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16 8 06 FIRMAS RELATO Urbanización Villa Lo Más POR ALMUDENA GUZMÁN Licenciada en Filología Hispánica y poeta, ha publicado Poemas de Lida Sal La playa del olvido Usted El libro de Tamar (Premio Ciudad de Melilla) Calendario y El príncipe rojo (premio Internacional Claudio Rodríguez) -Siéntese, por favor... bien, señor Aguado: siento decirle que su petición de adquirir una vivienda en nuestra urbanización ha sido desestimada- ¿Desestimada? ¿por qué? -Después de un minucioso estudio, basado en sus respuestas y en las de su esposa a las cuestiones que les formularon en su día, nuestros psicólogos y sociólogos han dictaminado que ustedes no responden al perfil exigido para formar parte de la Urbanización Villa Lo Más... somos conscientes de que nuestros requisitos de admisión son muy severos pero no puede ser de otro modo si queremos conservar en toda su pureza el noble espíritu de nuestros socios fundadores. ¿Usted me toma el pelo, verdad? -No le entiendo, señor Aguado. -Yo soy el que no le entiendo a usted, señor... -Robledo. ¿Quiere hacerme usted creer, señor Robledo, que esos formula- rios son realmente los que determinan quién puede comprar una vivienda y quién no en esta urbanización? -Exacto, señor Aguado. ¿Más que el dinero? -El dinero no lo es todo en esta vida, señor Aguado, ya sé que usted tiene mucho, pero no lo emplea de acuerdo con nuestros principios. ¿De qué principios me habla, señor Robledo? -Sería muy largo de contar, señor Aguado. -Tengo todo el tiempo del mundo para escucharlo, señor Robledo. ¿Ve? Su inconsciente lo traiciona... ¿pero cómo va a engrosar nuestra lista de vecinos con esa actitud? Todos los propietarios de Urbanización Villa Lo Más están muy ocupados las veinticuatro horas del día, ¿entiende? las veinticuatro. -Ya será menos. -Lo que hagan o no hagan en realidad no es de mi incumbencia, se- ñor Aguado: lo importante es que lo parecen, no como usted que, según confesó a nuestros psicólogos y sociólogos, ni siquiera aplica esa regla de oro cuando sus empleados le vienen con alguna gaita; además, por si fuera poco, no hace bricolaje durante el fin de semana y eso, permítame la observación, es del todo imperdonable. ¡Ésta sí que es buena! ¡ahora tengo que tener ese hobby por narices! -Es de buen tono, señor Aguado, es de buen tono. ¿Y es de mal tono jugar al golf? Porque yo juego al golf, señor Robledo, ¿no se lo han dicho sus psicólogos? -Jugar al golf es de óptimo tono; de hecho, en nuestra clasificación, está cinco puntos por encima de hacer bricolaje, pero usted tiene dos graves problema al respecto, señor Aguado: juega al golf muy bien, y juega porque le gusta, ¿me equivoco? -Ahora ya sí que me he perdido del todo, señor Robledo. -Es muy sencillo, señor Aguado: ninguno de los vecinos de nuestra urbanización juega bien al golf porque han empezado a practicarlo hace poco tiempo, y no por gusto sino por necesidad porque, ¿quién, en estos últimos tiempos, no tiene un superior que juega al golf? En el fondo se trata de una cuestión de delicadeza con el prójimo, señor Aguado: les heriría en lo más profundo que hubiera alguien en esta urbanización con una relación con el golf tan placentera como la suya. ¡Pues sí que el bricolaje es muy delicado con el prójimo, señor mío! -Sin duda necesita mucho asesoramiento si quiere vivir en Villa Lo Más, señor Aguado: carece de la sensibilidad distintiva de sus vecinos, unidos fraternalmente por la música celestial de taladradoras y martillos; no en vano, un sábado sí, otro también, nuestros El dinero no lo es todo en esta vida, señor Aguado, ya sé que usted tiene mucho, pero no lo emplea de acuerdo con nuestros principios. ¡Y pensar que todavía hay quien censura que estas mártires saquen tiempo del poquísimo tiempo libre del que disponen para criticar a sus compañeras!