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ABC MIÉRCOLES 16 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA BRIGADA DEL INFIERNO U EL RECUADRO LA CIUDADANEZ, QUÉ ORDINARIEZ OMO los pantalones pirata tipo Kiko Rivera Pantoja, vulgo Paquirrín, o como los pendientes en la oreja tipo concursante de Gran Hermano, se ha puesto de moda la palabra ciudadano -Ciudadano y ciudadana, usted, no vayamos a olvidarnos de la igualdad de género. Ni de género, ni de número ni de caso queremos olvidarnos, ¡viva la igualdad, esta degradante igualdad por abajo, hacia lo peor, hacia lo facilongo, en la que estamos sumidos! No quiero señalar con el dedo, pero usted sabe mejor que yo qué partido, y qué dirigentes de ese partido han impuesto esta modita de la ciudadanez. -Es ciudadanía... No, es ciudadanez. Llamo ciudadanez al hartazgo de la palabra ciudadanía y del remoquete de ciudadanos y ciudadanas. Que yo sé qué partido y qué dirigentes la han impuesto. Blanco y en botella, no: Blanco y con una ANTONIO cara de garbanzo remojado que no se BURGOS la salta el caballo de Cayetano. Ciudadano estaría en principio muy bien. Es una palabra con gorro frigio, que suena a Revolución Francesa, a fin del absolutismo. Originalmente. Pero la propia estética verbal de la Revolución Francesa está degradada. Tú dices ahora libertad, igualdad y fraternidad y ese trío de palabras dan un tufo espantoso a ZP, como solidaridad, talante y proceso Ciudadano estaría en principio muy bien, si no se repitiera más que un mal gazpacho demasiado recargado de ajo. Y si no estuviera desplazando a la riqueza de la lengua para designar las distintas actividades, actitudes, ocupaciones y condiciones del español. El PIB subirá como la espuma del mar de las medusas, pero la lengua, hijos míos que repetís como loritos lo de ciudadanos se está empobrecien- C do que escarba. Oiga los boletines informativos de las emisoras de radio y de televisión, lea los periódicos escritos a la moda del país (así me gusta a mí) Pegue la oreja y la vista, y descubrirá que el español, que antes, según tiempo y lugar, condición y circunstancia, era vecino, espectador, bañista, habitante, viajero, usuario, enfermo, accidentado, contribuyente, agraciado y siga usted poniendo rico vocabulario, es ahora simplemente ciudadano. O ciudadana, claro. No me invento nada, pero he leído y escuchado frases de este tenor: En el último puente, la playa se ha visto repleta de ciudadanos La Renfe ha dispuesto un refuerzo de servicios, para que puedan desplazarse en sus trenes más ciudadanos Los nuevas aulas de la Facultad tendrán mayor capacidad, para 350 ciudadanos Tras el incendio del ambulatorio, los ciudadanos que recibían allí asistencia han sido transferidos provisionalmente a otro centro El premio gordo de la ONCE ha recaído en multitud de ciudadanos de esta localidad La nueva plaza de toros tiene capacidad para 7.500 ciudadanos, todos sentados De modo que ya no hay bañistas en las playas, viajeros en los trenes, estudiantes en las aulas, enfermos en los ambulatorios, agraciados en los juegos de azar o espectadores en las corridas de toros. Todos, en todo y para todo, somos ciudadanos. Las ciudades no tienen habitantes ni vecinos, sino ciudadanos. Y en los pueblos, con la manta de catetos que hay en muchos pueblos, resulta que ya no hay lugareños: todos son ciudadanos. Ciudadanos sin ciudad. A mí, pues, que me borren de la ola de ciudadanez que nos invade. No quiero ser ciudadano. Viendo cómo son y cómo se las gastan muchos ciudadanos a los que todo les parece bien y por cuya culpa aquí No Nada, prefiero ser un pedazo de cateto por el plan antiguo. Lo de la ciudadanez es una ordinariez. N par de ancianos bien provectos, un oligofrénico y un antiguo candidato rural del PSOE; he aquí, por el momento, la alineación de gala, el equipo titular de la temible brigada del infierno que ha convertido Galicia en un cenicero. A la espera de que el Ministerio del Interior encuentre algún primo de un cuñado de un tío de un amigo de un dirigente del PP y le culpe de los incendios de la Costa da Morte, del Reichstag, de la Biblioteca de Alejandría, de la Roma de Nerón y hasta de la Atlanta de Lo que el viento se llevó los únicos que han merecido una sospecha de fundamento para ir a la cárcel han sido estos peligrosísimos elementos. Tres pensionistas bastante decrépitos, unos IGNACIO cuantos sujetos que han CAMACHO alegado diferentes grados de enajenación, incluido un certificado de retraso mental, y un tipo que iba de relleno según el secretario del PSOE, en la lista de un municipio de Pontevedra. Vaya trama criminal, menuda mano negra. Perola calumnia, decía el Bartolo rossiniano de El barbero de Sevilla è un venticello una brisa que empieza muy suave y crece hasta convertirse en un vendaval sobre la reputación de la víctima. El infundio no necesita demostración ni se rinde a la evidencia, por la sencilla razón de que una falsedad atractiva tiene mucha más fuerza de arraigo que una verdad vulgar o rutinaria. Así que ninguno de esos intelectuales bonitos, ninguno de esos actores de pancarta, ninguno de esos escritores de cabecera presidencial que se han lanzado a divulgar la gratuita y sugestiva tesis de una conspiración del PP contra el flamante Gobierno progresista gallego, ha permitido por el momento que la realidad les estropee su tentador reclamo propagandístico. Lo suyo es, al fin y al cabo, un mundo de ficciones, y no parecen dispuestos a renunciar fácilmente a un embeleco tan seductor. Por más que tampoco esté mal como materia creativa lo que se va sabiendo de la temible brigada incendiaria de fugitivos de asilos y psiquiátricos. Claro que esto daría para una comedia negra o un esperpento, y lo que ellos buscan, siempre tan solemnes, es una tragedia en la que victimar a un pueblo heroico frente a una conspiración de sombras. Así que persistirán en un nuevo y jeremíaco nunca máis hasta que la Policía encuentre un remoto hilo de parentesco entre un militante del PP y un pirómano para cargarle, según el manual del caso Bono hasta los protocolos de los sabios de Sión. Para eso están los ideólogos, para explicar a la medida de un designio sectario una realidad esquiva con los prejuicios históricos. Lástima que en el revés de la trama no hayan aparecido más que vejetes, oligos, marginados y un incómodo militante socialista. Con ese elenco no hay modo de recurrir al infierno del Dante. Ni siquiera de resucitar a Prometeo. Coda de luto. Ha muerto el maestro Cándido. Donde los demás poníamos palabras, él construía conceptos; donde hacíamos frases, él dejaba ideas. De todas las cosas que nosha enseñado, ninguna tan importante como la de que la economía del lenguaje revela la riqueza del pensamiento.