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ABC MIÉRCOLES 16 8 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC DEFENSA DE LA JERARQUÍA Ayer falleció en Madrid Carlos Luis Álvarez, Cándido, figura esencial del periodismo español en las últimas décadas cuya pluma estuvo estrechamente ligada a la Casa de ABC, donde comenzó su fértil carrera y donde empezó a fraguarse su pasión por este viejo oficio de contar las cosas. Reproducimos el último artículo remitido para esta Tercera que tantas veces ocupó N O me entusiasma la tesis de Schopenhauer según la cual el despotismo es mucho menos de temer que la anarquía y que, descontada la imposibilidad de encontrar el centro al no ser igual de malas y peligrosas esas dos desviaciones, cualquier Constitución debe alejarse más de lo anárquico que de lo despótico. No me entusiasma esa tesis, pero comprendo la inquietante previsión de Schopenhauer. No sería la primera vez que viésemos la anarquía derivando de una democracia exasperada, como suprema negación del despotismo o nacida de la incapacidad de decir no en el momento justo. La misma simplificación de los tratamientos protocolarios que ha impuesto el PSOE no responde, imagino, a la convicción pesimista y clarividente de que toda palabra es ya una palabra de más, sino a una fuerte tendencia social modelada por una intercomunicación compulsiva. Así es. La colonización horizontal ejercida por el tú que tanto se ha extendido en la sociedad al socaire de la mass culture y que tiende más que a la homogeneidad al igualitarismo, un concepto abstracto y conformista al que se le otorga un valor máximo, el de la democracia real, pretende imponer una mayor socialización a costa de las diferencias. Una socialización que es más bien una aglomeración a partir del arrasamiento de las estructuras internas de la sociedad, y una alienación en cuanto la civilización de las personas ha sido sustituida por la civilización de los objetos. dicos. Coyunturalmente, la libertad se puso por encima de la razón. Me pareció que lo que naufragaba era el concepto de jerarquía. Entonces escribí en ABC un artículo en defensa de ese concepto, aduciendo además algunos testimonios de importancia. La jerarquía es uno de los conceptos favoritos de Shakespeare e igualmente de Milton. Venía a decir que, según aquellos autores, la bondad, la felicidad, la dignidad de cada criatura estriba en obedecer a su superior natural y mandar sobre su inferior natural. Esa es- -cabe la corrección del lenguaje, el verterlo a la modernidad- -la concepción humana que de la jerarquía nos da Milton en El Paraíso perdido Para Milton y para Shakespeare la jerarquía social, que es una de las que hablamos aquí, otra es la jerarquía política, desafiada últimamente en España con deliberación y contumacia, tiene la misma fuente que la cósmica. Añadía que, a mi ver, la gran definición del concepto de jerarquía en su doble referencia a la vida social y a la vida cósmica está en el discurso de Ulises en el Troilus and Cressida de Shakespeare. Lo saco a relucir ahora porque la importancia de ese discurso reside precisamente en la definición de la alternativa a la jerarquía. De esa definición depende todo. Si no hay graduaciones jerárquicas, las cosas entran en pugna, la fuerza se convierte en el señor, todo se autoincluye en el poder. ello porque la verdadera alternativa a la jerarquía no es la igualdad, sino la tiranía. Quien no quiera autoridad o no sepa ejercerla se encontrará al fin obedeciendo a la fuerza bruta. Es difícil, en tiempos de regocijo democrático, escuchar argumentos que echan sombra sobre la democracia, que por lo demás es un método y no una sustancia. Robert D. Kaplan, en El retorno de la Antigüedad contrapone dos ejemplos significativos. El de Isaac Rabin, ministro de Defensa de Israel, que durante la Intifada palestina de 1988 envió a los soldados a que les rompiesen los huesos a los manifestantes. Los electores de línea dura se pasaron al laborismo y cuando Rabin fue elegido primer ministro utilizó sus nuevos poderes para firmar la paz con los palestinos y los jordanos. Hoy, después que fuese asesinado en 1995 por un extremista de la derecha, es un héroe del humanismo y el liberalismo. Kaplan pone en contraposición a Rabin la dócil y borrosa figura del sha de Irán, el cual transigió con la anarquía y fue consumido por un despotismo infinitamente superior al suyo. E E A crítica de la izquierda de hoy al protocolo, ese pequeño eclipse de las formas que no ha sido observado, pertenece, como digo, a una tendencia social fuerte, y se refiere también al vestuario, al vocabulario, a las actitudes y gestos, al enfoque cultural cuyo fin es la inteligibilidad inmediata mediante la homogeneización. El sincretismo como estilo universal. Lleva en sí, no obstante, la pretensión de una especie de inteligencia corporativa, original y desformalizada, opuesta diametralmente al supuesto aristocratismo vulgar de la derecha que cabe en el concepto de kitsch Creo que es no entender la significación de las formas, de cómo las formas van cargadas de sentido y se transforman en ideas incesantemente activas. Y los impulsos en actuaciones complejas, lo cual decide sobre la mayor o menor fortuna política. Ya en 1982, antes de que el socialismo accediese al poder, pero después también, pudo observarse una desformalización de los usos y relaciones sociales, uno de cuyos primeros síntomas fue el escribir groseramente en los perió- L N otras palabras, la idea moderna y alborozadamente democrática de que podemos elegir entre jerarquía e igualdad es, para el Ulises de Shakespeare, mera fantasía. Y N cuanto a Milton, su odio hacia la tiranía está expresado soberanamente en El Paraíso perdido El tirano es el diablo, que es lo opuesto al orden, a la proporción, al equilibrio, a la medida, al control. Pero tiene prestigio. Y ese prestigio le viene, no sólo de que es el espía del universo y también del combate que libra contra los santos, sino sobre todo e incomprensiblemente de su rebelión. El diablo se revuelve y se rebela contra el origen de sus propios poderes. Ese y no otro es el motivo por el cual se abrió un agujero en la metafísica y cayó al infierno convertido en su propia contradicción, en un absurdo de la inteligencia. Su gigantesco esfuerzo por no ver una cosa le incapacitaba para ver todas las demás. En cualquier relación, lo mismo entre las personas que entre los astros, la distancia, que da presencia material a la jerarquía, es necesaria para que las cosas funcionen. Pero cada vez funcionan menos. La gran nave central de las catedrales fue hecha para avanzar solemnemente por ella y postrarse ante lo sagrado. El canto llano y el gótico eran el tratamiento del acto esencial. Eso se ha perdido. El vacío de la graduación jerárquica nos hunde en un desorden de estrella errante, aún peor, porque una estrella errante, como el alma feliz, en su mismo errar es invariable. Excéntrica por encima de cualquier predicción, pero regular en su misma excentricidad. CÁNDIDO