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16 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS Perelada La Jessye más intimista La soprano norteamericana se presentó en el festival catalán con el espectáculo The Diva and The Duke en el que ofreció su perfil más jazzístico, seduciendo a sus incondicionales TEXTO: PABLO MELÉNDEZ- HADDAD C Jessye Norman, durante el concierto ABC on el escenario a oscuras y un saludo de paz y armonía leído por megafonía, la soprano Jessye Norman y el cuarteto jazzístico que la acompañó en su debut en el Festival Castell de Perelada (Gerona) comenzaron su actuación el martes pasado en el festival ampurdanés al que llegaron con The Diva and The Duke un sofisticado, elegante e intimista recital centrado en la obra del gran compositor norteamericano Duke Ellington, en el que se alternan algunos de sus standars más conocidos con un puñado de piezas religiosas que Norman ha incluido en su proyecto Sacred Ellington Localidades agotadas, expectación y grupos de fieles admiradores de la cantante revoloteando nerviosos por el castillo de Perelada sirvieron como preámbulo a esta joyita de pequeño formato con la que Jessye sorprendería a la audiencia. Costó que un repertorio tan íntimo prendiera pasiones en un auditorio tan amplio como el de este evento, pero esta diosa de la canción tiene un poder especial para contagiar con su entusiasmo y su talento a audiencias de todo tipo. El primer grupo de canciones dedicadas al Ellington sacro, además, eran eminentemente contemplativas; quizás por esto mismo en la media parte se comentaba que faltaban más chispas sobre ese escenario ocupado sólo por un pianista, un batería, un violonchelista y un trompeta, urdimbre en la que se engarzaba la voz maravillosa de Jessye. En el citado repertorio sacro, la gama de colores que esconde el talento de Norman convertía las canciones en pequeñas joyas, tal y como resultó con una inolvidable Come Sunday imponiendo más tarde el swing de otras fórmulas del género afroamericano coronado siempre con un derroche de talento en forma de agudo cañoneado o de pianísimo inmaculado. Norman lloró más de un blues y dejó todo el poder de persuasión del gran Duke para la segunda parte. Si algunas obras maestras como Sophisticated Lady aparecieron casi irreconocibles, otras, como I m in solitude se acogían a una tradición interpretativa que la cantante está dispuesta a rescatar. El diseño de sonido resultó adecuado en el aspecto vocal ya que, en algunos momentos, ella pasaba del micro para lucir vozarrón sin grandes contrastes. De todas maneras, uno de los micros de la percusión estuvo siempre muy amplificado y en ocasiones las plumillas se comían las improvisaciones susurradas por Jessye Norman. Un par de propinas despidieron una actuación que dejó más contentos a los incondicionales de la cantante que a los amantes del jazz. Encauzar una voz lírica en este género es una tarea titánica, pero Jessye, con sus andares de diosa, siempre acaba conquistando.