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ABC VIERNES 18 8 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN LOS INTELECTUALES SON PARA EL VERANO La afición española a los intelectuales es un resultado de la consolidación de esa fórmula de intelectual popular que es el tertuliano, todólogo dispuesto a opinar sobre ecología marina o la guerra del Líbano, pasando por la OPA de Endesa IGUE habiendo intelectuales hoy en día? ¿Viven entre nosotros gentes de letras comprometidas de altura comparable a la de Orwell, Mann y Camus o, en la acera de enfrente, capaces de caer tan bajo como Sartre, Neruda o Brecht? Para bien o para mal, me parece dudoso. Por otra parte, ¿los necesitamos? también me parece dudoso. Pero, de creer a la prensa, los veranos rebosan de actos donde centenares de intelectuales peroran de esto y lo otro en esos prolíficos cursos vacacionales que ya son otro hábito del estío español. Afortunadamente más agradecido que los incendios o la sequía, pero para los protagonistas representan poco más que una ocasión interesante de sacar unos euros, visitar sitios bonitos, pasar un rato agradable entre colegas amistosos y admiradores e incluso echar alguna cana al aire. Todas ellas cosas dignas de respeto, pero distantes de las tareas heroicas que históricamente se han atribuido a ese esquivo grupo social, tareas que suelen resumirse con alguna bochornosa expresión como encarnar la conciencia crítica del mundo o algo por el estilo. ¿Suso de Toro, José Saramago, Javier Sádaba, Bernardo Atxaga, César Vidal o Rosa Regás encaramados a tan alta cucaña? Hombre... Que hoy en día sea tan fácil recibir- -y dar- -el prestigioso título de intelectual indica hasta qué punto se ha reducido a una cáscara sin sustancia. Como los títulos de nobleza, ya no se gana en el campo público de batalla al estilo de Zola, sino por los servicios rendidos a un poder agradecido. Cuanto más pesa el poder en una sociedad más proliferarán allí los intelectuales, hasta números extraordinarios. En España, Cataluña y el País Vasco son sin duda los territorios con más intelectuales por kilómetro cuadrado, lugares donde es fácil tropezar con manifiestos firmados por miles de intelectuales y docenas de asociaciones culturales, siempre a favor de algo conveniente para quien manda, se trate del nuevo Estatut o del Proceso de Paz. Galicia lleva el mismo camino, tras la exitosa vuelta del Nunca Máis a la delación paranoica de los enemigos políticos de Galiza. En España los intelectuales hanacabado siendo extraordinariamente ubicuos y solicitados. Los hay tanto de izquierdas como de derechas, aunque la derecha sigue arrastrando un incomprensible complejo de atraso en esta materia- -como si Unamuno y Ortega hubieran sido comunistas- -y se lamenta más que la izquierda del poco aprecio que percibe entre la intelectualidad. Quizás porque espera de ésta cosas extraordinarias: la rendición de ETA, la garantía de la unidad constitucional de España o la popularización del patriotismo- -esas conquistas que es incapaz de ganar la Iglesia. La afición española a los intelectuales es, me parece, un resultado de la consolidación de esa fórmula de intelectual popular que es el tertuliano, todólogo dispuesto a opinar sobre ecología marina o la guerra del Líbano, pasando por la OPA de Endesa y la crisis (eter- ¿S na) del cine español (una de nuestras más fértiles fábricas de intelectuales) Por encima de este nivel divulgativo hay, ciertamente, una clase más selecta que algunos bienintencionados llamarán de los verdaderos intelectuales designación dedicada no a lo que se ha solido entender como tales- -personas consagradas a diversas batallas ideológicas en todos los aspectos de la existencia- sino a profesores, escritores o periodistas que tienen algo interesante que decir sobre algunos te- mas- -nunca sobre todos los posibles- que saben comunicarlo, y lo hacen en los medios de comunicación. La mayoría de estas personas suelen compartir tres rasgos: protegen su independencia, no les gusta firmar cosas a favor del establishment- -se trate del cubano o el catalán- y por eso mismo el establishment les despacha como sedicentes intelectuales Es la expresión que pusieron de moda los nacionalistas vascos, primero, seguidos de los catalanes, y ahora de los medios de la derecha más combatiente que además les achaca venderse a Zapatero o eludir la identificación con la derecha si, por ejemplo, no convocan una manifestación al mes contra los estragos- -tan reales, pero insensibles a la indignación- -del zapaterismo. En realidad, quienes dan una importancia tan desaforada a los intelectuales, como en los tiempos de Gramsci o Benda, son presas de un pensamiento excesivamente conservador. No es la irresponsabilidad general la que ha acabado con el papel de los intelectuales como vigías de la opinión pública, sino la extraordinaria democratización del arte de opinar y contar cosas, y sobre todo la extraordinaria complejidad de las cosas, ignorada por los inconscientes que toman en serio a Zerzan, Negri, Baudrillard o Fukuyama. La culpa también es de internet. El 60 por ciento de los internautas franceses tienen su propio blog, una red inmensa, y cada día se abren en todo el mundo unos 175.000 blogs. Las reglas del juego de la opinión y la información están cambiando a toda velocidad, aunque no sepamos muy bien cómo. Entre tanto, la proverbial pereza española frente a los cambios, la afición a la charlatanería- -estudiada ahora como bullshit- prefiere aferrarse a las tertulias y los cursos de verano donde desfilan los intelectuales de guardia. La paradoja estriba en que la mayoría de quienes podrían adaptarse mejor al perfil clásico de intelectual ya no tienen el menor interés en ocuparlo, y eso que no faltan apetitosas recompensas. Prefieren trabajar en lo que saben hacer o quieren aprender, y opinan o proponen cosas como ciudadanos, no como émulos de Pepito Grillo. Es verdad que muchagente inerme echa de menos al intelectual clásico, tan seguro siempre de sí mismo y de su causa, pero sólo es un síntoma de adolescencia social. No es casual que al presidente Zapatero le encandilen tanto los intelectuales y procure seguir sus ocurrencias- -Alianza de Civilizaciones, por ejemplo- en lugar de escuchar a gente que sepa de lo que habla. Pero esta última siempre es más compleja, difícil e incontrolable, como la pura e ingrata realidad. Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco REVISTA DE PRENSA POR DIEGO MERRY DEL VAL ESPAÑA, SANTUARIO DE TERRORISTAS Algo más de dos años después de los terribles atentados islamistas del 11 de marzo en Madrid, la Policía teme que España se haya convertido en un santuario para terroristas, donde se forman los próximos kamikazes afirma Le Figaro en un nada tranquilizador reportaje sobre la situación en nuestro país. Las dos mezquitas del Barrio del Puerto de Málaga se encuentran desde hace varios meses bajo la lupa de los servicios secretos. El pasado mes de diciembre, la policía arrestó a una decena de presuntos terroristas que habían acudido a rezar a la mezquita de La Unión Según el diario galo, el Ministerio del Interior no dispone siquiera de un registro exacto de los lugares de culto en el territorio nacional. De las mil mezquitas existentes para el medio millón de musulmanes residentes, sólo 280 poseen una licencia en regla. Sin embargo, son las mezquitas clandestinas, instaladas en garajes y pisos, las que más preocupan a los servicios secretos españoles El antiguo imán de la mezquita de La Unión, Félix Herrero, quien reconoce haber entablado amistad con los detenidos como presuntos terroristas, ha sido elegido presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) el interlocutor privilegiado del Gobierno. En Gran Bretaña tampoco cunde el optimismo. En una encuesta realizada por el instituto YouGov para la revista The Spectator, cuatro de cada cinco británicos creen que Occidente está perdiendo la guerra contra el terrorismo y desean que Tony Blair tome sus distancias respecto a la política de la Administración Bush. Esto último no significa paños calientes. El 53 por ciento de los encuestados cree que Londres debe adoptar una política exterior más agresiva como respuesta a la amenaza terrorista. Sobre la situación en el Líbano, el New York Times advierte que Occidente ya está llegando tarde. Hizbolá se está haciendo cargo de la reconstrucción en el sur del Líbano, mientras el mundo discute sobre la formación de una fuerza de paz. Si las promesas de ayuda de Washington no se concretan, el Partido de Dios ganará la batalla por los corazones y las mentes antes de que lleguen los pacificadores El mismo diario destaca que el número de ataques con bomba contra las fuerzas norteamericanas en Irak ha alcanzado un nuevo récord en julio, lo cual demuestra el constante refuerzo de la insurgencia a pesar de la muerte de Abu Musab al- Zarqaui.