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8 Opinión MIÉRCOLES 16 8 2006 ABC LA BURBUJA CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. CÁNDIDO O EL PERIODISTA INDEPENDIENTE Quemada Acabo de llegar a Madrid después de unas breves vacaciones en Galicia. Cualquiera podría decirme que no me meta en lo que no me llaman, pero un grito desgarrador que llevo dentro no me permite evitarlo. Por supuesto, están el drama y el éxodo humanos. Pero, de eso ya habla la prensa todos los días. Yo he llorado al ver arder esa naturaleza tan viva que nos regala Galicia. No he podido dejar de imaginarme a los animales de los bosques en llamas huir aterrados, teniendo que abandonar a sus crías a merced de una muerte con un dolor inenarrable. Un terror, cuya causa ellos no pueden comprender. He llorado al imaginarme carbonizados los siglos de paciente y rica vida que proporciona un árbol. Chamuscados los millones de insectos que necesita el campo para contemplar una flor la primavera que viene. ¡No puedo callarme! Esa vida no pertenece a los que creen haber saldado una deuda pendiente quemándola. El oxígeno que iban a dar esos árboles nos pertenece a todos y no nos pertenece a nadie. Estoy cansada de asistir a conflictos políticos o económicos que se alargan en el tiempo y desencadenan reacciones de machitos descerebrados que tenemos que pagar todos económica y emocionalmente. No me importa quién sea el culpable. Al final, siempre se confunden y entremezclan la víctima y el verdugo. Me gustaría saber el porqué de tanto horror, pero no quiero prender fuego a la leña quemada. Sí creo, sin embargo, que tengo derecho a reclamar mi trocito de oxígeno y de alma que me han robado, y a luchar, gritar y exigir justicia y medidas duraderas y firmes para evitar que esto vuelva a ocurrir en el futuro. Un tal Greg Anderson, en su libro Las leyes del bienestar decía con mucha razón: El concepto de propiedad queda empequeñecido por esta idea más general llamada administración del mundo. Aquí se subraya principalmente la responsabilidad que tenemos todos de dejar este mundo en un estado mejor que como lo encontramos cuando llegamos a él Patricia Benarroch Madrid D ICEN los diplomáticos que un país independiente es el que sólo depende de Estados Unidos. Eso da una idea aproximada de lo que da de sí la independencia. Del mismo modo puede decirse que un periodista independiente es el que sólo depende de que los editores le dejen publicar lo que quiera. Sin la liberalidad, la indulgencia, la hidalguía, la generosidad, la tolerancia, la hospitaLUIS IGNACIO lidad, la intrePARADA pidez, la gallardía, la benevolencia, la guapeza, el arrojo, la bonhomía, la altura de miras de los editores y los directores de los periódicos no existiría un solo periodista independiente. Entendiendo por independiente aquel capaz de expresar conscientemente una opinión que supone contraria a la línea editorial del periódico, opuesta al pensamiento de la mayoría de sus compañeros y aun distinta a la que cabe suponer en la mayoría de sus posibles lectores. Carlos Luis Álvarez, Cándido desaparecido en la madrugada de ayer, era lo que todos cuantos tenemos la fortuna de poder escribir en los diarios soñamos con ser algún día: un periodista independiente. Y lo fue a prueba de censuras oficiales, sugerencias interesadas, presiones laborales, acusaciones de traición, delaciones y trampas para cazar osos pardos en las que caerían los últimos ejemplares de su amada Asturias. Podía escribir en cualquier diario del mundo porque su cultura política, histórica y humanística le permitía escudriñar las causas, encontrar paralelismos, advertir de los riesgos, atisbar las consecuencias, sugerir alternativas. No era un ideólogo, aunque sus ideas eran respetadas por todos. No le guiaba su irreprimible vocación de pensador que vibraba ante los acontecimientos. No era un amanuense de partido, un símbolo de clase, un proselitista de ideas. Tampoco un bohemio que relataba para sus adictos los mil perfiles de su ombligo. Carlos era un hombre que escribía en los periódicos sólo por dinero. Desconfiad de quien no lo haga sólo por eso. ¡Descansa en paz, maestro! La muerte de Cristian Tenía apenas dos años y ha muerto. Su padrastro, de 22 años, y padre de su hermana de veinte meses fue quien, al parecer, le propinó la paliza que le causó la muerte. Su cuerpo sin vida llevaba escrito con letras de hematoma su dolorosa y corta biografía... Dos meses antes, su hermana de veinte meses precisó asistencia de urgencia por un golpe en la cabeza y, en esta ocasión, los mecanismos existentes para prevenir los malos tratos a la infancia no funcionaron. Nunca sabremos si, de haberlo hecho, esta trágica muerte se hubiese evitado. Parece ser que a raíz del infausto suceso, la Junta de Andalucía ha iniciado un expediente informativo, por si la niña estuviese en una situación de riesgo. Soy lego en la materia y, sin embargo, me atrevo a suponer que una madre de diecinueve años que convivía con semejante sujeto, del que no me sorprendería que poseyese un amplio historial de violencia, es mal refugio para esa criatura. Lamentablemente, son este tipo de noticias las que nos hacen reflexionar sobre la realidad de lo cotidiano y, por desgracia, no lo bastante para abundar en nuestra responsabilidad. Demagogias aparte, somos algo culpables de la muerte de ese niño. Estamos perdiendo sensibilidad como tejido social y consentimos con demasiada facilidad situaciones de abuso y maltrato, simplemente mirando hacia otro lado. Decía Confucio sobre la bondad: cuando veas un hombre bueno, piensa en imitarlo; cuando veas uno malo, examina tu propio corazón Hay muchos Cristian que merecen nuestro esfuerzo. Agustín Embuena Romero. Sevilla tardía ayude a comprender que la historia no es un juego de buenos y malos. Esto lo deberían tener presente todos los que, en el caso Ratzinger buscaban y no encontraron. Ahora callan. ¿Se imaginan qué pasaría si un premio Nobel, con otro aire político, se confesara colaboracionista de los nazis? Más aún, ¿miembro de las SS? Con Grass, callan. En este caso, como con la memoria histórica en España, reabrir el pasado puede conducir a sorpresas para todos los gustos. J. D. Martínez Madrid Girona Para evitar tantos incendios Hemos declarado como espacios protegidos una parte importante del territorio. Los ecologistas venden que su riqueza está en la vegetación de sotobosque, lo que es lo mismo, en la maleza. No se recoge tampoco la leña; hay materia para arder, toda la que se quiera. Si protegemos un espacio natural, debemos invertir para que dure. No sirve quejarse diciendo que los incendios son provocados. Muchos son simplemente naturales y sin posibilidad de extinción, como las 1.200 hectáreas de Calazanz (Aragón) o las de Cataluña o las de Guadalajara... probablemente, muchas de las gallegas también. ¿Queremos que haya más protección? Paguemos, entonces, el mantenimiento: limpiemos el bosque, paguemos la recogida de madera, hagamos amplios cortafuegos, no despidamos a los que lo cuidan y vigilan, invirtamos en la población rural vecina a la masa forestal... Y así se reducirán los riesgos de incendio. Pero el mantenimiento no es una cinta que cortar, y siempre se suele reducir en los presupuestos públicos. Andrés Aterido Zaragoza Con Grass guardan silencio Cuando el entonces cardenal, Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, fue elegido como sucesor de Juan Pablo II- -de origen polaco- algunos medios de comunicación y partidos políticos escorados a la izquierda indagaron, descarnadamente en su pasado, buscando alguna posible relación entre el joven Ratzinger y el nazismo. De aquellos hechos se llegó a la conclusión de que muchos alemanes, de toda suerte y condición, se vieron arrastrados por las circunstancias excepcionales de un país gobernado por una elite enloquecida, capaz de cualquier desvarío contra la más elemental dignidad humana. Por tanto, no sería correcto dedicarse a la caza de brujas. En estos días, Günter Grass, uno de los iconos intelectuales de la izquierda europea, ha confesado su pertenencia juvenil a las SS, es decir, a la organización vinculada con el sector más duro y sanguinario del régimen nacional- socialista. Tal vez esta confesión FE DE ERRORES En la crónica del restaurante Sant Pau, aparecida en el suplemento 40 Los Veranos de ABC estaba mal escrito el nombre de la propietaria, que no es Carme Ruscadella, sino Carme Ruscalleda.