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2- 3 40 LOS VERANOS DE FACTOR 32 mos quedar y salir juntos ¿Son sus hijos sus admiradores número uno? -No, no. Creo que son los quintos (se ríe) Les gusta alguna película, hay otras que no, pero me apoyan mucho. Mi hija estaba viendo con su novio y unos amigos Más allá de los sueños y les dijo que si alguno no lloraba, lo echaba de casa. Son muy honestos conmigo. Cuando me señalan que algo no es bueno, los felicito. ¿Usted puede sentarse a ver sus viejas películas con objetividad? -A veces las justifico pensando era tan joven y, otras veces, encuentro algo que me parece bueno. Para mí, lo importante es haberme divertido mientras las hacía. Lo mejor es filmarlas. Si las vuelvo a ver, me acuerdo de lo que pasaba alrededor, la gente que lamentablemente ya murió, como Walter Matthau, que era tan divertido. Uno recuerda a esa gente y es maravilloso haber podido estar con ella y conocerla bien. ¿Piensa filmar la secuela de Mrs. Doubtfire como dijo alguna vez? -La haré si se concreta. Es gracioso, pero no logran atar los cabos. Es difícil filmar una película donde, al final, ya se sabe quién soy desde el principio. ¿Cómo vas a engañar a nadie otra vez? -A partir de La jaula de las locas francesa se han hecho dos o tres secuelas, pero usted sólo actuó en una. ¿Intervendría en otra? -Se han hecho tres secuelas. Ninguna fue tan divertida como la primera. Trataron de hacer una segunda conmigo y lo siguen intentando. Todo depende del guión. Me mandaron un borrador y no funcionó. Además, deberían estar también Mike Nichols y Nathan Lane, porque era la mejor combinación del mundo. -En The Night Listener vuelve a interpretar a un personaje homosexual, recreándolo con total normalidad. ¿Hollywood está cambiando desde Brokeback Mountain y Capote -En el futuro, todos estos personajes serán así, seres humanos normales que, además, son gays. ¿Es cierto que hay gays que piensan que usted es homosexual, aunque no lo sea? -Muchos se empeñan en creerlo. Mi cocinero es gay. Una vez se fue a disfrutar de una semana de esquí gay y alguien se le acercó, diciéndole: Robin Williams es gay Él respondió que trabajaba conmigo y que sabía que yo no lo era, pero esta persona insistió: Yo sé que es gay Creo que mi cocinero aún le replicó: Pues a mí no se me ha insinuado aún (se ríe) Se forman esa idea por algún personaje que he interpretado, o por el hecho de que yo he crecido en San Francisco y, ya por eso, uno tiene que ser gay. Que traigan el Jessye- móvil M ROSA BELMONTE ick Jagger tiene laringitis. Jessye Norman, como mucho, artritis (es un suponer que rima) ¿Y qué más dará que Jagger esté afónico? Si encima ha reconocido que a los 35 años de carrera se ha puesto a tomar clases de canto. A la vejez, escalas. Mayor problema sería que no pudiera dar brincos. Monumental disgusto me he llevado por no tener que ir ya a El Ejido (me daría igual Milán si mi penitencia allí fuera un concierto de rock y la masa) Jessye Norman casi no se puede mover pero da igual porque lo importante es su voz. Y esa majestuosa presencia que el lunes por la noche desplegó en el Festival de Perelada. Hasta las batas que la Norman se echa por encima (parecen capas de superheroína con las que se fuera a poner a volar) impresionan. Tiene más arte moviéndolas que muchos toreros con el capote. La actual fragilidad de su deambular la soluciona con un taburete junto al piano. Es lo bueno de cantar jazz con un cuarteto de ídem (el trompetista es de escándalo) y no tener que lidiar con la Elisabeth de Tannhäuser Se levanta para una de las piezas de Duke Ellington The Diva and the Duke se llama el espectáculo) se vuelve a sentar, y así todo el rato. Como tengo esta capacidad de concentración que tengo, a la vez que oía a la soprano con el Hallellujah me acordaba de Teresa Rabal (me pongo de pie, me vuelvo a sentar, porque a los oficios vamos a jugar) Vale, me pongo de rodillas y pido perdón por la culta referencia. Bueno, a saber en lo que estaba pensando Carod Rovira, que también estaba en el Auditorio. Seguramente, Eduardo Mendoza o Miquel Roca sí tenían pensamientos más elevados que servidora. Pero tengo excusa por el frío que estaba pasando. Es lo bueno de los Tiger Woods sitios finos, que hay que ir con la pelliza (o con capa, como Super Jessye) Diva y Duque, que parecen nombres de perro, son también los que mejor van a Jessye Norman y a Ellington. Al primero, por su magnífica educación y su porte; a la segunda, porque con ese torrente hipohuracanado de voz, esa melena al viento (aunque no corra ni una brisa) y su presencia bigger than life no se puede ser otra cosa. Aunque además de diva es graciosa. Siempre ha dicho que esas que se mueren de alguna enfermedad, como la Violeta de La Traviata o la Mimí de La Bohème no son para ella. Y es verdad, aunque no esté para muchos trotes (pese a que sólo tenga 60 años) La segunda parte, que era la dedicada a la música pagana de Ellington, la acabó con la pieza más famosa, el It don t mean a thing if it ain t got that swing (dubá, dubá; esto lo pongo para tratar de describir mejor la canción) Pero a lo que iba, a que la AP Norman tiene más swing que Tiger Woods y Sergio García juntos. Si en la primera parte era como Mahalia Jackson en Imitación a la vida en la segunda tiraba más a la Whoopi Goldberg en Sister Act (vale, pido perdón otra vez y ya sé que debería nombrar a Billie, Sarah, Ella, Bessie o Rosemary) Como bis, el When the saints go marching in (otro estándar, esa conocidísima canción que empieza con Oh, when the saints Bis que también fue rebís (con más vozarrón) Yo ya estaba sufriendo por las piernas que sostienen a Jessye. Como ese pedazo de profesional que es, llevaba en pie tres piezas (la última, el bis y el rebís La gente seguía aplaudiendo. Madre mía, que traigan el Jessye- móvil. Finalmente se sentó para cantar un estupefaciente Summertime (no voy a hacer comentario alguno ni a comparar) Y el flojo de Mick Jagger no puede cantar porque tiene laringitis. Amos, anda. Igual que la Jessye. EL AGUIJÓN Los inmigrantes sin papeles llegan ya a las costas españolas hasta en motos acuáticas. Lo próximo será el kitesurf. Se trata de asiáticos (más finos que los subsaharianos, por lo visto) que las mafias marroquíes introducen, de paquete, uno a uno en las motos. El Vente para Alemania, Pepe es ahora un Vente para España, que aquí cabemos todos Hasta Mark Thatcher, al que cuatro países habían negado la residencia, se nos ha venido. Con papeles. Y ya se comprará la moto aquí.