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ABC VIERNES 18 8 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC CAMBIO CLIMÁTICO Y CRISIS ENERGÉTICA Los combustibles fósiles tienen un límite y es una necedad quemar el petróleo remanente, cuando puede ser empleado para sintetizar materiales que necesitamos. Más preocupante incluso es la combustión masiva de carbón... ON preocupación actual de los medios de comunicación de masas y de muchas revistas científicas los temas que dan título a este artículo. Ciertamente, las opiniones que, en general, apoyan la idea del calentamiento creciente de la atmósfera terrestre, encuentran, si no la aceptación general, sí mayoritaria por parte de los expertos en climatología. Todos los científicos que creen que se está produciendo un calentamiento global del planeta, coinciden en que el problema está directamente relacionado con el dispendio abusivo por parte del hombre de los recursos naturales: la destrucción masiva de árboles y la quema de fósiles fácilmente accesibles como el carbón, el petróleo y el gas natural; todo ello agravado por el ingente incremento de población. S H ace unos 30 años, Slater advirtió en su trabajo Bioenergéticas: pasado, presente y futuro publicado en el libro editado en honor de Severo Ochoa, Reflections on Biochemistry que las reservas de petróleo se acabarían rápidamente; afortunadamente, el descubrimiento de nuevos yacimientos, las mejoras en la eficiencia extractiva y el mejor empleo de las energías alternativas han prolongado los recursos por encima de sus predicciones. Pero es evidente que los combustibles fósiles tienen un límite y es una necedad quemar el petróleo remanente, cuando puede ser empleado para sintetizar materiales que necesitamos. Más preocupante incluso es la combustión masiva de carbón, sobre la que el número de marzo de la revista National Geographic presentaba datos aterradores bajo el título El alto coste del carbón barato Además de las tremendas influencias medioambientales negativas, desde el punto de vista sanitario la quema de carbón es nociva: hay que recordar que la misma es responsable de la producción de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, causantes de la lluvia ácida y de la emisión a la atmósfera de trazas de mercurio, que se acumula en diversos alimentos, especialmente en el pescado, y es tóxico para los humanos. Además de la ya conocida producción de dióxido de carbono. El uso de carbón como combustible produce en los Estados Unidos un 83 por ciento más de dióxido de carbono que la del gas natural y el petróleo. Los Estados Unidos poseen la mayor parte del carbón mundial, pero su consumo es tal que un tren de carbón de milla y media de longitud, que son más de 2,5 Km de largo, es consumido diariamente para el funcionamiento de una central térmica grande de las muchas que dicho país posee. En otras cifras: la gigante central térmica situada en el sur del estado de Indiana, consume cada minuto 25 toneladas de carbón, con la correspondiente emisión de anhídrido carbónico. Y en los Estados Unidos se están construyendo ya o se planea construir más de 40 centrales térmicas nuevas, y en la mente de muchos está presente que China, con una gran riqueza en carbón y una población con unas crecientes demandas energéticas, podría disparar su construcción de centrales en los próximos años. Aunque la preocupación surgida hace años por el agujero de la capa de ozono y sus consecuencias en la salud humana, con el incremento del número de esos terribles melanomas, ya evidenció la relación entre las actividades humanas contra la naturaleza y las nocivas repercusiones en nuestra calidad de vida, es ahora cuando la población general muestra esas preocupaciones y exige mayor responsabilidad social. El último libro de James Lovelock sobre Gaia, que me regaló recientemente mi brillante amigo y patrono de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados, José Manuel Entrecanales, aborda el problema. Debo reconocer que dicho regalo fue consecuencia de un profundo intercambio de opiniones entre él y Luis Javier Navarro Vigil, también patrono de la misma Fundación, durante el acto de presentación a los medios de comunicación de la convocatoria 2006 de los premios Rey Jaime I La misma tuvo lugar en el casino de Madrid, en una mesa presidida por Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana, y en la que disfrutamos entre los comensales, de la presencia de José Luis Olivas y otros políticos relevantes. Como alguien comentó después, durante dicha comida y sobremesa no se habló en ningún momento de política, pues el tema de los recursos y la tecnología energética acapararon la atención de cuantos compartíamos mesa. Con motivo de la Expo 92 en Sevilla, se publicó un precioso libro, En el umbral del Tercer Milenio promovido por el Comité de Expertos de la misma que presidía S. M. la Reina Doña Sofía. En él se abordaron varios de los graves problemas que hoy tanto nos preocupan corroborando las ideas expuestas por Slater. preocupación por la gravedad de las cuestiones energéticas e instan a los gobiernos y organismos internacionales a abordar este problema con cierta urgencia. El creciente desequilibrio entre el consumo energético y los recursos limitados obligan a la reconsideración de todo tipo de fuentes de energía, así como al fomento de su conservación. Este proceso deberá ir acompañado de un esfuerzo científico y tecnológico que mejore la eficiencia energética y que permita que su producción sea sostenible. Este sentimiento y propuesta se notificará a entidades internacionales como la UNESCO y las Naciones Unidas, así como a los líderes de los países más industrializados del mundo L E s evidente que hay que hacer algo, pues el Protocolo de Kioto es insuficiente, como evidenciaron los eminentes científicos reunidos en Valencia coincidiendo con su entrada en vigor, y cuyas conferencias recoge el libro Cambio Climático, desde la Ciencia a la Sociedad publicado por el Alto Consejo Consultivo en I+ D de la presidencia de la Generalitat Valenciana, bajo la dirección del premio Rey Jaime I de Protección del Medio Ambiente José M Baldasano. Por todo ello, en la reciente reunión de los jurados de los premios Rey Jaime I celebrada en Alicante, las personalidades que se citan más abajo, entre las que se incluyen 15 Premios Nobel, firmaron el siguiente manifiesto: Algunos miembros de los jurados de los premios Rey Jaime I del año 2006 desean manifestar su a declaración está firmada por los premios Nobel Werner Arber, Jean Dausset, Richard Ernst, Edmond Fischer, Jerome Friedman, Murray Gell- Mann, Sheldon Lee Glashow, Abraham Hershko, Aaron Klug, Mario Molina, Ferid Murad, Marshall Niremberg, Richard Roberts y Hamilton Smith. Y también por Jesús Alcázar, Luis Arizmendi, Antonio M. Bernal, Rafael Blasco, Giorgio Bernardi, Manuel Boix, Trinidad Casasús, Camilo José Cela Conde, Juan Costa, Carlos Cremades Carceller, Manuel Díaz- Rubio, Ricardo Díez Hochleitner, Antonio Egea, Aurora García Ballesteros, Antonio García García, Manuel García- Valdecasas, Jaime Gil Aluja, James Grisolía, José Luis Iborra, César Jiménez, José M Jiménez de la Iglesia, Teodoro López- Cuesta, José M Lozano Velasco, Juan Vicente Lladró, Enrique Macián Joaquín Marhuenda, Amparo Moraleda, M Teresa Miras Portugal, Silvino Navarro, Justo Nieto, Ana Pastor, José M Pino, Manuel Portolés, Eduardo Punset, Javier Quesada, José Luis de Quesada, Regina Revilla, Ángel Reglero, Benito Regueiro, Joaquín Rodrigo, Francesco Salvatore, José Manuel Sánchez Ron, Juan Eduardo Santón, Ana Sastre, Simón Carlos Stuart Martínez de Irujo, J. M. Santiago Castelo, Victoria Soler, Rolf Tarrach, Manuel Toharia, Luis Valenciano, Nico Van den Brink y William Whelan. La declaración ha sido enviada por la Fundación Premios Rey Jaime I a S. M. el Rey Don Juan Carlos, al presidente del Gobierno español, al presidente de los Estados Unidos, al presidente de la Federación Rusa, al presidente de la OPEP, al director general de la UNESCO, al secretario general de la ONU, y a los primeros ministros de los siguientes países con copia a los embajadores en España: Canadá, Gran Bretaña, República Federal Alemana, Francia, Italia, Japón, Luxemburgo, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega, Grecia, Portugal, Austria, India y China. SANTIAGO GRISOLÍA Bioquímico