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ABC JUEVES 17 8 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR MIRA MILOSEVICH EL COLONIALISMO RELIGIOSO DE ARABIA SAUDÍ Una hipotética escuela islámica en un país europeo sería un caldo de cultivo de terroristas que no se podría controlar como una mezquita, toda vez que se trata de una escuela A noticia de que Arabia Saudí intenta comprar un colegio en Madrid para establecer una escuela islámica preocupa a los españoles más escépticos respecto a las virtudes de la Alianza de Civilizaciones. Una escuela de ese tipo difundiría el wahabismo, que no es sólo la interpretación radical del islam que constituye el fundamento de la legitimación religiosa del Estado saudí (1932) sino, junto con el salafismo, la fuente principal de inspiración y justificación de los actos terroristas islámicos a lo largo y ancho del planeta. Hasta ahora, en Europa, se ha tenido la certeza de que las mezquitas dirigidas por imanes importados de los países árabes suministran el combustible ideológico a los terroristas en los territorios de la UE. Por ejemplo, en el Reino Unido sólo treinta imanes han sido formados en madrasas o universidades británicas, frente al millar largo de clérigos graduados en instituciones árabes, que ni siquiera saben hablar inglés y no creen en la supuesta compatibilidad del islam con los valores occidentales ni son capaces de enseñar nada parecido. El hecho de que la mayoría de los detenidos a raíz del intentode atentado enel aeropuerto londinensede Heathrow sean nacidos en el Reino Unido pone en cuestión la creencia de que los radicales no son musulmanes europeos, sino inmigrantes. El actual Gobierno español, tal como han hecho los de Alemania o Suecia en sus respectivos territorios, ha decidido financiar las mezquitas y evitar así que éstas acepten donaciones de los países árabes, suponiendo que el bajo sueldo de los imanes (entre 500 y 1.000 euros mensuales, en comparación con los de entre 2.000 y 4.000 euros de los pagados por árabes) es el principal motivo de la dependencia económica del clero islámico respecto a aquéllos. La apertura de escuelas islámicas en Europa implicaría un cambio importante: los imanes podrían ser formados enlos idiomas europeosy transmitir más fácilmente su enseñanza. Pero el problema no se reduce a la implantación en los países de la UE de un tipo de educación islámica, por muy radical que éste sea. La inauguración de una escuela islámica en un país cuya población en su mayoría se define como cristiana forma parte de una estrategia de expansión mucho más amplia: se trata, en realidad, de una especie de colonialismo religioso que Arabia Saudí intenta implantar en todos los países exteriores al mundo islámico donde ve posibilidad de ello. La prueba es que invierte más dinero por conceptos educacionales en los países europeos que en los países musulmanes. Sus últimos encuentros culturales anuales los suele celebrar en Europa (Gibraltar, Bruselas, Budapest, Copenhague) Mantiene 210 Centros Islámicos en Europa, EE. UU. Asia y África, así como más de 1.500 monumentos en Europa y EE. UU. que tienen importancia para la cultura musulmana. No sabemos con exactitud el número de mezquitas que reciben su ayuda económica. Fuera de sus fronteras, las instituciones saudíes académicas de mayor prestigio se encuentran en EE. UU. que supuestamente es el símbolo del mal para el wahabismo: la Academia Islámica Saudí (AIS) con sede en Washington D. C. y el Instituto para las Ciencias Islámicas Árabes L CUSCO en Fairfax, Virginia. Entre los años 1984- 94, la AIS invirtió 27 millones de dólares en becas para estudiantes e investigadores, y ya en 1999 llegó a la cifra de 1.300 millones en este concepto. La campaña wahabí contra Occidente empezó mucho antes de los atentados terroristas en Nueva York, Madrid y Londres o las guerras en Afganistán o Irak, y con medios más sofisticados. Después del colapso general del comunismo en la Europa del Este y los Balcanes, Arabia Saudí, a través de sus instituciones estatales (Universidades, Comité de Ayuda para la restauración del Islam en la Europa del Este, Fundación del Rey Faisal) desarrolló una actividad frenética para ayudar a los musulmanes europeos a reencontrar su fe: una desmesurada ayuda económica para la construcción de mezquitas y escuelas islámicas, formación de imanes y peregrinaciones gratuitas a los lugares santos musulmanes. La guerra en Bosnia- Herzegovina posibilitó la entrada de varios actores no- estatales en el territorio de los Balcanes, financiados por particulares saudíes que, de este modo, divulgaban las ideas del wahabismo y salafismo: miembros de varias organizaciones terroristas como Al- Qaeda, Gama a al- Islamiyya, Jihad Islámica o diferentes ONG musulmanas que se dedicaban al blanqueo de dinero e introducción de combatientes de la red afganoárabe. La caída del comunismo facilitó la aplicación de una estrategia sencilla para reislamizar a los musulmanes balcánicos, que, exceptuando los de Bosnia y Herzegovina, nunca antes habían tenido contacto con el islamismo radical. Una hipotética escuela islámica en un país europeo tendría como posibles alumnos principalmente a inmigrantes musulmanes que, en lugar de formarse como ciudadanos europeos se convertirían en auténticos musulmanes, en el sentido wahabí. Sería un caldo de cultivo de terroristas que no se podría controlar como una mezquita, toda vez que se trata de una escuela. La expansión del islamismo en el Occidente entusiasma a los bienintencionados y a los que creen en la Alianza de Civilizaciones, que ven en ello un factor de enriquecimiento de nuestra cultura, pero que, en el fondo, son indiferentes ante la defensa de una identidad europea basada en valores democráticos y liberales. Esta indiferencia se nutre de un relativismo cultural y religioso donde todo (nada) vale y se ve confirmada por la deriva histórica de una sociedad donde el bienestar económico y la vida despreocupada y hedonista son los principales objetivos de la mayoría de sus miembros. Nuestro relativismo nos impide ver lo que amenaza nuestra dinámica pero frágil identidad, de la que presumimos frente al fanatismo y dogmatismo islamista. No nos debería ocultar, sin embargo, que la guerra contra el terrorismo islamista ha de ganarse también en el campo de las ideas y no sólo en el de la acción policial y militar. Para empezar, podría exigirse reciprocidad de los países islámicos como Arabia Saudí. ¿Por qué, si ellos financian mezquitas o escuelas islámicas en Europa y América, las iglesias cristianas no pueden abrir templos ni centros de enseñanza en Riyad? Profesora e investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset REVISTA DE PRENSA POR DIEGO MERRY DEL VAL ECOS DE GUERRAS, PRESENTES Y PASADAS Mientras en el Líbano termina el recuento de los muertos de la última guerra, que se teme no ha terminado aún ni mucho menos, la Prensa británica trae ecos de otra, la que durante toda una época se llamó Gran Guerra o Guerra del 14, hasta que otra más mortífera vino a superar sus horrores. El motivo es el perdón póstumo concedido por el Gobierno británico a los 306 soldados ejecutados por actos de cobardía. La medida se justificaba entonces por el peligro de que el miedo de algunos combatientes se contagiara al resto de sus camaradas y los pusiera en peligro, pero desde la perspectiva actual la medida se considera despiadada y la rehabilitación es aplaudida por las cabeceras británicas. No eran desertores racionales, sino hombres, e incluso niños, enloquecidos por el sufrimiento. El perdón refleja un cambio afortunado en nuestra actitud hacia la vida y la muerte en la guerra dice el Telegraph en su editorial. Si esta percepción se puede calibrar en las cifras, no cabe duda de que la Humanidad va progresando: la campaña del Líbano, a la que el mundo ha asistido con espanto, ha costado un millar largo de vidas, mientras que en la batalla del Somme, en la que participaron la mayoría de los rehabilitados, murieron 800.000 personas. Ahora, unas pocas buenas noticias dice el New York Times en el encabezamiento de su editorial. En 1995, la guerra de Bosnia concluyó con 200.000 muertos y el 90 por ciento de la infraestructura destruida. Los críticos dijeron que reconstruir la nación era una utopía para ingenuos. Se equivocaron. Hoy en día Bosnia es un país en general armonioso y cada vez más próspero, en camino hacia la normalidad. Incluso la tasa de criminalidad común es baja en relación a los índices europeos. La oficina del Alto Representante internacional se cierra este año y es hora de que el país se valga por sí mismo En el caso de la guerra contra el terrorismo Robert J. Samuelson recuerda en el Washington Post que los extremistas no han logrado el que quizá sería su principal objetivo. Después del 11- S, la economía mundial ha crecido un 20 por ciento. El comercio mundial, exportaciones e importaciones, un 30 por ciento. La resistencia económica refleja la naturaleza humana. La gente y las empresas buscan volver a la normalidad