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ABC VIERNES 18 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL AUGURIO DE CARONTE E AVE CON PINGÜINOS ONTABAN los devotos de la oración en la Catedral de Sevilla que hace ya mucho tiempo, por el verano, el canónigo lectoral observaba que cuando acudía al coro para el rezo de Completas, en uno de los últimos bancos de la capilla mayor estaba siempre un asiático de ojos rasgados. Una tarde y otra, el sabio lectoral comprobaba que el chinito permanecía allí, con santa unción. Y le extrañaba a nuestro canónigo la presencia cotidiana de aquel extraño devoto, que por su amarilla tez se diría de confesión sintoísta o de fe budista más que de católicas creencias. Su curiosidad le venció. Y al día siguiente, cuando iba al coro y vio al chinito, se dirigió a él, y chapurreando una elemental gramática castellana, ya que no era cuestión de usar la latina como ecuménica lengua, le preguntó, admirado: ¿Qué, chinito católico y venir a ANTONIO rezar a la Catedral? BURGOS- -No, chinito budista, pero chinito asfixiado de calol y chinito venil a la Catedlal a dolmil la siesta la mal de flesquito... Yendo desde Sevilla a Madrid en el Ave, me he acordado del chinito de los siestazos estivales en la Catedral cuando ha subido al vagón el habitual grupo de japoneses. Los chinitos del canónigo lectoral ya no van a la Catedral. Ahora todos se meten en el Ave para estar fresquitos. Debe de ser así. No hay tren de alta velocidad de Sevilla a Madrid o viceversa que no lleve a bordo un buen cargamento de chinitos. Vamos, de japoneses, con esos inquietantes maletones con ruedas inmensos, mucho mayores que ellos. Siempre hacen el mismo recorrido: vengan desde Madrid o desde Sevilla, se bajan en Córdoba. Donde, a su vez, sube otra buena cacimbocada de japoneses con destino madrileño o sevillano. ¿Vienen a hacer turismo? No, vienen a no pasar calor. Porque donde menos calor se pasa C de toda España es en el Ave. Ni en los Picos de Europa, ni en el Pirineo leridano, ni nada: frío, frío, lo que se dice frío, donde más frío hace en verano es en los vagones del Ave. ¡Qué dineral en refrigeración! No es exageración andaluza, pero creo que lo he dicho todo si les confieso que cada vez que me subo al gélido vagón tengo que echar a un pingüino que está sentado en mi asiento. Hablando por su teléfono móvil, naturalmente. No es exageración andaluza, pero con esa refrigeración tan fuerte, aparte de pandillas de chinitos paisanos del que dormía fresquito la siesta en la Catedral, yo me he encontrado en el Ave focas, otarios, parejas (de hecho) de osos polares, toda suerte de fauna ártica y antártica. En el Ave deberían repartir mantas, como en los vuelos transatlánticos de Iberia; mas no para dormir con el cambio horario, sino para no coger la pulmonía doble. Será todo por fomento del turismo, me imagino: para que los turistas por España puedan poner a su familia aquellas antiguas postales veraniegas de cuando no había SMS: Esto del Ave es precioso, dormimos con dos mantas Ni la Sierra de Madrid, ni Gredos, ni la Montaña: el frío que hace en pleno mes de agosto dentro del Ave, cuando fuera se fríen a 42 grados, no lo hace en ningún lugar de España. Por lo cual propongo a los gestores comerciales de esta maravilla ferroviaria que el carrito de la venta a bordo no lo pasen al final del viaje, sino al principio. Y que incluyan en su catálogo de venta algo tan útil allí como una buena manta. Por favor, vendan mantas a bordo, mantas zamoranas con el logotipo de la Alta Velocidad Española. Se las van a quitar de las manos incluso los chinitos que cogen el Ave hasta Córdoba y que le dirían hoy al canónigo lectoral: -No, chinito no il de tulismo a Cóldoba; chinito il en el Ave pala dolmil la siesta tilitando con este flío del calajo, a pesal del calol que hace fuela... L ser humano lleva siglos tratando de escrutar su destino en las estrellas, pero el firmamento mueve sus límites en la medida en que el ojo científico afina sus percepciones, volviendo cambiante y movediza la caligrafía con que supuestamente está escrito el rumbo de nuestra azarosa existencia. Ya no sólo no se quema a nadie por cuestionar las presuntas certezas de un Universo dibujado a la medida de ideologías y creencias, sino que cada día afloran los descubrimientos de nuevas fronteras que borran o transmutan los confinesconocidos de estaeternidad metafísica que viene a ser la bóveda celeste. Los expertos de la UniónAstronómica Internacional han dado ahora IGNACIO en proponer una redefiniCAMACHO ción del concepto de planeta, que aumentaría hasta doce los nueve conocidos en nuestro familiar marco galáctico. El nuevo mapa del sistema solar enviaría al garete la cartografía tradicional, y hasta ahora incólume, del cosmos, resquebrajada como los mapas políticos terrestres tras los cataclismos del siglo XX, y de paso pondría en un brete la compleja e incierta representación astrológica, que ya hace años discute sobre un eventual decimotercer signo del Zodíaco y encaja a duras penas las frecuentes colisiones entre la ciencia y la mitología del cielo. Confusión sobre confusión, circula estos días en internet un agitado debate sobre una supuesta aproximación orbital histórica de Marte a la Tierra, fechada para finales de agosto. Los astrónomos hablan de una nueva leyenda de la red basada en un fenómeno ocurrido, en realidad, hace tres años, pero augures, pitonisos y demás estirpe esotérica insisten en que estamos ante la peligrosa coyuntura de un inquietante y siniestro acercamiento del dios de la guerra, decorado para tan crucial ocasión con los rituales pertrechos simbólicos de la estirpe de Caín. Sea como fuere, coinciden las fechas de esta presunta alineación astral con el pronóstico ciertamente apocalíptico del experto islamista Bernard Lewis, reputadísimo profesor de Princeton que en una acongojante Tercera de ABC cifraba en el 22 de agosto- -a partir de claves ocultas en algunos discursos de los arúspices de la teocracia fundamentalista- -la turbadora hipótesis de un ataque nuclear a gran escala del fanatismo musulmán, quizá deseoso de conmemorar a lo grande el aniversario del mítico vuelo de Mahoma a lomos de su caballo alado. Mito y ciencia cruzados, una vez más, en un pronóstico de extrema zozobra que nos situaría en la inmediata antesala de una hecatombe, por otro lado manifiestamente verosímil, habida cuenta de los precedentes más cercanos, sin necesidad de recurrir a esoterismos. A la vista de tan pavorosos indicios especulativos, casi cabría aceptar sin más trámites la propuesta ampliación del número de planetas- -uno de los nuevos se llama, para colmo, Caronte- -con tal de que entre ellos se pueda seguir contando en su integridad el que conocemos como la Tierra.