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36 Madrid VIERNES 18 8 2006 ABC SE DICE SE COMENTA PREGONES Y PITADAS El año pasado, el alcalde de Leganés, el socialista José Luis Pérez Ráez, se llevó una sonada pitada en el pregón de las fiestas del municipio, que se celebran a estas alturas del mes de agosto. Este año sencillamente no ha habido pregón. ¿Tendrá relación un hecho con otro? Los vecinos y visitantes de Leganés tuvieron que contentarse con el chupinazo que daba comienzo a las fiestas. Para lo que hay que escuchar en muchos pregones, seguramente tampoco se perdieron demasiado. MADRID AL DÍA LA HORA DE LOS VICES Definitivamente, el mes de agosto es el momento de los viceconsejeros. Con sus jefes de vacaciones en la mayoría de los casos, los números dos de las Consejerías del Gobierno de la Comunidad protagonizan casi todos los actos públicos. Toda una oportunidad para brillar con luz propia. Es el caso de Concha Guerra, en Economía, por ejemplo, que un año más destaca por sí sola en la Comunidad. Los consejeros volverán al tajo en la última semana de agosto, y tendrán la primera reunión con la jefa el día 31. FRÍO EN ROSTRO MANUEL MARÍA MESEGUER E LA OPINIÓN DEL LECTOR Pueden dirigir sus cartas a esta sección: Correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Fax: 917 424 104. Correo electrónico: madrid abc. es Mejor gratis La iniciativa municipal de poner en marcha el cine de verano en el parque de La Bombilla me parece realmente buena: aprovechando el buen tiempo de que disfrutamos los madrileños por las noches estivales, ver una película es una buena alternativa. Y además, el programa previsto es variado en su temática y en las edades a que está dirigido. Sólo tengo que ponerle un pero: ¿por qué no es gratuito? Una entrada de más de cuatro euros, aunque sea para un programa doble, no me parece muy subvencionada. Y tampoco veo lógico que los niños a partir de los 4 años paguen más que los jóvenes y la tercera edad. Ya que los ciudadanos pagamos todos muchos impuestos, ¿por qué no hacer que actividades como ésta sean gratuitas? Así tendremos la sensación de que lo que pagamos revierte en nosotros. Josefina Alarcón Calle de Toledo Soy un señor jubilado y vecino de esta calle. He visto las modificaciones realizadas en el proyecto inicial del cierre del Barrio de Embajadores. Ignoro el criterio discriminatorio de beneficiar a unas zonas comerciales en detrimento de otras, sus razones tendrán. Pero lo que no comprendo es que dejen todo el tráfico de la zona Duque de Alba, plaza de Cascorro y todo su entorno con única salida por las calles Amazonas y López Silva, calles muy estrechas que van a sobrecargar la calle Toledo. Pregunto si no es más lógico dar salida a esa zona por la calle Ribera de Curtidores que es bastante más amplia y así descongestionar la calle Toledo, que es una vía con mucho tráfico y líneas de autobuses, que padece grandes atascos a diario. Por favor, no lo aumenten cuando hay una solución tan fácil y que beneficia a los vecinos de toda la zona. Jorge Alonso Álvarez Charcos Al final de la calle Josefa Valcárcel se forma, cada vez que llueve con un poco de fuerza, el mismo charco peligrosísimo. ¡Hagan algo! Joaquín Benítez G. Alboz Y volver, volver... Vuelvo de las vacaciones estivales y me encuentro mi ciudad... más o menos como la dejé. Al menos en la parte que he tenido que recorrer, había una plaza en remodelación y sigue en el mismo sitio- -cruce de avenida de La Paz y López de Hoyos- sin finalizar las obras tras más de un mes que he estado ausente. Me preocupa que los baches se mantienen en los mismos sitios- -en la salida de la M- 30 que antes se llamaba de San Juan Bautista- y más aún me asusta pensar que llega septiembre- -está aquí al lado- -y esos trabajos sigan en marcha. Acabo de escuchar al alcalde Gallardón asegurando que todas las obras estarán terminadas en mayo. Supongo que se refiere a las grandes, a las de la M- 30, esas que han tenido Madrid levantado y a muchos ciudadanos al borde del ataque de nervios. Pues bien, le pido al alcalde que, igual que seguramente cumplirá con ese plazo, se acuerde también de esas otras pequeñas obras que nos machacan a muchos en nuestros barrios, y aunque nunca saldrán en los papeles porque no transforman la fisonomía de la ciudad, sí que perjudican bastante cuando están en marcha, aunque al terminar las calles mejoren lo suyo. José Manuel Uribe sto de los costumbrismos obliga a mucho, como si no se pudiera dejar pasar la ocasión sin denostar o aplaudir algún acontecimiento que pese a su trivialidad pueda ser considerado importantísimo para la comunidad. La festividad de La Paloma, un decir, o el mantenimiento de los usos y costumbres en cuanto a fiestas y vestimentas, o un simple chaparrón en agosto. Que uno de cada dos madrileños hayamos nacido fuera de Madrid supone que nos hallamos en el umbral de que pueda dejar de entenderse el costumbrismo madrileño; de ahí en adelante aumentará el número de nacidos en estas calles- -he contribuido con tres- -pero cada vez estarán más alejados de ese espíritu gatuno y del foro, medio chulesco y destemplado, que todavía lleva a algunos valientes a calarse la gorra, embutirse en una estrecha chaqueta a cuadritos negros y blancos y bajar el mentón como hacía Manolete en sus desplantes, pero en alegre. Y es que los nuevos madrileños serán hijos de pajueranos: murcianos, extremeños, catalanes, ecuatorianos, marroquíes, rumanos, senegaleses o chinos, y así no hay dios que mantenga una tradición. La recurrencia a ilustres costumbristas madrileños, desde Mesonero Romanos hasta los últimos incombustibles, no deja de ser un ejercicio de erudición puesto que la sociedad matritense de entonces o de hace una década se parecen a la sociedad multicultural y multiétnica actual como un huevo a una castaña, si se me permite una expresión costumbrista. Pero la tradición es que cuando en agosto llegan las tormentas siempre hay alguien que recuerda- -para evitar que se lancen las campanas al vuelo- -que en agosto, frío en rostro que reza el refrán. Convengamos en que hacía al menos un par de años que los veraneantes en la Corte y sus alrededores no podíamos aplicar tan sabia sentencia por la ausencia de tormentas de verano. Ahora no. Estos días los rostros en el supermercado o las panaderías se ven relajados con la sonrisa que- ¿recuerdan? -adornaba permanentemente a la Reina madre de Inglaterra. Disfrutan de las tormentas agosteñas, a las que saludan como a una presencia costumbrista y unas amigas imprescindibles, no como los veraneantes playeros que en cuanto caen unas gotas y les ocultan el sol se les pone un careto del estilo de ¡camarero: a esto le llaman paella! La falta de costumbre.