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50 Sociedad VIERNES 18 8 2006 ABC Ciencia A cuatro días del Congreso de Matemáticos, su estrella sigue en paradero desconocido Grigory Perelman podría recibir en Madrid el mayor galardón de su especialidad y no aceptarlo b Hace tres años, Pelerman pre- sentó en internet la solución a un problema matemático planteado hace cien años por Poincaré; después se retiró del mundo científico DANIEL MEDIAVILLA MADRID. Imagine a un hombre en la cima de su profesión, con una institución estadounidense dispuesta a dar un millón de dólares por su último trabajo y al que buscan en medio mundo para cubrirle de honores y galardones. Y ahora imagine que en vez de disfrutar del baño de gloria y del dinero se retira a un bosque ruso y se dedica a dar largas caminatas y recoger setas. El primer pensamiento puede indicar que el tipo imaginado se ha vuelto loco, pero esa ha sido la decisión de Grigroy Perelman, un hombre de carne y hueso al que medios de todo el mundo califican como el más inteligente del planeta y el principal candidato a recibir este martes en Madrid el premio Fields, el Nobel de las matemáticas. Perelman ha sido considerado un genio desde que en 1982, a los 16 años, ganó la medalla de oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas con una puntuación perfecta, pero su celebridad tomó escala mundial cuando en 2002 presentó la solución a la conjetura de Poincaré, un complejo problema matemático que nadie había sido capaz de resolver después de todo un siglo de esfuerzos de la comunidad científica. Al propio Perelman le costó ocho años de reclusión y arduo trabajo llegar a sus conclusiones, pero cuando logró lo que podía ser el triunfo no quiso comportarse como un mortal más y recoger los frutos. En vez de publicar sus resultados en alguna revista científica, los colgó en la web Arxiv un sitio donde se publican borradores de artículos que esperan a perfeccionarse- -para científicos más comunes, no para Perelman- -antes de recibir la bendición de las publicaciones revisadas por expertos en la materia. Este primer detalle podría ser considerado una simple pose si no fuese porque puede costarle a Grigory un millón de dólares, el dinero que ofrece el Instituto Clay a quien resuelva la conjetura y publique los resultados en una de las mencionadas revistas. Retirada del mundo Grigory Perelman Henri Poincaré En la primavera de 2003, Perelman aceptó la invitación de varias universidades americanas y viajó a Estados Unidos, donde explicó cómo había resuelto el enigma planteado por Poincaré. Después, regresó a San Petersburgo, la ciudad donde hasta ese momento había trabajado en el Instituto Steklov de Matemáticas, se dio de baja y desapareció. Tras de sí dejó dos breves artículos- -de 22 y 39 páginas respectivamente- -para que la comunidad matemática los analizase y tratase de descubrir alguna fisura en sus cálculos. Tres años de estudio después, las 61 páginas que Perelman colgó en la red se han convertido en tres largos artículos; mil páginas que entreveran prosa y matemáticas y, probablemente, darán por cerrado el problema que Henri Poincaré planteó hace más de cien años y por el que, fundamentalmente, el ruso puede recibir el Fields. Aunque hay muchas posibilidades La hipótesis según la que un conejo y una pelota de tenis son lo mismo Lo crean o no, para un topólogo, un conejo se parece más a una pelota que a un donut. El motivo es que tanto el conejo como la pelota pueden deformarse hasta convertirse en un punto, y esta cualidad- -siempre desde el punto de vista del topólogo- -los convierte en una esfera. Este fue- -más o menos- -el planteamiento que realizó Henri Poincaré en 1904, aunque no fue capaz de demostrarlo. Muchos matemáticos estudiaron la hipótesis y el interés se incrementó cuando comenzaron a intuir que podía ser cierta. El interés escapa, como resulta evidente, a casi todas las mentes, pero los expertos aseguran que la resolución de la conjetura ofrece información esencial sobre la naturaleza del espacio. Cien años después, precisamente en el Congreso de Matemáticos de Madrid, la hipótesis, gracias a Grigory Perelman y al beneplácito de las autoridades matemáticas del mundo, puede convertirse en un teorema. Tras echar un vistazo al problema que Poincaré planteó, sólo queda admirar a Perelman y, por supuesto, perdonarle pequeñas manías como la de no aceptar premios millonarios.