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ABC MIÉRCOLES 16 8 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR ANTONIO PAPELL LA ESPAÑA RESIDUAL Es preciso, suceda lo que suceda en las próximas elecciones del 1- N, que la ciudadanía catalana vuelva a tener claro dónde residen las utopías nacionalistas y dónde el tibio y aceptable catalanismo L inefable Maragall, siempre abrumado con un linaje que lo agobia y sobrepasa, está escalando verdaderas cimas de frivolidad ideológica en estas felices postrimerías de su declinante ciclo político. Atento a su entronización en la historia, que sin duda hará la debida justicia a tanto derroche de inanidad, ha querido escenificar con primorosa petulancia la entrada en vigor del Estatut el pasado día 9 de agosto. Y lo ha hecho, como es conocido, en Sant Jaume de Frontanyá, el municipio menos poblado de Cataluña, en la hermosa comarca del Berguedà, con un inflamado discurso en el que, entre otras sandeces, ha enunciado la frívola teoría del Estado residual. Fue difícil discernir si la mayor insolvencia estuvo en el discurso o en la teatralización. Porque ésta no tuvo desperdicio, dado que, como recordó oportunamente un ilustre periodista catalán, la arqueología forestal patriótica de la mitología catalanista sitúa en el Berguedà el Pi de las Tres Branques -el Pino de las Tres Ramas- lugar de peregrinación de nacionalistas de todo pelaje porque, según la edulcorada leyenda de los románticos etnicistas, Jaume I el Conqueridor habría recibido bajo las frondas de la conífera en cuestión la mágica revelación- -nadie aclara la procedencia exacta del mensaje- -de que tenía el deber de anexionar los reinos de Valencia y de Mallorca a la Corona de Aragón para dar a luz unos Países Catalanes formados por tres reinos bajo un solo cetro. Cada cual juzgará a su antojo- -y más de uno lo hará cruelmente, como merece el disparate- -semejante alarde imperialista, que sin duda el propio Pujol, bien poco sospechoso de españolismo, hubiera hecho, de haberse dado el caso, con mayor morigeración y menos aparato. La radical contradicción entre este nacionalismo que parece directamente salido de las manos del pernicioso Herder y la socialdemocracia que indubitablemente ha de beber en el internacionalismo y en el racionalismo, y que incluye el concepto esencial de la igualdad de todos, es cosa bien sabida, que el propio electorado catalán ha sancionado con rigor: el Partido Socialista ha ganado sistemáticamente las elecciones estatales en la región, pero ha perdido también por norma las autonómicas. De cualquier modo, el hecho inconcebible de que el PSE- PSOE, de la mano de Maragall, respaldara la aprobación en el Parlament el pasado 30 de septiembre, de aquel desaforado proyecto de Estatuto de Cataluña manifiesta y explícitamente inconstitucional constituye un disparate descalificante, una aberración intelectual imperdonable en quienes, teóricamente, deberían mantener encendida la llama de la inteligencia realista, de los grandes valores de la Revolución francesa, del jacobinismo incluso. La escenografía del acto de Maragall en Berguedà fue, en fin, un dislate pero el discurso no le fue a la zaga: el nuevo Estatut, que ya habría sido soñado por los catalanes del 1100 según el todavía president de la Generalitat, sería una especie de Constitución equiparable, por su modernidad y su papel innovador. con la francesa y la estadounidense. Con el nuevo Estatut, la presencia del Estado en Cataluña sería ya E CUSCO prácticamente residual por lo que este territorio se habría convertido en una de las regiones más fuertes de Europa, que puede hacer lo que quiera Tal análisis, hiriente y aun ofensivo para quienes mantenemos una cierta idea constructiva y compleja de España, no sólo es políticamente incorrecto sino que además es falso de toda falsedad, y encierra sofismas inaceptables que tienen que ser convenientemente desmontados, no sólo en los circuitos intelectuales sino también en los políticos. Y la meditación sobre estas deyecciones diarreicas obliga a formular preguntas muy severas sobre la calidad de determinadas zonas de sombra de nuestra clase política, sobre la responsabilidad de los partidos a la hora de colocar en lugares de significativa representación a iluminados que nunca debieron estar al frente de los destinos colectivos. Lo quieran o no reconocer Maragall y el más conspicuo fautor de la proeza estatutaria, el convergente Artur Mas, este nuevo Estatuto, que no es jurídicamente otra cosa que una reforma del anterior, no es una constitución porque no es el fruto espontáneo de una soberanía originaria, sino apenas el resultado de un pacto entre la soberanía nacional, residenciada íntegramente en las Cortes, y la voluntad política catalana, plasmada en el Parlamento autonómico y en todo caso subsidiaria de la anterior. Y, por supuesto, el hecho de que estemos avanzando hacia el Estado mínimo que es un loable designio liberal, no significa en absoluto que vayamos progresando hacia el Estado residual Este adjetivo, voluntariamente despectivo e incuestionablemente reduccionista, no es aceptable por parte de quienes nos sentimos herederos de una larga tradición que arranca del Contrato Social y que ha dejado en esta vieja Europa la huella indeleble de un determinado modelo de civilización. Cataluña tendrá sin duda, con los límites que todavía debe determinar el Tribunal Constitucional, muchas más competencias exclusivas de las que disfrutaba hasta ahora, que ya eran muchas, y un modelo de financiación más equitativo que el anterior, aunque dentro del sistema general, que aún ha de ser pactado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera del Estado, con lo que quedarán probablemente agotadas las posibilidades descentralizadoras que encierra la Constitución de 1978... Pero es ridículo que quien debería saber a la perfección todas estas cosas y asenderear los páramos de la política para que transite confortablemente por ella la opinión pública catalana saque tan manifiestamente los pies del tiesto para proclamar, si no una extemporánea República catalana, sí una especie de dibujo confederal que sólo existe en la imaginación de algún irredentista trasnochado. Por fortuna, el Partido Socialista no ha perdonado a Maragall aquella apuesta descabellada del 30 de septiembre, que dejó a Zapatero en situación muy embarazosa, y de la que difícilmente hubiera salido sin el concurso inteligente de Artur Mas. Ahora sólo es preciso, suceda lo que suceda en las próximas elecciones del 1- N, que la ciudadanía catalana vuelva a tener claro dónde residen las utopías nacionalistas y dónde el tibio y aceptable catalanismo que no pasa de ser una loable impregnación, capaz de convivir con las visiones más modernas de la sociedad y del Estado. Escritor REVISTA DE PRENSA POR DIEGO MERRY DEL VAL ¿PAZ? ¿QUÉ PAZ? El escepticismo predomina en las páginas de la Prensa más influyente en cuanto a las posibilidades de éxito del alto el fuego en el Líbano. Una tregua inestable genera aún másinterrogantes titula The Guardian su análisis. La situación es volátil. ¿Se reanudará la guerra? En Israel la Prensa y la opinión pública asumen que sí Los cronistas de los países directamente implicados no ocultan su desconfianza mutua. Hizbolá no entregará sus armas al Gobierno libanés, sino que se limitará a dejar de exhibirlas en público, según el compromiso al que aparentemente han llegado el primer ministro libanés, Fuad Siniora, y el líder del Partido de Dios, Hassan Nasralah asegura el Jerusalem Post. Ghasan Charbel sostiene en el diario panárabe Al- Hayat, con base en Beirut, que Hizbolá considera la resolución de la ONU un vaso de veneno. Beberlo sería costoso, pero rechazarlo aún más. El cuadro aparecerá sombrío si el Ejército israelí consigue, una vez se aplique la resolución, aquello que no había logrado en un mes de ofensiva militar. La crítica más contundente corre a cargo de Etienne de Durand en Le Figaro, con un análisis titulado La trampa de la interposición Moralmente digna de elogio, esta iniciativa es estratégicamente peligrosa y probablemente abocada al fracaso. Nada es más peligroso que pretender mantener la paz cuando en realidad se trata de imponerla. ¿Estará la fuerza multinacional dispuesta a desarmar al Partido de Dios, cumpliendo así el objetivo del Estado hebreo en su lugar? Evidentemente, no. Con quince mil hombres, carecerá de medios hasta para controlar el terreno. En el mejor de los casos, proyectará una imagen de impotencia perjudicial para los intereses occidentales y en el peor se convertirá en rehén de Hizbolá y por tanto de Siria e Irán Richard Cohen comenta ácidamente en el Washington Post la metáfora de Condoleezza Rice sobre los dolores de parto de la guerra del Líbano. Veamos lo que ha salido de ellos: no unas preciosas y balbuceantes democracias, sino un espantoso monstruo. Los fanáticos son enemigos correosos Mientras, dos de las principales cabeceras de tendencia izquierdista comentan el caso Grass Para Le Monde, la revelación sobre el pasado en las SS del premio Nobel sacude la integridad moral del escritor. En una línea muy diferente, The Guardian titula: Las confesiones de Grass, recibidas con cinismo y con simpatía