden poner en las terrazas cañas pequeñas, como las de toda la vida? Siempre me ponen una gigante y, como bebo despacio, se me queda caliente Elvio, uruguayo, también se queja. A veces asegura sentir hasta miedo porque no sabe cuánto le costará el ratito de conversación debajo de la sombrilla: Voy a un sitio y me cobran por una cerveza 1,50 euros, luego voy a otro y me dicen que son 5 euros. Al final lo que consiguen es que me sienta burlado Vecinos en Madrid a favor de las terrazas hay muchos. En contra, también: Mucho alboroto, echo de menos la tranquilidad del invierno, ahora tengo que sortear mesas y sillas antes de poder entrar en el portal, pero también es cierto que noto más seguridad, está todo más vigilado explica Concepción, que lleva más de 20 años viviendo en la Plaza de Santa Ana. Estar en contra de las terrazas es estar en contra de nosotros mismos. Nuestro clima y carácter nos piden tomar la aceituna con la caña al aire libre, porque como somos cotillas nos gusta ver pasar a la gente y hacer comentarios de éste y aquél. Dentro del local, nos aburrimos asegura Laila, empresaria. ¿Las terrazas? Sin duda, lo mejor del verano añade Jaime, contable. José Antonio Aparicio Empresario Tomarse algo en la Plaza Mayor no es tan caro Para el presidente de la Asociación de Hosteleros de la Plaza Mayor, las terrazas de este gran enclave turístico están desfasadas: Tienen muchos años, por eso el año que viene queremos hacer un cambio radical, que incluye mobiliario, iluminación, cerramientos, etc. Un poco en la línea de las terrazas europeas Para ello, los hosteleros cuentan con el total apoyo del Ayuntamiento de Madrid. Con un 70 por ciento de turistas en verano, Apa- ricio asegura que la Plaza Mayor tiene mala fama en cuanto a precios, algo que no se ciñe del todo a la realidad: Hay terrazas mucho más caras, aquí se puede tomar una cerveza por 3 euros Y también se puede cenar. Para aquéllos a los que les apetezca disfrutar de una cena en una de las múltiples terrazas blancas, su capricho les costará unos 25 euros por persona. Si se equipara con los precios de otros países, está muy bien Uno de los principales problemas que destaca José Antonio Aparicio es la imagen degradada que ofrece el distrito centro: La mendicidad es una de nuestras principales lacras Las bebidas estrella, la sangría y la cerveza. Las tapas, como no podría ser de otra forma, los callos, calamares y croquetas.