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ABC SÁBADO 19 8 2006 23 Raúl Castro, en su primer mensaje a los cubanos, ordena la movilización de decenas de miles de reservistas La Policía alemana descubre un presunto complot para atentar con maletas- bomba contra dos trenes Los suburbios del sur de Beirut, bastión de Hizbolá, completamente arrasados tras un mes de intensos bombardeos de la aviación israelí AP Los jefes de la milicia chií acusan al Gobierno libanés de olvidarse de los 75.000 damnificados que han perdido sus hogares. Los voluntarios del Partido de Dios suplen al Estado en sus funciones en el sur de Beirut Hizbolá, el rey de los escombros MIKEL AYESTARÁN. SERVICIO ESPECIAL BEIRUT. La periferia sur de la capital libanesa es una zona cero Cientos de edificios de gran altura están destrozados o gravemente dañados, por lo que miles de personas se han quedado sin hogar. Hizbolá controla esta zona, que es la suya. Aquí estaba el cuartel general del jeque Nasralah y las principales oficinas de la maquinaria social y política del Partido Dios. Hoy no queda absolutamente nada en pie. Pese al caos, el grupo chií se ha reorganizado. Los accesos están controlados por milicianos armados que obligan a identificarse a cualquiera que quiera pasar, y en cada entrada al barrio hay puestos en los que los damnificados añaden sus nombres a las listas que confecciona Hizbolá para empezar a ofrecer ayudas. La lista tiene cuatro casillas: nombre, teléfono, casa dañada y casa destruida. En estos momentos nos encontramos en la fase de las estadísticas y podemos asegurar que 75.000 personas se han quedado sin hogar. Dentro de un mes estaremos en disposición de empezar a ofrecer los primeros alquileres y en un año, aproximadamente, habremos reconstruido los edificios, inch al- Lah (si Dios quiere) El doctor Hussein Rahal es uno de los dirigentes de Hizbolá que coordinan las ayudas a los afectados por la guerra. Su oficina, como todas las del partido, fue destruida y trabaja en plena calle, entre los escombros y bajo un gran toldo blanco. La destrucción es mayor que la que provocó la bomba atómica en Hiroshi- ma. Bancos, supermercados, tiendas, colegios, geriátricos... no queda nada en pie. Y aquí no había un solo cohete, esto era sólo la zona en la que se encontraban las oficinas de la parte política y social de Hizbolá. Apenas ocupaban las dos primeras plantas de un edificio de diez alturas, pero han arrasado con todo el barrio lamenta Rahal. Propaganda Entre las toneladas de escombros sólo se ven trabajadores con gorras amarillas y voluntarios con gorras rojas, que Hizbolá ha diseñado especialmente para la posguerra con mensajes antisionistas. La maquinaria propagandística del partido también ha sembrado la zona cero de llamativos carteles rojos con mensajes en inglés como The Divine Victory (la divina victoria) o The new Middle Beast (la nueva bestia de Oriente Próximo) Ni rastro de efectivos de protección civil. Ni rastro de soldados regulares, que en el sur del país sí están trabajando en la reparación de infraestructuras. Sólo la resistencia está presente. Su oficina, como todas las del partido, resultó destruida y ahora trabaja en plena calle, entre los escombros Los voluntarios llevan gorras rojas, diseñadas especialmente para la posguerra, con mensajes antisionistas Hemos pedido ayuda, excavadoras, soldados, lo que sea, pero no llega y por eso hemos tenido que asumir la responsabilidad completa. En el campo social estamos funcionando como un gobierno paralelo señala Rahal. La operación de reconstrucción va a resultar millonaria y, sin apoyo del Gobierno, la pregunta es de dónde saldrá el dinero para pagar los alquileres y las futuras viviendas. Hizbolá, que no habla de cifras, asegura que los libaneses en la diáspora y algunos países hermanos van a ser los principales financiadores del nuevo sur de Beirut. Israel ha destrozado miles de casas, cientos de puentes y las pérdidas son millonarias para un país que aún no se había recuperado del todo de la terrible guerra civil (1975- 1990) Entonces fue el asesinado Rafic Hariri quien lideró el proceso de reconstrucción. En estos momentos, no existe una figura capaz de ofrecer la confianza necesaria a los inversores para destinar los casi tres billones de dólares que los expertos calculan serán necesarios para arreglar la herencia de la última guerra.