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44 Sociedad COMUNICACIÓN EN LA MUERTE DE CARLOS LUIS ÁLVAREZ, CÁNDIDO MIÉRCOLES 16 8 2006 ABC Cándido un pseudónimo que disimuló durante medio siglo la autoría de muchas de las obras del gran periodista nacido en Oviedo el 14 de enero de 1928 Carlos Luis Álvarez, Cándido, falleció ayer en Madrid a los 78 años, víctima de un cáncer de colon. Maestro de periodistas y prolífico escritor, comenzó su carrera profesional en ABC, donde dejó constancia permanente de su gran talento y erudición Cándido, de ayer y de hoy TEXTO: MANUEL MARTÍN FERRAND FOTO: JOSÉ GARCÍA Del mismo modo que Voltaire, que ya era un pseudónimo, nunca admitió ser el Doctor Ralf, el pseudónimo paternal de su Cándido nuestro Carlos Luis Álvarez, forzado de las letras y del periodismo, siempre disimuló la autoría de muchas de sus obras que, como buen negro, escribió para otras firmas. Eso que salieron ganando Fray Justo Pérez de Urbel y otros virtuosos varones que, despiertos de olfato y lúcidos de entendimiento, confiaron su prestigio intelectual a la pluma de aquel jovencito asturiano, hijo de periodista para mayor delito, que encontró en la Escuela Oficial de Periodismo- -la de la madrileña calle de Zurbano- -un alivio para su escasa vocación de licenciado en Derecho. Carlos Luis Álvarez, antes de ser Cándido, el pseudónimo más perverso que, por optimista, podía buscar un pesimista metódico y racional, escribió de todo: tesis doctorales, pregones de Semana Santa, proclamas patronales, discursos académicos y hasta un catálogo de Los mártires de la Cruzada en el que están muchos de los que fueron en compañía de otros que no llegaron a serlo. Es la licencia del negro, su aportación secreta y burlona a la pereza de quienes les contratan. No es que Carlos Luis Álvarez, Cándido, fuera un frívolo o un desahogado. Le sobraban talento y erudición y como, simultáneamente, andaba escaso en andaricas, fabes y su correspondiente compango compensaba tal desequilibrio con la inteligente prodigalidad de su pluma acelerada por la impunidad del anonimato. Me contaba la última vez que nos vimos, no recuerdo bien si en casa de Jo- sé Luis Balbín o del matrimonio Segrelles, sus dos grandes flancos protectores en estos últimos años, que la mejor decisión de toda su vida la tomó en 1956, cuando entró en ABC. En estas páginas ha sentado escuela y obtenido, además de los premios de la Casa, otros muchos, también de postín, que, según él decía, al no estar pensiona- Telegramas de la Familia Real Los Reyes, los Príncipes de Asturias y los Duques de Palma enviaron sendos telegramas de pésame a la viuda del periodista asturiano fallecido. Además, se pusieron en contacto con el secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos- -de la que Cándido era presidente- Miguel Ángel Aguilar, a quien trasladaron sus condolencias. dos alegran más la vanidad que la vida Mala ecuación porque su bien fundada soberbia intelectual, hija del estudio y del rigor, le impedía la tentación de la vanidad, un pecado para gentes sin esperanza El título que encabeza estas líneas, el de una de sus muchas y sucesivas columnas en estas páginas, va en su homenaje y es reflejo de su verdadera dimensión. Era, en dichos y maneras, como un personaje de Clarín en La Regenta pero vivía el compromiso del presente con discretos alardes de superioridad y la disimulada tristeza de no haber llegado a la Academia. En el 82 le deslumbró el PSOE. Tanto como le decepcionó después. Lo primero se acredita con su cargo de jefe del Gabinete de Relaciones Externas de RTVE con que le obsequió Felipe Gon-